La inflación de septiembre fue la más alta desde 1991, el gobierno se preocupa por cuidar la ganancia empresaria ante la devaluación y eliminación de subsidios. La CGT afianza medidas de lucha.
La misma semana en que el INDEC publica una inflación récord en casi tres décadas en el mes de septiembre tuvo lugar el 54º Coloquio de IDEA desarrollado en el hotel Sheraton de la ciudad de Mar del Plata, el cual reúne gerentes y algunos dueños de las empresas más importantes del país y representantes de la clase política argentina. Es decir los responsables de la inflación, del otro lado estamos la clase trabajadora y los pobres.
Entremeses moscovi-tas, Ostras tornasoladas, Lemardelais á la Princesse, Amontillado Añejo, Sopa de tortuga, Mumm Extra Seco, Moet y Chandon Brut, Naranjas y ensalada de Pomelo; recuerda el historiador Frederick L. Allen eran alguno de los platos que integraban el banquete servido por un importante empresario norteamericano a comienzos del siglo pasado. Lomo laqueado sobre Humus al Oliva Extra Virgen y Papas Oca salteadas en Mantecura de Tomates Secos, Bavaroise Fresco de Chocolate blanco y coco sobre Húmedo de Maracuyá, Trapiche Reserva Chardonnay y Espumante Extra Brut conformaban la cena del pasado miércoles en IDEA. La suba del precio de los alimentos no parece afectar a la dieta de las clases privilegiadas de nuestro país.
La suba del índice general de precios minoristas fue de 40,5% en el último año, según el dato conocido esta semana. Fue motorizada por el aumento del precio los alimentos (donde se concentra el efecto de la devaluación cambiaria) y de los servicios "regulados" por el gobierno; es decir mayores tarifas en servicios públicos, transporte, combustibles y medicina prepaga, especialmente, que permiten proteger la rentabilidad empresaria en detrimento del salario de los ciudadanos: 52,5% aumentaron los "precios regulados" en un año, ni remotamente cerca de la paritaria más exitosa firmada al momento (UATRE: 30,8% anual).
Siguiendo con las palabras de F.L. Allen: "En toda comunidad, por no decir, en toda generación, existe siempre cierto espíritu de emulación social (…) Motivo de íntima complacencia era saberse formando parte de la nobleza norteamericana. Un tanto por debajo del nivel himaláyico de tan excelsas alturas, había centenares de miles de ciudadanos que habrían podido ser catalogados como gente próspera y de un buen pasar, desde las familias de los menos deslumbrantes industriales, comerciantes, profesionales hasta los empresarios de menor jerarquía, abogados, médicos, rentados catedristas, etc. "
Y luego se pregunta "¿qué tenía en común una familia de principios de siglo que disfrutara de una renta anual de 4.000.000 de pesos con otra que sólo disponía de 420.000 pesos como ingresos en un año? [modificamos las cifras para hacerlas representativas con las argentinas de la actualidad] ¿O qué vinculación existía entre un avispado especulador de títulos financieros que se veía de pronto en la cima de la fortuna, sin dejar por eso de utilizar el palillo de dientos, con las familias patricias que trataban por todos los medios de mantener un nivel de vida totalmente desconocido por aquél?". "Y sin embargo, a despecho de su complejidad y diversidad los integrantes de la referida clase social -que podríamos llamar a grandes rasgos clase media superior- tenían un denominador común: si bien muchos de ellos pasaban periódicamente por apremiantes estrecheces económicas, su situación general no da la impresión de hacer sido incómoda".
La inflación refleja el conflicto distributivo de una sociedad. En Argentina, como en muchos otros países, las clases medias han crecido a la largo del tiempo en tanto no ha mejorado la situación relativa de las clases menos pudientes: "los que viven en la miseria, entre el barro y la mugre, con incomodidades, hacinamiento, abatimiento, enfermedades, hambre y desnutrición". La inflación golpea a los sectores más vulnerables de la población: a los pobres, a los asalariados y quienes reciben una renta fija como jubilados y pensionados.
Si uno analiza la distribución "personal" del ingreso en Argentina, y en muchos países del mundo, observará una mejora tendencial referida al fenómeno de crecimiento de las capas medias. Es conveniente analizar la distribución "funcional" del ingreso que apunta a la distribución del valor agregado bruto generado en el país durante un año entre los dueños de las empresas (la clase patricia que asiste al Coloquio de IDEA) y los trabajadores. Ese indicador también fue publicado por INDEC la semana pasada, y mostró una importante pérdida de la clase trabajadora en el ingreso total nacional, equivalente a -3p.p. del PIB en el segundo trimestre del año. El 2018 es un pésimo año para lxs trabajadorxs. Un seguimiento de los salarios privados registrados (que no representan al total de la clase obrera) nos lleva a la misma conclusión: desde 2017 se advierte una desaceleración en su crecimiento y a partir de 2018 crecen por debajo de la inflación.
Bajo este escenario debe entenderse la creciente presión social que ejercerán seguramente los sindicatos con miras a las elecciones presidenciales del año próximo: se perdió demasiado. Luego del acto celebrado en Tucumán en conmemoración del Día de la Lealtad peronista, los representantes de la CGT anunciaron un paro por 36 horas y movilización para el mes de noviembre. Dos días después en el Coloquio de IDEA el ministro de producción Dante Sica censuró la huelga y defendió la reforma laboral: "Esperamos poder tener la madurez suficiente para poder discutirla el año próximo o en los próximos dos años". También contra los intereses de los trabajadores y haciendo uso del latiguillo habitual de la lucha contra la corrupción, el presidente Macri apuntó al cierre del coloquio: "No podemos tener un sistema mafioso en el transporte de carga".



