¡Vengan! Ustedes que son nuevos en la fábrica van a escuchar hablar de: ¡El loco del padrino! Antes que se empiecen a preguntar ¿Quién es? se los cuento yo. ¡Ojo que no habla con nadie! ¡Ni con el supervisor! No tiene compañeros de trabajo y mucho menos amigos, y aunque es un gran trabajador también es un tipo de pocas pulgas y un carácter irascible.
Cuando entró a trabajar hace tres décadas tenía 32 años. No era un loco entonces, pero su historia aquí adentro sí es una locura. Así como los van a derivar a cada uno de ustedes a un sector particular, él llegó a ese mismo puesto y nunca más se movió de allí: "El grasero". Puesto orgánico desagradable, sucio, contaminante, aburrido y monótono como ninguno en toda la factoría. Los treinta años estuvo en el mismo lugar y haciendo exactamente la misma tarea: engrasando las roscas de cada maldito tubo que pasó por allí en esas décadas.
¡Habrá engrasado millones y millones con seguridad! Al principio realizaba su trabajo lentamente con pobres cepillos de cerdas de cáñamo, pero desde hace varios años lo hace con una máquina engrasadora que él mismo diseñó. Nunca lo movieron a otro puesto, ni lo enviaron a otro sector y por supuesto, jamás fue ascendido de categoría. Día tras día y año tras año estuvo allí engrasando rosca por rosca meticulosamente. Nunca faltó por enfermedad, por huelgas, por el nacimiento de sus hijas o fallecimiento de sus seres queridos. Es el único empleado de toda la fábrica que tiene ausentismo "cero". ¡Se cree que es el único en el mundo entero! ¡Es un maldito ermitaño con todas las letras! ¡Aaaahh! …Pero momento señores, mientras seguimos disimulando que no hablamos de él y lo observamos desde lejos, les quiero contar que lo de "El loco del padrino", no está relacionado con cuántas roscas engrasó, o por qué no faltó nunca a trabajar. No, no… lo bueno comienza ahora, presten atención a esta "verdadera historia". ¡Yo fuí testigo de lo que les voy a contar!
Llevaba dos años de trabajo en ese exacto lugar cuando alguien le advirtió que tenga cuidado porque el dueño de la fábrica (y todas las fábricas del mismo nombre en el mundo), estaba de visita en la planta y pasaría por allí. "El loco del padrino", que repito, por entonces no lo era aún; se mató de risas sin siquiera preocuparse por los cuidados que debía tener. Dijo que en esos dos años muchas veces le habían dicho que el dueño de la empresa pasaría por allí con toda su comitiva y nunca terminaba sucediendo, por lo que ya no tomaba ningún recaudo y agregaba irónicamente: "¡Qué va a pasar por acá ese italiano delicado con sus trajes valuados en dólares! ¡Con la mugre que hay acá! ¡Me hacen reír ustedes! ¡Con la grasa industrial que chorrea por todas partes! ¡Este es el último lugar por donde va a pasar ese "tanito burgués!"
Pero la cosa se puso realmente buena cuando redobló la apuesta ante las risas de sus por entonces compañeros: "Les digo más, estoy tan seguro que no va a venir a esta mugre de lugar que si llega a pasar le pido que sea el padrino de mi tercera hija que nació justamente hoy a la madrugada.
Pasaron 120 minutos de aquella exclamación, cuando el señor Rocca en persona, de pulcro traje gris; se acercaba al sucísimo grasero por "motus propio" (sin saber nada de la apuesta) y le estrechaba la mano, para sorpresa de propios y extraños. "El loco del padrino", luego de explicar con voz temblorosa el funcionamiento del puesto y ante la atenta mirada de sus compañeros; le hizo el pedido que vehementemente prometió que iba a realizar, porque si de algo se ufanaba era de tener palabra: "Señor presidente… con el gusto que me da conocerlo y el… el respeto que me merece, quisiera hacerle un petitorio personal. Hoy por la madrugada, exactamente a las 04:05, nació mi tercera hija. Almendra se llama. Gracias a Dios está muy bien de salud, tanto ella como su madre. Lo que quería decirle, si me permite; es que… bueno, ella todavía no tiene padrino de bautismo y se me ocurrió que podría ser usted, ya que nació hoy y justo usted anda por acá. Sería un honor para nosotros".
Lo que aconteció a partir de allí fue inesperado, ni los propios presentes lo podíamos creer. El dueño y presidente de la empresa siderúrgica más grande del mundo, aceptó de buen grado el ofrecimiento y se puso a disposición "como padrino" para lo que fuera necesario. Un par de semanas después, la pequeña Almendra era bautizada en la Catedral céntrica de la ciudad junto al "CEO" del acero, para el asombro de todos los empleados de la empresa.
Pero la historia no termina allí: Desde aquel fortuito día y por mucho tiempo más, solo se habló de "el loco que pidió de padrino al viejo Rocca" o "el loco que apostó que si pasaba el dueño de la empresa le pediría que sea el padrino de su hija".
¿Loco? ¡Ahora viene lo más loco! El multimillonario padrino le regaló a su ahijada una casa para que toda la familia viviera más cómoda y, además, le ofreció un mejor puesto de trabajo a su empleado (ahora compadre); pero "el loco" lo rechazó todo. Rehusó muchas cosas más, aduciendo que no quería sacar provecho de esa nueva relación con su empleador. Lo que le regalaba a su ahijada era tomado de buen grado, pero solo eso. La niña, y sus hermanas (vale aclarar) estudiaron en los mejores colegios de la Argentina y por supuesto de Europa.
Aunque la pequeña, que hoy ya ronda los 30 años de edad, es Ingeniera Mecánica; habla cuatro idiomas y es actualmente la mano derecha del dueño de todo, se la puede ver varias veces al año allí en el grasero, tomando mates con su querido padre: "El loco del padrino".
Gonzalo A. Firpo / Email: gonxa02@gmail.com



