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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 02/oct/2018 de La Auténtica Defensa.

La identidad como campo de batalla




En una charla con La Auténtica Defensa, Carla Morales Ríos (38) nos acerca al Transfeminismo, a su lucha y a la búsqueda de reconocimiento en una "sociedad violenta". "Soy una piba que no me hace falta salir a la calle para pedir derechos porque si no los tengo los pido, aunque sean para mí", asegura quien vive en nuestra ciudad desde hace dos años.

La situación actual de la comunidad LGBT (es la sigla compuesta por las iniciales de las palabras Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales) en Argentina es ambigua. Aunque el país fue pionero al sancionar la Ley de Identidad de Género y el Matrimonio Igualitario, todavía una amplia mayoría de gays, lesbianas y personas trans siguen marginadas. En el último caso, con cupos laborales que no se cumplen y un gran estigma social que obstaculiza el ascenso social.

Carla Morales Ríos nació en tiempos de la última Dictadura en la provincia de Salta hace 38 años, en una familia de cinco hermanos: tiene "dos hermanas trans, una hermana cis y un hermano cis (NdR: término que se utiliza para describir personas cuya identidad de género y género biológico coinciden)" . Su vida dio un giro de 180 grados una vez que se radicó en Buenos Aires en 2004. "Sabía que existía la gran ciudad de las oportunidades y lo que te identifica puede ser el pelo, las uñas, la boca, lo que te pones... No es que un día te despertas y decís "quiero ser", es una construcción de etapas desde las oportunidades", comenta sobre el cambio que experimentó en Capital Federal."Vine a Buenos Aires siendo una marica donde en ciertos lugares me podía feminizar y en otros lugares no. Siempre fui muy femenina, pero el documento decía otra cosa. Mi aspecto lo tuve que cambiar de afuera para poder conseguir un trabajo. Había un deseo propio y uno impuesto", agrega.

En toda la charla, la joven, que hace dos años se asentó en nuestra ciudad "por amor", enfatiza que no se olvida de dónde viene. "Fue importante la construcción desde la niñez, sabíamos que no estábamos solas, que había algo diferente afuera. Tuvimos el privilegio de darnos cuenta lo que tenemos y del apoyo de nuestros padres, quienes sabían que había algo fuera de lo común", remarca.

De esa etapa de niñez y adolescencia Carla asegura que el teatro la ayudó mucho. Además hizo danzas y escribe. El lado artístico es su fuerte. "Es la herramienta mía para poder hablar desde mi propia historia y mi cuerpo", explica.Hoy se define como una luchadora, una laburadora y una generadora de conciencia. "Soy una persona feliz de haber nacido en esta época donde se obtienen derechos y donde se denuncia todo lo que está mal", señala.

No fue fácil su andar, por las dificultades que se le presentaron, especialmente respecto a lo laboral: "Es muy violenta la sociedad y no todos los lugares son open mind como dicen ser", aclara quien pudo modificar su documento en 2012.

En busca de la aceptación, Carla tuvo un primer intento de Tratamiento Hormonal en el 2005 en el Hospital Fernández, aunque quedó trunco. "Estuve durante un año y medio luchando, pero me pareció muy hostil, era todo un experimento". En diciembre del año pasado se decidió y volvió a retomar esa idea que aún continúa en tratamiento.

En 2009 conoció el término Feminismo y así, leyendo y estudiando, descubrió otro mundo. "Somos un movimiento fuerte a nivel mundial y afuera somos miradas como #NiUnaMenos, como el frente de mujeres que tomó las calles. Me pone contenta que sea la nueva generación la que tome al Feminismo como parte de su vida. Que una mujer diga que el feminismo no la representa es que no ha entendido los detalles. Gracias a él se puede votar, se puede heredar y hacer muchas cosas".

Para Carla, el transfeminismo es un paso más allá del feminismo. Y en ese camino está. Actualmente es artista y activista por los Derechos de las personas Trans y LGBIQ (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Intersex y Queers). Trabaja en la Cooperativa de Comunicación La Vaca, responsable de la publicación mensual de la Revista MU y del Espacio Cultural "MU Trinchera Boutique" donde se realizan proyecciones, charlas/debates, lecturas, varietès, muestras. Y es la Coordinadora General del Observatorio de Violencia Institucional y Social hacia personas Trans.

En nuestra ciudad, Carla participa desde el año pasado de las marchas del movimiento Ni Una Menos. La primera vez lo hizo con la agrupación La Sorora. "Soy una piba que no me hace falta salir a la calle para pedir derechos, porque si no los tengo los pido, aunque sea para mí".

A Campana comenzó a acercarse en junio 2012, cuando conoció a Oliverio (vecino de nuestra ciudad) por chat y luego de "un año y pico" de novios tomaron la decisión de casarse. "Fue todo un desafío, desde las redes sociales siempre fui clara y ponía que era Trans. La primera cita fue ir al cine del Abasto y nunca más nos separamos,", recuerda, al tiempo que advierte: "Tenemos una relación no monogamica".

En la pareja, la joven resalta como clave la comunicación: "Como comunidad trans cuestionamos la heterosexualidad como sistema, hay que romper con estructuras establecidas ya que a veces los vínculos afectivos son enfermizos".

En cuanto a Campana, Carla señala: "Es una ciudad linda y podría llegar a ser hermosa si la gente cambia, si la gente cuida, si la gente piensa en un futuro realmente. Hay que empezar a entender qué son los privilegios, sino nunca se va a poder razonar: más que abrir la cabeza, es abrir el corazón sobre todo". Y, dirigiéndose a los vecinos, agrega: "Quiero que sean sensibles, que dejemos ser esa humanidad explotadora, devastadora, que agota los recursos sin saber que eso no dura para siempre. Que si pensamos en el otro o la otra no es solamente una hormona, inyección o subsidio. Debe ser muy profundo el cambio".


"Es muy violenta la sociedad y no todos los lugares son open mind como dicen ser", lamenta Carla.


IGLESIA Y ESTADO

Durante la charla, Carla tiene colocado su pañuelo naranja que pide por "Iglesia y Estado: asuntos separados". Una situación que la moviliza: "La Iglesia siempre se metió. En el 2005 pude analizar los abusos que sufrí por la Iglesia, porque fui abusada por el cura de mi pueblo". Después de cinco años de ocurrido le contó a su familia y fue un puntapié para que el año pasado hiciera la denuncia en la Justicia Episcopal en Salta. "Si lo hizo conmigo, lo hizo con otros niños, no tiene que estar más y se tiene que visibilizar", apunta contra el denunciado.

Además, Carla enfatiza que hay que cuestionar al Estado en muchos aspectos. Y marca que la Municipalidad de Campana aún no toma cartas en el asunto. "La Municipalidad aquí adhiere a la ley de cupo trans, pero aún no han hecho nada. Que pinten una vereda no me representa. No tienen idea sobre el tema y a veces me molesta que hagan las cosas mal".



 
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