La fecha nos acerca a un nuevo aniversario de la dictadura militar de 1976. Nos hace recordar con intensidad a los amigos y compañeros desaparecidos eliminados por la obsesión asesina y torturadora de la dictadura que también se apoderó de niños secuestrados o nacidos durante la detención de sus madres. El gobierno actual no toca ese tema porque desearía utilizar métodos semejantes para aplastar al pueblo e imponer sus objetivos económicos, carece de sensibilidad social y a esta altura de su gestión no disimula esos sentimientos. El FMI es quien decide las medidas a tomar.
Argentina padece como Brasil la destrucción de características de proyecto de país independiente, del modelo económico nacional, derechos de los trabajadores, políticas sociales, soberanía externa, todo ligado a la obsesión dominante de E.E.U.U. Desde el comienzo del gobierno de Macri y del gobierno de Temer los países han empeorado, su estructura de producción se destruyó y se apunta a beneficios de bancos privados y a destruir el poder del Estado y estructuras industriales que se habían desarrollado.
Se percibe el objetivo de desprotección de los trabajadores y la población que no pertenece al sector de la burguesía beneficiado por el proyecto sostenido por Macri es un gobierno de derecha sin sensibilidad social y sin verguenza de mostrar su ambición desmedida.
Varios de los trabajadores que luchan por sus derechos son agredidos con represión pero también con medidas de condena de justicia ilegales como las que padecen dirigentes de la oposición política. Hasta a Cristina buscan encarcelarla creando acusaciones.
Este manejo ilegal de la justicia nos recuerda viejos tiempos. Una nota del escritor argentino Noé Jitrik relaciona esto con lo que describe el escritor francés del S XIX Víctor Hugo en su novela "Los miserables". Es una novela que muestra que un niño fue condenado a prisión por haber robado un pan, no para venderlo sino para combatir su hambre. El autor expresa "el proyecto de una burguesía capitalista que, al mismo tiempo que acumulaba para constituir un capital mediante el trabajo semiesclavo, entendía que para lograrlo debía castigar a los pobres con el gran objeto final de acabar con ellos, no sacándolos de la pobreza sino mandándolos a la cárcel o, si eso no era suficiente, a la muerte".
Esta realidad del Siglo XIX la reconstruye el proyecto económico que nos toca vivir, no importa que mueran los pobres, solo que prosiga el poder económico del sector dominante.



