Plumetí, broderie, tafeta, falla, gro, sarga, piqué, paño lenci, casimir, fil a fil, brin, organza, organdí, voile, moletón, moleskin, piel de tiburón, cretona, bombasí, tobralco, terciopelo, soutache, cloqué, guipure, lanilla, raso, gasa, algodón mercerizado, bramante, linón, entredós, seda cruda, seda artificial, surah, poplin dos y dos, dril, loneta, batista, nansú, jersey, reps, lustrina, ñandutí.
La Exposición. La San Miguel de Elías Romero. La Saida. Los turcos de la calle Cabildo. Los saldos.
Canesú, rangland, manga japonesa, canotier, talle princesa, traje trotteur, pollera plissée, pollera tableada, pollera plato, pollera tubo, un tablón, una bocamanga, un pespunte, un añadido, una pinza, una presilla, un hilván, las hombreras, ribetear, enhebrar, una pestaña, vainilla, punto yerba, un festón. La sisa, la hechura.
Recuerdo estas palabras de mi infancia, en tardes en que hacía los deberes y escuchaba hablar a mi madre y a mi tía que cosían en el cuarto contiguo. Reproduzco este desorden costurero en su memoria."
Este cuento de la argentina Sylvia Molloy, reconocida traductora, ensayista, escritora y docente, incluído en su libro "Varia imaginación" publicado por la editorial "Beatriz Viterbo" es más una dilatada enumeración de palabras o expresiones que el relato pormenorizado de una historia que va progresando gracias a las acciones de sus personajes, aunque en sus líneas finales se revele una historia mínima, pero no por eso poco relevante ni desprovista de hondos significados para su narradora.
Y es ese lenguaje tan especial con que está elaborado el cuento y puesto en el foco absoluto del mismo, el que será objeto de este breve comentario, porque es claramente un lenguaje al que le cabría la clasificación "de género".
¿Qué es un "Lenguaje de género"? Una variedad lingüística, social y cultural del lenguaje que viene siendo estudiado aproximadamente desde los años 1965 y analizando en él las diferencias léxicas, fonológicas y hasta sintácticas partiendo de la presuposición de que los hombres y las mujeres hablamos diferente, sin que en esto tengan que ver nuestras diferencias sexuales, sí en cambio nuestras diferencias culturales de género. Por supuesto que desde mediados de los años ’60 a la actualidad, lingüistas y académicos que lo tomaron como objeto de estudio no pudieron escapar a la mentalidad propia de su tiempo al respecto y sus investigaciones quedaron sujetas también a prejuicios o preconceptos epocales, quedando algunas de ellas ya obsoletas, debido a los cambios que se produjeron en la ágil dinámica de lo social.
La inglesa Jennifer Coates en su libro "Mujeres, hombres y lenguaje Un acercamiento sociolingüístico a las diferencias de género" (edición en español 2009) va haciendo un relevamiento de estos estudios, algunos de los cuales detectan el uso abusivo del adverbio en el habla de las mujeres : Por ejemplo para muchas representantes del género las cosas pueden ser "infinitamente horribles" o "excesivamente hermosas" o "asombrosamente bellas". En muchos casos se utilizan adjetivos "vaciados" de su real significación como simples "muletillas" de apoyo discursivo como "encantador", "divino", "mono", "lindo" y potenciado a veces con el uso de intensificadores como por ejemplo el "tan" : "tan encantador", "tan hermoso", "tan mono", "tan feliz" ; lo que vendría a demostrar que el gusto femenino es el de expresarse mediante la hipérbole o la exageración. También arribaron a conclusiones que establecían que las mujeres tenían un lenguaje más refinado que los varones y que evitaban las "malas palabras" y los insultos, así como también aquellas palabras que se relacionaran con el sexo y sobre todo con los órganos sexuales, por lo que recurrían a graciosos y sutiles eufemismos o bien al silencio. Coates narra el cuento medieval francés de un padre preocupado por seleccionar los mejores criados para su casa, teniendo en cuenta que los hombres son más directos o vulgares al hablar y que tanto a su señora como a su hija les afectaba muchísimo oir hablar de obscenidades. Elige a un joven que le parece "puro" y bien hablado, pero que no obstante se atraen mutuamente con su hija y siguiendo las reglas del amor cortés ella lo invita a dormir castamente en su lecho. Los jóvenes amantes no resisten la tentación, rompen las rígidas reglas y se relacionan sexualmente, pero para evitar las expresiones tabú hablan de ponis, carreras, praderas, fuentes que se derraman, etc. En fin, más allá de la gracia del cuento, ¿cuánto de la pacatería, tabúes y restistricciones han quedado en la lengua de las mujeres por mucho tiempo? ¿ hay aún hoy sectores sociales, culturales, etarios que siguen pregonando estas diferencias lingüísticas entre mujeres y hombres?
Coates dedica un capítulo especial a una especie de intercambio lingüístico que se consideró tradicionalmente más femenino que masculino : "el chismorreo". Una forma de comunicación entre personas del mismo género pero con rasgos de intimidad ; es informal, personal, entre pares sociales y culturales y hasta doméstico. Sin embargo advierte que entre los hombres también existe el chismorreo aunque trate de diferentes tópicos, de fútbol u otros deportes, de la sexualidad de otras personas, hombres o mujeres, pero con menos delicadeza, sutileza y cortesía que el chismorreo femenino. El lenguaje de género sin lugar a dudas existe porque los adultos de los diferentes géneros reproducimos lo que hemos aprendido y lo proyectamos en la socialización de nuestros hijos y otros niños y niñas. Las niñas, por ejemplo, no deben decir palabrotas. Y así vamos construyendo determinados modelos de masculinidades y femineidades.
Pero la ampliación y mayor comprensión de las diversidades sexuales que se manifiestan en el campo de lo social atrae también la atención sobre hablantes gays, lesbianas, transexuales, bisexuales, etc. que modifican no sólo el campo de lo establecido hasta el momento como "género", sino también como "lenguaje de género" y asistimos entonces a la aparición de una nueva categoría lingüística el "lenguaje inclusivo" prueba concreta de la dinámica social y de la lengua nunca ausente en las transformaciones. Y aunque proteste la Academia, la lengua es el medio de comunicación social humana por excelencia y los cambios que se producen en un plano se producen como un eco también en los otros. Las palabras "cohete", "computadora", "celular" no existían en el siglo XV y ahora ningún hablante se altera ante su uso cotidiano.
"Todos", "todas", "todes" ¿cuál de ellas será la forma que prevalecerá en el español que se hablará desde mediados a fines del SXXI? Los cambios lingüísticos no son vertiginosos, a veces los hablantes de diferentes generaciones no llegan a percibirlos, pero es el uso de los hablantes lo que fija la norma que determina la lengua, y quizás el "lenguaje inclusivo" no levante tantas polvaredas en el futuro.
Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar
La argentina Sylvia Molloy, reconocida traductora, ensayista, escritora y docente



