Llueve desde hace un rato y el cielo parece haberse puesto a tono con la moda de la "nueva Rocca", donde predomina el gris en vereda, calle y canteros. Si hay algo que no me gustan son los días de tormenta, me ponen triste y melancólico. No sé, es una sensación que me acompaña desde la infancia a la cuál no le encuentro lógica, pero me pasa.
Desde la silla, miro al vidrio gotear y distorsionar las imagenes, mientras tomo unos sorbos calientes de mi cortado; impávido y ausente, a tal punto de no escuchar la llegada del Perro que arrimó una silla y se sentó al lado mío silbando, cortando para el -"buen día"- y volviendo a arrancar con la musica-lización.
"Me sorprendiste, estaba distraído" le dije, mientras le alcanzaba el Clarín con la mano cambiada; ya que con la derecha sostenía el pocillo por la asa. "Además me seguís sorprendiendo. No te tenía con dotes musicales y menos tangueras. ¿Volver, de Carlos Gardel, no?".
"¡Tangazo, Vicente! Pasarán los años, y cada día cantará mejor. Parece una frase hecha, pero yo lo siento asi" añadió el Perro, mientras siguió silbando un rato más.
"Al final no hablamos nada. ¿Viste el partido el domingo? ¡Qué garrón para los bosteros! ¿No?" le pregunté mientras recorría el diario Olé, que todavía le saca el jugo al partido de la Copa América europeizada. No dejo de pensar que la final "única" entre equipos argentinos terminó ejecutándose en el viejo continente. Inevitablemente me remonta a Luis y Eduardo Costa, cuándo los réditos obtenidos en estas tierras terminaban gozándolos en "la France", donde vivían la mayor parte del año. Pero eso será parte de otra charla…
"Si, la ví. Domingo, casi de sobre mesa y con la familia alrededor… no quedó otra que ver a nuestros productos de exportación en plena exposición. Y la verdad es que observé el partido como si fuera un empresario del fútbol europeo, pensando a quién compraría para mi equipo o para invertir… En el primer tiempo dije: -Benedetto es un distinto. Ante tantas imprecisiones, la forma en que definió me sorprendió y era mi candidato. Pero después, durante el segundo tiempo, me dí cuenta que mi contrato virtual se inclinaba para Gonzalo "Pity" Martínez, el de River que jugaba por izquierda… Me pareció lo mejorcito de la cancha" dijo el pseudo empresario futbolístico, que entró cantando tangos y me estaba hablando de fútbol como si supiera…
"¡Bueno, que buen ojo! El "Pity" ya arregó un contrato en Estados Unidos (no en Europa). Dijo que el último partido con la banda roja será el del Mundial de Clubes, la semana que viene… No sabés nada de fútbol pero tenés criterio, hay que reconocerlo" dije, adulándolo en una faceta demasiado popular para su estilo. No me lo imagino al Perro saltando en la popular alentando a ningún equipo. "Viste como es esto, Perro: Nadie es profeta en su tierra. Estos pibes recién salen del cascarón y ya se van a hacer guita a diferentes partes del mundo. Son pocos los que se quedan. La guita tira mucho más que las raíces. Aunque pensándolo un poco, después terminan regresando. Mirá Batistuta, o tantos otros que cuando todo indicaba que ya tenían todo resuelto afuera; después de cinco, diez o quince años regresan. Y no hablo solo de futbolistas…" generalicé.
"…Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida. Tengo miedo de las noches que pobladas de recuerdos encadenen mi soñar. Pero el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar… Otro día te la canto entera Vicente... Volver es un himno y va a estar siempre vigente", dijo el Perro mientras pedía otra vuelta de café y una medialuna de grasa. Afuera se largaba a llover torrencialmente mientras un autoelevador de JUSA ingrasaba al minicorralón que tienen armado sobre Becerra, al lado de Koval.
Vicente Blasco / tiovicenteb@gmail.com



