Me había mudado por cuestiones laborales a la zona de Tigre. Trabajando allí de playero en una estación de recarga de combustibles me hice muy amigo de uno de mis compañeros que vivía desde su nacimiento en esa ciudad cosmopolita del conurbano. Pronto por tener los mismos gustos personales tales como el futbol, el rock y las salidas bolicheras me fui uniendo también a su "barra" de amigos de toda la vida. Recuerdo que hasta nombre tenían: "The Gadders" se hacían llamar, que era algo así como "Los Callejeros" (o merodeadores). Cada tanto al recorrer más las calles de mi nuevo barrio me encontraba con algún grafiti en alguna pared perdida por ahí en donde leía: "THE GADDERS". Lo del nombre era más un juego que otra cosa. Eran todos buenos muchachos, trabajadores y la verdad que me recibieron muy bien y rápidamente me trataron como a uno más de la barra. También pronto comencé a salir de gira con ellos, a bailar o a comer. Algunos de los muchachos eran más grandes y tenían buenos trabajos, buenos sueldos y por ende autos propios y buenas pilchas. Siendo yo de San Miguel donde están los mejores boliches de Buenos Aires, noté rápidamente que siempre iban a bailar a capital o Ramos Mejía y los induje a conocer "las noches sanmiguelenses". ¡Quedaron fascinados! Es que realmente la movida nocturna de mi ciudad era para deslumbrar a cualquiera. Aunque había boliches por toda la ciudad también había una avenida en donde convergían una amalgama de bares, pubs y discotecas que anonadaban a propios y extraños. Yo les contaba que en algunos boliches habían tocado grandes bandas del rock nacional tales como Soda Stereo, Los Redondos, y Sumo entre otras; todos al principio de sus carreras, cuando todavía eran "undergrounds".
¡Fascinados es poco! Todos los sábados iban para "Saint Michel" como me gustaba decir a mí. ¡Viernes, sábados, domingos! Iban a "Nanday", "Charleston" o "Viejo Lobo". Todos reductos rockeros.
Fue así que un sábado fui a la casa de uno de esos nuevos amigos para ver que pintaba para la noche y me encontré con que todos tenían salidas programadas por separado y que la barra no se juntaba para bolichear. El único que estaba disponible me dijo que no tenia muchas ganas de salir pero que tenia la invitación de un "muy amigo suyo" para ir a verlo tocar en un bolichito justamente en mi ciudad. Recuerdo que me dijo textualmente:
_ Ahora que viniste y aprovechando que conoces allá podríamos ir. ¿Qué decís? Mi amigo toca la guitarra y como su grupo se separó hace poco él está tocando un poco por acá y otro poco por allá para no perder el ritmo y mientras ve que hace con su carrera.
Fuimos en su auto. Avenida Avellaneda, luego ruta 202, cruce con ruta 8, avenida Mitre y finalmente Miguel Gallardo. El pub estaba algo retirado del centro pero no dejaba de ser una linda zona. "STEFANNY" se llamaba. La verdad es que yo no lo conocía pero el lugar era muy tranquilo y no estaba para nada lleno. En el camino le había preguntado más respecto de su amigo de toda la vida y displicentemente me dijo: "Toca la viola". No dijo mucho más que eso.
Al poco de llegar nos sentamos en una de las mesas del bar y luego de pedir unas cervezas se prendieron las luces del mini escenario; un reflector apuntó directo a la guitarra eléctrica que estaba apoyada en un pie para tal efecto. Era una Fender Stratocaster del carajo. Había una silla alta, un amplificador, un micrófono y no mucho más.
¡Tal fue mi sorpresa al ver aparecer desde la oscuridad al grandísimo guitarrista Walter Giardino! ¡Tal fue mi asombro e incredulidad que no podía emitir sonidos! Prontamente golpeando el hombro de mi amigo le dije, anonadado, lo afortunados que éramos. Venir a ver a su amigo de toda la vida y dar también con un mini recital del magnífico violero "ex Temple" y "ex Rata Blanca".
"¡No podemos tener tanta suerte!", le decía, mientras mi amigo me miraba esbozando una sonrisa.
"¡Por dios chabón reaccioná! ¡Mira quién va a tocar mientras esperamos a tu amigo! ¡No lo puedo creer! ¡Giardino!".
Mi compañero de mesa ni se inmutaba, parecía una estatua, sólo atinó a sorber la cerveza lentamente. ¡Yo no lo podía creer! ¡No entraba en mí! ¡Giardino! ¡El mismo Giardino en persona y para nosotros! ¡Tremendo guitarrista de todos los tiempos! ¡Sino el mejor de la última década! ¡Sin dudas uno de los mejores de nuestro rock junto con Pappo y Skay Beilinson!
Empezó a tocar. La guitarra comenzó a sangrar melodías. ¡Por dios que no podía creer lo afortunados que éramos! Sabía que a mi amigo le gustaba este tipo de música así que lo interrogué nuevamente: "Diego por Dios… es una suerte que al venir a ver tocar a tu amigo pudiéramos dar con este tremendo artista… decí algo ¡Por el amor de Dios!"
Su respuesta fue lacónica:
"Gonzalo… Giardino es mi amigo, el que vinimos a ver".
La mandíbula me llegó al piso y me quedé sin habla. Miraba a mi amigo y a Giardino y a mi amigo otra vez… la música ya llenaba la sala. ¡Yo estaba estupefacto! ¡Feliz también! ¡Vaya suerte la mía!
El mini show fue deslumbrante y el amigo de mi amigo se lució. ¡No podría haber hecho menos! Al poco de terminar apareció otra vez desde el fondo del local y se dirigió directo a nosotros. Saludó a mi compañero de juerga con un fuerte abrazo y sendos besos y estiró la mano la mano derecha para saludarme a mí…
"Walter", me dijo al tiempo que también me abrazaba y me daba un beso.
Cuento de Gonzalo Augusto Firpo - Email: gonxa02@gmail.com



