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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 06/feb/2019 de La Auténtica Defensa.

Te hago el cuento:
Escribir sobre lo escrito
Por Marisa Mansilla






Marisa Mansilla

En el epílogo de "Cuentos Crueles", en la edición de sus "Cuentos Completos", Alfaguara, 2003, Abelardo Castillo afirmó: "La tradición asegura que el plagio es la forma más sincera de la admiración: lo mismo vale para algunos desacuerdos". El Diccionario explica que plagiar es copiar o repetir sin autorización obras ajenas de manera encubierta, adjudicándolas como propias. Y ¿por qué esta reflexión de Castillo, acaso ha cometido plagio y necesita justificarse aludiendo al sentimiento de admiración que lo origina?

Recuperando la tranquilidad, Castillo no cometió "plagio", pero sí tomó de la tradición literaria que lo precedía y de aquellos escritores que él consideró como mojones en la construcción del sistema literario argentino algunos cuentos sobre los cuales escribió o reescribió confrontándolos con sus originales. Nos referimos concretamente a sus cuentos "Requiem para Marcial Palma" que subvierte y homenajea a la vez a "Hombre de la esquina rosada" de Jorge Luis Borges, "Noche para el negro Griffiths" en que recupera a Johnny, el genial saxofonista de "El perseguidor" de Julio Cortázar y "Crear una flor es un trabajo de siglos" en que aparece la rosa de cobre que tanto obsesionó a Augusto Remo Erdosain, el protagonista de "Los siete locos", la novela de Roberto Arlt.

En "Hombre de la esquina rosada" de Borges (incluído en "Historia universal de la infamia", 1935) el narrador es un joven algo "atolondrado" y que es considerado "un estorbo" por el resto de los personajes que presencia la provocación de lo que quiso ser un duelo a cuchillo entre compadritos, pero que no llegó a concretarse entre Francisco Real, el Corralero, un hombre del Norte y Rosendo Juárez, el Pegador, cuchillero al servicio de un caudillo político local y hombre de la Lujanera, la prostituta más hermosa del salón de Julia, a orillas del arroyo Maldonado, de la que el narrador dice que "Verla no daba sueño". Rosendo Juárez no acepta el reto de Real y arroja el cuchillo que la Lujanera pone en sus manos al arroyo. Ella se va con Real, repudiando el hecho de que Juárez les haya creer a todos que era "un hombre". Los tangos y las milongas vuelven a oírse en el salón hasta que la Lujanera regresa con Real ya moribundo.

En "Requiem para Marcial Palma" de Abelardo Castillo ( 1966)el narrador es Chaico, un viejo que recuerda haber vencido en un duelo muy particular a un fantasma en la Vuelta de Obligado donde años antes se enfrentó a la escuadra anglofrancesa y asimismo haber presenciado otro allí en La Rinconada, un almacén que el tiempo convirtió en "estrafalaria cantina del Balneario Municipal" de San Pedro. Los personajes protagónicos son un intruso arribeño, un cajetilla tilingo vestido con un chaleco color patito y polainas que provocaba risas entre los concurrentes y Marcial Palma, que le da la espalda y dice que en la noche de San Pedro y san Pablo, él no matará a un hombre. Entretanto "la Valeria", mujer de Marcial, se deja mirar por el cajetilla sin bajar los ojos. Y así nomás se plantea esa suerte de duelo que sería sin cuchillo, ni revólver, pura pelea de puños, sopapos y empellones que sorprenden al principio a Marcial y lo dejan tumbado, despatarrado entre el mostrador, mesas y sillas en varias ocasiones. La Valeria muestra sus intenciones de arrimarse "a lo gata" al cajetilla ridículo, pero Palma si bien salió, volvió a reanudar el enfrentamiento que volvía a arrojarlo al piso. "Ya no daba risa el cajetilla", su presencia y su parada eran señal de que "estaba cambiando el mundo. El otrora guapo que hubiera acudido rápido al cuchillo que guardaba bajo el sobaco, ahora había sido "tumbado por la historia". Con una perseverancia tan inquebrantable como sus reglas el cajetilla luchaba una y otra vez hasta que Marcial cayó rotundamente al piso y cuando Valeria se aproximó al arribeño, él la despreció ostensiblemente y se fue de La Rinconada, cuando ya los músicos empezaban a tocar una tarantela.

Castillo dialoga con el cuento de Borges, lo confronta con el paso del tiempo, clausura el mito urbano del guapo cuchillero y cierra el ciclo de los compadritos porteños representativos del coraje puesto al servicio de algún caudillo político (proyecciones del muy anterior Moreira) ; no así, como el primer título que tuvo el cuento de Borges "Hombres pelearon", el de las disputas entre hombres por cuestiones vanas con variaciones que atraviesan la historia, ni tampoco la veleidad oportunista y mezquina que él considera propia de las mujeres hermosas.

En "El Perseguidor" de Julio Cortázar, dedicado in memoriam a Charly Parker, los personajes protagónicos Johnny y Dédée están viviendo en París en la peor de las miserias y el joven periodista crítico de jazz Bruno lo admira devotamente y los ayuda todo lo que puede. Saxo, sexo y música visceral están siempre presentes en sus vidas, pero en esta etapa ya decadente del músico, su genialidad se va esfumando y las drogas y la demencia senil van destruyendo su vida transformándolo en un personaje grotesco. Lejos de ser él un pobre hombre genial pero perseguido por una vida de privaciones y desventuras, es como un cazador en acecho, es el perseguidor en medio del absurdo vivir, en búsqueda de sentidos que se escabullen...

En "Noche para el negro Griffiths" (escrito en 1959 pero reescrito definitivamente después de su lectura del cuento de Cortázar también de 1959), Castillo expresa ahora un desacuerdo con respecto al cuento de Cortázar. Nuevamente saxo/(trompeta en este caso ya que Griffiths es un pésimo trompetista), sexo y música se amalgaman. Israfel Sebastian Griffiths es un músico negro que toca la trompeta en un cafetín de Barracas, sólo puede evocar algunas noches de jazz en un pasado hipotético más glorioso en Nueva Orleans, el narrador un escritor incomprendido, cínico y pedante que lo menosprecia a él y a su música se acuesta con Cecilia, su mujer. No obstante, el negro en medio del desmoronamiento en que se convirtió su vida logra a veces un minuto de grandeza artística y alcanza por minutos alzarse por sobre su propia mediocridad, en la que cae nuevamente con rapidez. Son dos marginales con vidas destrozadas pero si el periodista Bruno del primero no se atreve a publicar en su biografía los detalles más sórdidos y reprochables de la vida de Johnny, el narrador escritor del segundo cuento lo expone y asimismo se expone en sus miserias.

Castillo lector incansable trabaja la intertextualidad, es decir el diálogo entre textos literarios del que surge un interés de cuestionamiento o completamiento del texto primero, a veces son los temas o tópicos comunes los que aparecen puestos en foco en el segundo de los textos, o la naturaleza de los personajes, los espacios que pueden ser los mismos o diferentes y siempre el marco en que se dan los hechos que ocurren en el tiempo, su paso incesante que define variaciones y transformaciones relevantes. Castillo escribe sobre lo escrito y suma con sus cuentos nuevas interpretaciones en el espiral por donde se va desarrollando la literatura nacional.

Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar


Castillo escribe sobre lo escrito y suma con sus cuentos nuevas interpretaciones en el espiral por donde se va desarrollando la literatura nacional.

 
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