Una gran obra de Carlos Somigliana ubicada en el paisaje ribereño e industrial de Campana en los durísimos años de la última dictadura cívico – militar, para leer y releer jóvenes o no tan jóvenes y que se disparen más preguntas e interpretaciones.
HORACIO: -(Dando un paso hacia el interior) Caletti, señor… Yo fui alumno suyo.
PROFESOR: -¿Alumno mío?
HORACIO: - Hace veinte años…
PROFESOR: - No me diga…
HORACIO: -En el Colegio Nacional de Buenos Aires… ¿No se acuerda?
PROFESOR: -Sí, claro, pero… Discúlpeme, hace tanto tiempo…
HORACIO: -Veinte años, justamente.[...]
PROFESOR: - ¿Y ha venido hasta Campana sólo para verme? (Horacio asiente) ¿Desde Buenos Aires? (Horacio vuelve a asentir) Bueno, ¿qué quiere que le diga? Ha sido una gran deferencia… Una exquisita amabilidad de su parte… ¿Cómo dijo que era su nombre?
HORACIO: Caletti. Horacio Caletti.
Prácticamente así se inicia "El ex -alumno", la obra de Carlos Somigliana (1932-1987), ex -alumno él también del Nacional de Bs.As., escrita y representada por primera vez en 1978, publicada en 1982 por el Centro Editor de América Latina en la colección Biblioteca argentina fundamental y vuelta a representar en el año 2010 en el Teatro del Pueblo, con la actuación de José María López en el papel del profesor García Cháves.
Efectivamente, Horacio Caletti (40 años), ex alumno del Nacional Buenos Aires había sido alumno de "el implacable", "duro pero justo" García Cháves (70 años), profesor suyo de Literatura durante los años 1956 y 1957, y convertido finalmente en Jefe de Ventas de una empresa metalúrgica aprovechó una de sus visitas a la planta para visitar al viejo profesor que, una vez jubilado, decidió mudarse a una casita que había heredado en Campana adonde daba clases particulares de Literatura y llevaba según él la vida de un "hidalgo rural". Pero la amable conversación entre el profesor y su ex – alumno se ve interrumpida por el ingreso abrupto de Laura (19 años), hija de García Cháves. Ella queda anonadada ante la visita inesperada que ha recibido su padre, y frente a la inusual invitación que él le hace a Horacio de compartir todos en su casa un almuerzo, responde con descaro que no tienen ni un peso para comprar comida y falta todavía una semana para que él cobre su jubilación, ante lo cual Horacio desembolsa el dinero necesario para que Laura compre algo en una rotisería.
La conversación entre el viejo profesor y su ex – alumno continúa y García Cháves revela su postura elitista: "…Antes eran muchos menos los que sabían leer, pero esos pocos sí sabían leer… Ahora todo el mundo lee y casi nadie sabe hacerlo… Sí, me temo que hayamos caído en una de las trampas de la democracia… […] ¡Antes yo era distinto, porque todo era distinto…! Pero fíjese… No es casual que el cuarto de baño se haya convertido en el gabinete de lectura, en esta desdichada época… Se encierran en el baño durante horas, con su asquerosa sub literatura y reciben por los ojos lo mismo que expelen por… Por otras vías, usted me entiende…".
Pero Laura regresa con la comida y se disponen a almorzar. La tensión padre – hija se va haciendo cada vez más visible, y entretanto deciden quién come la pechuga y quién el muslo, Laura anuncia a su padre su decisión de no tener hijos porque no quiere que sean infelices como ella en un mundo tan corrompido y violento como en el que viven. Semejante declaración hace aflorar el sarcasmo del profesor que le dice que se quede tranquila porque probablemente para ese entonces ya se habrán desarrollado drogas más placenteras que la marihuana y, en tanto el profesor expresa el miedo que le da "el futuro" en clarísima alusión al pensamiento de los jóvenes de ese momento, Laura expresa que a ella en realidad el miedo se lo produce el pasado y Horacio resuelve que a él el miedo se lo da el afrontar el presente.
Horacio advierte que el viejo profesor en realidad no lo recuerda para nada y el abundante vino con que acompañó su almuerzo lo llevó a divagar acerca de un pasado que considera ilustre pero que no comparten con Horacio. Suena el timbre y llega Mario, un jovencito que asiste a clases particulares, lo que le permite a Horacio descubrir que "el implacable" García Cháves se volvió permisivo y corrupto y que en varias oportunidades concedió que su hija se fuera de paseo con Mario en su súper moto hasta el río, suspendiéndose de esta manera su clase. Mario porta un arma que exhibe, confiesa que le gusta "tirar a las cosas que se mueven" y que está preparando su ingreso a la Prefectura adonde podrá "canalizar sus inquietudes". Finalmente va hacia el cuarto del profesor adonde éste le dará la clase. Entretanto Laura y Horacio conversan sin que ella pueda comprender el porqué del aprecio que Horacio siente por su padre. Horacio le dice: "…Éramos chicos pobres de la Argentina, pero ellos nos educaron como pequeños lores ingleses". Laura, por su parte, cree ver en esto una educación mentirosa y perversa negadora del país real y alejada de las necesidades de su gente. El clima se va caldeando y Laura excita a Horacio y se quita su pullover hasta que regresa Mario y amenaza a ambos con su revólver. El final está próximo los conflictos y las peripecias jugadas por los personajes conducen a la fatal caída de la máscara de excelencia del profesor García Cháves ante su admirador, el ex - alumno Horacio Caletti, pero los tópicos abordados en la obra quedarán resonando en nuestras cabezas por bastante tiempo.
¿Son los poetas latinos clásicos y su universo conceptual y estético los que deben regir la formación literaria de los jóvenes? ¿Tiene sentido que los jóvenes ejerciten su memoria con la Serranilla del Marqués de Santillana? ¿Por qué sí?, ¿por qué no? ¿Acaso no es necesario ejercitar la memoria? ¿Cuáles serían las argumentaciones en pro y en contra?¿Qué poesías, qué cuentos y novelas, qué teatro, qué autores, qué tradición literaria garantizarían en la actual perspectiva el proceso culturalizador e identitario que la escuela debiera cumplir con respecto a la formación de los jóvenes? ¿Para qué jóvenes? ¿Todos? ¿Unos pocos? ¿Qué consideramos hoy "saber leer"? ¿En qué soportes, en qué formatos, para alcanzar qué objetivos? Los nuevos modelos educativos, ¿a qué proyecto de país corresponden? Desde el momento de escritura de esta obra en 1978, ¿Cuántos currículos y programas educativos se modificaron, cayeron, se implementaron? ¡Cuánto aún por debatir! ¡Qué desafío! Y sin entrar en temas como la maternidad como único destino posible para la mujer y en la drogadependencia como recurso para abstraerse por un rato de la realidad y "ser feliz". En definitiva, una gran obra de Carlos Somigliana ubicada en el paisaje ribereño e industrial de Campana en los durísimos años de la última dictadura cívico-militar, para leer y releer jóvenes o no tan jóvenes y que se disparen más preguntas e interpretaciones.
La obra de Carlos Somigliana (1932-1987), ex -alumno él también del Nacional de Bs.As., fue escrita y representada por primera vez en 1978.
Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar



