Mientras tomaba mi cortado mañanero, acompañado de una medialuna todavía calentita y pegajosa por el almibar, estaba un poco descolocado por el faltazo del Perro a nuestra habitual tertulia; donde no solo solucionamos el mundo y filosofamos sobre los grandes temas de la vida, es también un encuentro del cuál yo siento ambos salimos fortalecidos y no por las temáticas abordadas, sino más bien por poder encontrar en el disenso un espacio para el diálogo.
Pienso en la palabra "Diálogo" que etimológicamente significa "a través de la razón" y me doy cuenta que es justamente la racionalidad lo que a diario buscamos en nuestras charlas, algo tan natural y a la vez tan profundo.
Y no puedo evitar pensar en los desencuentros, la famosa "grieta", que está no solo en la política argentina; sino que se ha trasladado a todos los ámbitos de la sociedad, de una manera tan poco constructiva al punto de "romper el diálogo" y establecer "monólogos".
"La pucha -pienso- me falta el Perro, que lindo tema este para conversar", porque me surge la idea que el monólogo es la base de los totalitarismos. Un discurso único, sin debates ni posibilidades de disensos; no es otra cosa que un paso hacia algo tan peligroso que después de la segunda guerra mundial se transformó en Fascismo.
Totalitarismo es una palabra horrible. En el totalitarismo no hay posibilidad de escuchar lo que el otro piensa, justamente "el otro" nunca es tenido en cuenta.
Tomo un sorbo de mi café y pienso: "Qué lindas son las charlas con mi amigo el Perro..."
Vicente Blasco / tiovicenteb@gmail.com



