¡Fue una tremenda masacre! ¡Más de 60 obreros asesinados en un par de horas! Una lamentable desgracia. ¿¡Se pudo haber evitado!? ¡Imposible! ¿Previsto? Menos. ¿Cómo identificas a un loco desquiciado que durante 4 o 5 años actúa como cualquier persona normal? Un tipo que siempre fue un poco tímido, de poco hablar, respetuoso y responsable, porque de otra manera no durás 5 años en una empresa de esta magnitud. Se desempeñaba como Técnico Eléctrico de la Guardia. No era tan bueno en su labor, no se destacaba. Quizás por eso a veces lo tomaban de punto. Buen compañero, eso sí. Hasta que se volvió loco era un muchacho normal: novia, perro, auto propio. Se podía conversar y bromear. ¿Alguna señal mirando en retrospectiva? Sí y no: fue él quien trajo al taller del Laco1 la invitación para ir a jugar al "Paintball" (ese juego "real" de disparos con cápsulas de pintura. Simulador de operaciones de guerra) que está al costado de la ruta mano a Capital. Aunque ninguno de sus compañeros lo acompañó, se supo que era un asiduo competidor y le encantaba. ¡Allí sí se destacaba! Ganaba siempre y "mataba de un solo tiro". También era fanático de juegos "On line" de francotiradores. Esas señales, hoy, con el diario "sangriento" del lunes… parecen claras… … pero era inviable pensarlo antes.
En la entrada a fábrica hay molinetes pero no detector de metales. No te revisan para ingresar. Es Argentina, no Estados Unidos donde la portación de armas es legal y las masacres de este estilo son moneda corriente. Ese día entró con un rifle de alta precisión, con mira telescópica, dos 9mm semiautomáticas y muchas balas. También con un cuchillo tipo "Rambo" (de doble filo) y unas granadas. ¡Entró decidido a todo! ¡Un día de furia irascible! Avisó que iba hasta el baño y escondió el armamento. Salió a un llamado que él mismo inventó y le pidió al supervisor que lo acompañara aduciendo que no sabía muy bien de que se trataba. El superior salió de buena gana y fue lo último que hizo en esa sexagenaria fábrica. ¡Se la tenía jurada! Plantó un cable pelado debajo de una estiba de tubos al fondo de la fábrica y cuando el jefe se agachó para observar la anomalía, lo cortó con el cuchillo. ¡Lo descogotó! El tipo nunca se enteró, se fue en sangre ante el placer exacerbado del demente. Escondió el cuerpo rápidamente y reptó acostado hasta otra estiba que lo cubría de cuerpo entero. Allí puso en práctica su talento de gran tirador. Puso todo de sí. Se esmeró. Con sólo dos disparos eliminó a la gruista de la 31 y al relevo de la 32 (este último a una distancia de casi 90 metros). Los pequeños orificios de las balas en las cabinas vidriadas no lo podían delatar. Las grúas estaban lo bastante altas como para que nadie notara la sangre de los conductores chorreando dentro del cubículo. Con dos disparos más suprimió las respectivas luces vigías de las grúas puente. Todo estaba perfectamente diagramado. Con tanto ruido de tubos golpeando por todos lados, las detonaciones de su M40 de 7,62mm no llamaban la atención de nadie. Salió de su escondite de metal y se dirigió ágil, presto y veloz, hacia las cabinas individuales de las Sierras Sollers; con el rifle colgado a la espalda y sendas "Bersas Thunder 9mm", en cada mano. Allí ejecutó uno a uno a los operarios, quienes nunca alcanzaban a comprender nada y morían en el acto. Cuando había más de uno por cabina se hacía un manjar. ¡Los aniquilaba a todos! Uno, dos, cuatro, diez… una veintena solo entre sierras, supervisor y grúas. Nunca le temblaba el pulso, lo hacía con maestría. Otra vez con el rifle, ya sin tomarse el tiempo de observar la mira telescópica, fusiló desde lejos a otros operarios que realizaban su tarea fuera de las cabinas, como a los lingadores de las distintas bancadas. Luego llegó a la calle interna "Carlos Ferreti", donde ya se trabajaba en línea. Se ató una vincha roja en la cabeza, a la altura de la frente, y se pintó la cara con dos líneas de grasa roja a cada lado. Caminando por la "milla verde" y sin reparo alguno, disparaba a diestra y siniestra. Con puntería de profesional y sin inmutarse por nada iba dejando el tendal. Solo los operarios de las máquinas más alejadas en esa línea pudieron ver con claridad al loco fuertemente armado que estaba matando a cada uno de sus pares. Algunos salían corriendo y morían asaltados a traición, otros se ponían a reparo temblando de miedo sin poder creer lo que estaba sucediendo. Unos pocos valientes intentaron frenar al asesino serial pero también fueron ultimados. Aquellos que lograron salir a la intemperie cual velocistas de los Juegos Olímpicos, fueron los que pudieron pedir auxilio llamando a seguridad y a la policía.
El loco asesino la emprendió con otra grúa, la 62, pero el maquinista de apellido Colombo logró escabullirse a tiempo. Llevaba la cuenta exacta: tenía 62 "enemigos" caídos en su haber y ni una herida. Cuando iba a ejecutar al número 63 una lingada de tubos de más de 100 toneladas lo aplastó sin aviso. En su locura, no notó que "el gruista vengador", volvió a la cabina y soltó muerta la traversa con tubos y todo sobre su cabeza. ¡Lo destrozó! Las granadas aplastadas por el peso de la carga hicieron el resto. Nada quedó del "eléctrico" de la guardia que había enloquecido. Tampoco sobrevivió el que lo ajustició. La onda expansiva de las bombas de mano desintegraron la cabina de la 62 con el héroe dentro.
Cuando llegaron las ambulancias, con la policía y los bomberos, ya nada se podía remediar y no había nadie a quien apresar.
Después de los días de luto, el esclarecimiento de los hechos y la incomprensión completa de lo sucedido, se llevó a cabo un acto para homenajear a todas las víctimas de la atroz tragedia. Estuvieron allí el Presidente de la multinacional con todos sus gerentes, el personal completo y los familiares de los caídos. El evento se realizó en la rebautizada calle interna "Faustino Colombo" (ex Carlos Ferreti).
Cuento de Gonzalo Augusto Firpo / Mail: gonxa02@gmail.com



