Aseguran que las condiciones son mucho mejores que en otros penales. También destacaron la posibilidad de terminar sus estudios o realizar capacitaciones.
Integrantes de la primera camada de jóvenes que ingresaron a cumplir sus condenas en la nueva penitenciaria inaugurada hace pocos días por la gobernadora María Eugenia Vidal en nuestra ciudad, compartieron sus impresiones y anhelos de libertad.
El diario La Nación registró los testimonios de tres detenidos: Lautaro, Marcelo y Facundo, condenados por diferentes hechos delictivos, pero con el objetivo de rehabilitarse y elegir otra clase de vida una vez reinsertos en sociedad.
Lautaro tiene 22 y ya pasó por seis unidades en Sierra Chica, La Plata y Olmos.Tenía 18 años cuando lo condenaron a cinco años por robo agravado por uso de arma. Ahora tiene 22. "Decidí venir porque es un lugar nuevo donde podemos cambiar nuestra vida. Allá había menos trabajo, menos estudio, menos recreación", dice.
En la Unidad 1 de Olmos, su destino anterior, estaba estudiando el último grado de la escuela primaria. Eran unos 2800 presos en total, y 50 en su pabellón. De ahí salieron seis para esta nueva cárcel. Lautaro piensa que acá será todo distinto: "Acá es todo muy nuevo. Está buena la cancha en el medio, el patio que tenemos, el SUM de visitas para la familia. Tenemos ducha en el baño. En las otras no hay, una vez que nos ´engomaban´ [encerraban] ya no nos podíamos bañar", cuenta.
A Marcelo le quedan ocho meses para salir. Los casi dos años y medio que lleva preso siempre estuvo en Olmos. Es la primera vez que sale de ahí. Tiene 22 años, es de San Martín y está a punto de ser papá. "Elegí venir porque ya llevaba mucho tiempo allá, me falta poco para irme a casa y estaba viendo que todo lo que hacía no me estaba sirviendo de nada", cuenta.
"La diferencia que veo con el otro penal es el lugar donde estoy. Allá en una celda de ocho personas vivíamos 16. De noche había pibes que no dormían; se levantaban los demás a las siete de la mañana y los que estaban de noche descansaban", dice.
En este tiempo pensó mucho. Dice que acá siempre hay tiempo. Piensa que cambió, pero también sabe que eso se va a ver de verdad cuando vuelva a su casa.
Le faltaban cinco días para cumplir 19 cuando Facundo cayó preso. Lo condenaron por cuatro delitos: tenencia de arma de guerra, enfrentamiento, robo simple y resistencia a la autoridad. En la persecución en la que lo agarraron recibió un tiro en una pierna.
Es de San Martín. Y es uno de los pocos que tiene el secundario completo y quieren ir a una universidad. Decidió pedir el traslado a esta unidad penitenciaria porque le dijeron que acá podría tener algún taller de Contabilidad o de Administración de Empresas. Cuando salga quiere estudiar Derecho y ayudar a un tío en un lavadero de autos. Antes de llegar a la Unidad 57 estaba en la 47 de San Martín. "Allá los cursos eran muy pocos. En mi pabellón no había trabajo", dice. Y repite lo mismo que Marcelo: "La policía no te iba a buscar, y después te daban de baja".
Le dieron cuatro años de condena. Ahora le queda un año y cuatro meses. Quiere salir para poder estar con su hija. Tiene claro que el tiempo que perdió no lo recupera. "Quiero salir y progresar. Tengo una nena que va a cumplir 2 años. Perdí mucho tiempo de estar con ella", dice.
Los presos del nuevo penal están cerca de cumplir sus condenas y se preparan para reinsertarse en sociedad (Fotos La Nación).



