Resulta alarmante la permanente salida de dólares, sobre todo si tenemos en cuenta que en el año que recién comienza habrá que hacer frente al pago de alrededor de 17 mil millones de la moneda yanqui por intereses de la exorbitante deuda externa mayormente contraída desde el 2016 a la fecha.
De acuerdo a los datos proporcionados por el propio gobierno a través del informe cambiario del Banco Central durante el 2018 la diferencia entre compras y ventas de la divisa norteamericana del sector privado ascendió a 27.320 millones lo que totaliza 59.328 millones durante toda la gestión Macri. Esta verdadera sangría de nuestra economía también se conoce como fuga de capitales dado que son divisas que salen del país.
Este constante drenaje de dólares se asemeja bastante en su magnitud al endeudamiento externo que contrajo el gobierno de Cambiemos. Recordemos que la Argentina ya recibió 28.090 millones de dólares del préstamo solicitado al FMI. Lo que pocos se llevan al exterior lo terminan pagando la totalidad de los habitantes de nuestro país.
Las expectativas respecto a este año no son para nada halagüeñas. El mismo FMI que tanto aplaude la política económica de este gobierno y del que es su mentor dice en su Panorama Económico Global que "la economía argentina se contraerá ya que las estrictas políticas dirigidas a reducir los desbalances van a frenar la demanda interna" y pronostica una contracción del PBI del 1,7% en 2019.
En igual sentido el CEO del Fondo en Argentina y titular del Palacio de Hacienda Nicolás Dujovne manifestó en el Foro Económico Mundial realizado en ciudad suiza de Davos "creemos que el país crecerá en 2020". Se ve que el hombre tampoco está seguro.
Como es su costumbre y para usar una frase futbolera, el gobierno sigue corriendo el arco. Al comienzo del año 2016 hablaba del segundo semestre, ahora es el 2020.
De lo que no dicen nada es de cuándo y en qué medida el crecimiento se traducirá en una real mejora en la calidad de vida de las grandes mayorías. Siguen repitiendo aquello de ir todos juntos, pero como diría el gran Pappo, lo valedero es "ir juntos a la par" y no que sean muchos quienes hagan todos los sacrificios y sean unos pocos los que se lleven los frutos de esos enormes esfuerzos. Quizás muchos recuerden un dicho que repetían nuestros mayores, aquello de que ley pareja no es rigurosa.
Hace pocos días se conoció que la inflación mayorista fue de 73,5% en 2018, las más alta desde la crisis de 2002, 25,9% superior a la registrada en los precios al consumidor que recordemos fue del 47,6%.
Esta enorme diferencia implica que el último eslabón de la cadena de comercialización, esto es los comercios no pudieron trasladar a sus precios gran parte de los aumentos obligados por la brutal disminución del poder de compra de sus clientes, en su mayoría asalariados y jubilados.
Sin embargo esta gran merma en sus márgenes de ganancias no evitó una insostenible baja en las ventas y esta combinación explica el cierre de tantos comercios o su traslado a locales con menores alquileres que en muchísimos casos sirve sólo para posponer su cierre, esperanzados en un mejoramiento del consumo interno que muy difícilmente se produzca.
Seguramente esta situación presionará al alza de la inflación de este año que la mayoría de los gurúes de la city estiman se ubicará entre el 30 y el 40%.



