Una mujer recibió la visita del pastor con su esposa. Queriendo impresionarlos, la mujer pidió a su hija pequeña:
"Querida, ve a buscar aquel libro que mamá tanto ama". La niña luego regresó, trayendo un catálogo de una cadena de locales de venta de ropa de vestir femenina.
¿Qué han visto nuestros hijos y asimilado de nuestras actitudes? ¿Hemos sido un buen ejemplo o nada añadimos a sus vidas espirituales? ¿Lo que hacemos les edifica o apenas impide qué crezcan en la gracia de Dios?
Nuestros hijos aprenden con nosotros las primeras palabras; aprenden a caminar con nuestra orientación; aman y sirven al prójimo porque nos observan haciendo el mismo. Educados en el buen camino, difícilmente se desvían de él.
Nuestros niños nos imitan en todo. Quieren andar de la misma manera que nosotros, quieren reproducir nuestros gestos, nuestra manera de comer, nuestra sonrisa y todo más. Hasta sus voces acaban pareciendo como las nuestras. Ellos también se alegran, cuando sienten que también nosotros nos alegramos y se excusarán a ir a ciertos lugares cuando notan que no existe interés en nuestros corazones de ir.
¿Nuestros amigos se ponen impresionados por la manera de vivir nuestros hijos o se lamentan porque están distantes?
Claudio Valerio. Foto: Archivo.



