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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 19/mar/2019 de La Auténtica Defensa.

Soy lo que soy
Por Santiago Tomás Mengual




Susy Shock

"Susy es muy contestataria. Desde la poesía te baja data y a la gente le impacta. Convoca mucho", dice Carla. Susy se autodefine como artista trans sudaca. Con su espectáculo "Poemario Transpirado", recorre el país desde el 2010. Carla es parte del grupo que la acompaña, "La Bandada de Colibríes". En el canal de YouTube de Canal Encuentro hay un documental que cuenta la historia de la artista. Para verlo, buscar: Historias debidas VIII: Susy Shock (capítulo completo).

Volver a vivir una ciudad (pueblo grande) como Campana significó revivir viejos demonios: caminar y que la mirasen, ser objeto de señalamientos y comentarios. Carla Morales nos invita a cuestionarlo todo para poder ser un poco más libres. Activismo trans en busca de un mundo mejor.

Nos citamos en una cafetería de la ciudad. Carla (39) llega unos minutos tarde, pasó las últimas horas craneando las futuras vestimentas y coreografías para los shows que se vienen con "Susy Shock", música y poeta trans, por lo que perdió la noción del tiempo. Es parte de "La Bandada de Colibríes", grupo que acompaña a Susy por los escenarios de todo el país. Pero ahí no queda todo, también trabaja en la producción de la revista "MU"; que forma parte de la cooperativa "lavaca" y participa en el "Observatorio de violencia institucional y social hacia personas trans".

La lucha trans la atraviesa y pareciese que su actividad es una constante por depositar toda la energía negativa que le generan las injusticias que ocurren en nuestro día a día en espacios de construcción y cambio. Hace dos años que vive en la ciudad con su esposo, campanense de toda la vida, y desde el minuto cero se replanteó lo que pasaba en nuestra localidad con problemáticas que tal vez naturalizamos, pero Carla se anima a discutir y repensar.

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"Desde el "Observatorio de violencia…" pudimos ver que en la actualidad la justicia no cumple con las leyes, no se cumple el cupo de acceso al trabajo ni a la salud. El mismo Estado no lo cumple. ¿Cuántas personas trans hay en Campana? No somos tantas, como mucho somos 15. ¿Qué es para el Estado o para las empresas multinacionales? Yo no quiero trabajar en el Estado o en una empresa, peleo por la causa", afirma la bailarina y sigue: "Me junté con el oficialismo y con la oposición pero nunca hay nada. El año pasado se pintó en la senda peatonal los colores de la bandera LGTB y la presidenta del consejo deliberante dijo que eso era inclusivo. Creo que eso retrocede 20 años, hoy estamos luchando por el cupo de trabajo, no por algo que ya hicieron otros municipios hace décadas. Creo que hay desinterés, no representamos un número importante de votos. ¿Para qué está el Estado si no es para responder a las necesidades del pueblo?".

Dejó de marchar en la Capital, hoy marcha en Campana para visibilizar que son muchas las que están luchando y que no todo pasa en el centro del país: "Acá falta una estructura feminista y presencia del Estado. Las políticas públicas en cuanto a género son nulas. El año pasado se hizo un té literario para el 8 de marzo por el día de la lucha por los derechos de la mujer. Vergüenza ajena me dio cuando la concejal Romina Buzini dijo que la marcha no la representaba. Nosotras no queremos representar a nadie, es ella la que tiene que representar al pueblo que la votó. Para eso le pagamos un sueldo".

Carla nació en un pueblo cercano a la capital salteña, donde sufrió desde chica el prejuicio por su condición. En 2004 se mudó a la Capital Federal. El desinterés que reina en la metrópolis jugó un papel positivo. Allí era una más entre los transmutes, a nadie le importaba lo que hacía. Volver a vivir una ciudad (pueblo grande) como Campana significó revivir viejos demonios: caminar y que la mirasen, ser objeto de señalamientos y comentarios. El único lugar donde encontró un espacio de respeto mutuo y comodidad fue el centro cultural autogestivo "La Pachamama", de Jean Jaures y Sarmiento.

Tampoco fue grato el impacto que le generó la ciudad. Sabiendo que había tantas empresas y multinacionales instaladas, imaginó una urbe acorde al presupuesto generado, dada al disfrute de sus ciudadanos. Se encontró con veredas rotas y una costanera expulsiva, donde poco queda por hacer si no tenés dinero en el bolsillo: "En esta ciudad hay plata, se podrían hacer un montón de cosas. Falta voluntad política. Si la gente no se despierta no va a suceder", agita.

PERDONAR PERO NUNCA OLVIDAR

Carla viene de un año movido. Fue protagonista de un juicio que por semanas movilizó a los medios salteños. Denunció a un cura de su pueblo que la había abusado en la década de los 90`s cuando era infante: "Me di cuenta del abuso recién en el 2006, leyendo sobre casos relacionados. Fue un autocuidado, mandé al fondo de mi cabeza lo que pasó y volvió a aparecer una década después. Me sentía sola, mi madre es muy católica y en Salta la Iglesia es muy fuerte. Hablé en el 2010 con ella sobre lo que pasó y hubo silencio. Recién en 2017 pudo hablar sobre lo que pasó".

El mismo cura había abusado de otro chico, quien había hecho una declaración pública. Fue en esa declaración donde la madre de Carla pidió el micrófono para contar lo que le había pasado a su hija. Carla nunca había hablado, había preferido no exponer a su madre. Su declaración le significó la confirmación de que ahora ella también la acompañaba. Habló con Juan Carlos, el chico que también había sido abusado, y viajó a Salta. Pasó por todos los medios que pudo y aunque prefirió no ir en contra de toda la Iglesia como institución, dio un mensaje a favor de la educación sexual en las escuelas para que les niñes tengas las herramientas para hablar de los abusos. La presión mediática aceleró el proceso y hoy Emilio, el cura abusador, está en prisión domiciliaria esperando el juicio que se llevará a cabo a mediados de este año. "No hablo del cura Emilio con odio. Me hizo daño pero no le deseo la muerte o la cárcel. No creo que la cárcel sea un lugar donde uno sana o se vuelve mejor persona. No soy punitivista, me gustaría que podamos encontrar otra forma donde las personas puedan sanar. Sí pido que se haga justicia. Si perdonar es liberarlo entonces lo perdoné, prefiero estar bien conmigo misma", reflexiona.

Además de cerrar una vieja herida, en Salta se reencontró con muchos conocidos que abrieron sus cabezas y conoció nuevas personas que le hicieron sentir que no estaba más sola: "Siento que me exilié al haberme ido a Capital Federal. Hoy tengo a Salta nuevamente como opción para vivir y creo que eso es parte del sanar. No hay que sentirse sólo o sola, siempre va a haber alguien que va a escuchar. A veces no tenemos respuestas, pero contarlo ya es un montón. Sentís que sacas algo para afuera, liberas una bolsa de sensaciones. Después hay que buscar las herramientas, nutrirte de esa gente que te hace bien. Es muy difícil cuando está la familia de por medio pero hay que buscar la gente que te va a acompañar. Somos muches, a veces nos vamos más con preguntas que con respuestas pero hablar es parte de la sanación".

ESPERANZA DE VIDA

"Tengo el privilegio de tener trabajo, una casa, salud. Tengo acceso a un montón de cosas pero en el mundo trans sólo el 1% accede a eso. No puedo negar la realidad. En lo que va del año ya son 22 personas trans asesinadas, que es un montón. No hay censos, no salimos en las noticias. Nos expulsan de nuestras casas a muy temprana edad. Con 12 o 13 años viviendo en la calle no tenés muchas opciones. Muches terminan en la prostitución y son señores que tienen familia los que consumen y después son los primeros en acusar con el dedo. Hay mucha hipocresía".

El argumento es demoledor y nos obliga a mirar una realidad que suele taparse o naturalizarse. La esperanza de vida de una chica trans es de sólo 32 años. Es decir, Carla es una sobreviviente: "La gente no puede hablar de su propio deseo. En las clases bajas la información es nula o es muy tendenciosa. Ser trava en una villa es difícil. Las familias con plata mandas a sus hijes a otra ciudad, esa es su solución".

En 2011 se hizo cargo de una parrilla con el objetivo de contratar a personas trans que estaban buscando trabajo teniendo en mente volverla una cooperativa. El proyecto resultó más difícil de lo esperado, los trans no suelen tener un ritmo estable porque desde chicas fueron expulsadas a la calle, sin vida familiar y escolar, por lo que no están acostumbradas a la regularidad del trabajo. Aunque la parrilla terminó siendo un éxito, Carla la terminó dejando porque estaba muy cansada. Pero al final, había entendido una nueva dimensión de la realidad trans: La marca de la expulsión de la vida familiar e institucional se lleva para toda la vida y hace que se vuelva difícil reinsertarse en el ritmo del sistema. "Si no hay una familia debería haber una escuela que te contenga. Y la mayoría de las veces no es así".

Se metió en la lucha política en pleno clima de expansión de derechos sociales del gobierno kirchnerista, donde se consiguieron leyes como el matrimonio igualitario y la ley de género. La importancia de esta última ley que muchas veces es ridiculizada por los reaccionarios puede sintetizarse en una anécdota de la luchadora: "Antes era mucho más difícil acceder a un trabajo o al servicio de salud pública. Me pasó muchas veces en el hospital que les pedía que cuando sea mi turno me llamasen por mi nombre pero después lo hacían con el nombre masculino que aparecía en el documento. Me levantaba y delante de toda la gente pasaba. Pero si no eras lo suficientemente fuerte te llamaban de esa forma y te terminabas yendo".

Destaca la importancia del lenguaje inclusivo, y aunque admite que al principio le costó, dice que es un ejercicio que hay que practicar: "Al principio me sentía en vergüenza al usarlo pero hay que plantarse, hay que romper la costumbre. Muchas veces somos todas mujeres y hablamos en masculino, y creo que hay que cambiar eso, hay que nombrarnos. Porque si no vos no conoces lo que desconoces. No sabes que hay mujeres presidentas o astronautas no vas a saber que podes serlo. Es como con las personas trans, la televisión siempre nos pone trabajando en las calles y así pensamos que es el único lugar que tenemos. Todo lo que hago es para las nuevas generaciones. La gente grande si quiere aprender que aprenda. Todo es para que les niñes crezcan sanes, fuertes. Ojala pueda ver el cambio. El feminismo está para abrasarnos. La violencia no baja, sigue habiendo travesticidios, femicidios. La crisis no ayuda, la gente está más enojada y eso se siente en la calle" y finaliza: "Siempre voy a ser crítica, a repensar como quiero y queremos vivir. Es difícil porque si trabajas 8 ó 9 horas y tenés dos horas de viaje cuando llegas a tu casa querés prender la televisión y desconectarte. Pero hay otros caminos".



“Las políticas públicas en cuanto a género del municipio son nulas", afirma Carla.

 
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