"Los ríos más profundos son más silenciosos". Esta cita de Curcio Rufo, historiador romano del siglo I, me pareció adecuada para reflexionar en este momento ruidoso en lo mediático y muchas veces carente de profundidad.
Arranca otra campaña electoral, los aspirantes y preexistentes, empiezan su periplo de visitas, timbres, recorridas, sonrisas y promesas, tal como venimos viviendo desde siempre. Vuelvo a repetir lo que ya dije otras veces, y con dolor, nuevamente el debate territorial está ausente.
Los ejes centrales del desarrollo urbano no aparecen como un dato de mención. Al parecer, resulta difícil entender que la falta de planificación es también una condicionante recurrente de la calidad de vida, y la postergación social. Quisiera recordar nuevamente acá a nuestros posibles futuros dirigentes, y a los que quizás aún persistan, las palabras del Planificador Carlos Matus que allá por el año 1996 formulaba su teoría de la incertidumbre en el planeamiento físico. En la exposición inicial decía, "la planificación implica que el sujeto es capaz de crear su futuro y no solo de aceptar resignadamente lo que el destino le depare". Planificar significa siempre, pensar antes de actuar con método y de manera sistemática, explorando todas las posibilidades, analizando ventajas y desventajas de todos los escenarios posibles, porque el futuro habrá de ser consecuencia de mis acciones o mis omisiones actuales, y finalmente el destino final es la mejora en la calidad de vida urbana. Siempre recuerdo su cita "La planificación es una herramienta de libertad".
Según la teoría planteada por Matus, los gobernantes son los destinados a liberarnos de esa incertidumbre, estableciendo planes que nos incluyan y otorgando previsibilidad al concierto social.
En este momento de oferta electoral, se vuelve al recurrente esquema de lo mediático, estrechando manos, reiterando discursos, reformulando promesas y abundando en fotos. Al parecer todos resultan eximios discípulos de Marshall McLuhan, aquel filósofo que nos enseñó "somos lo que vemos" y de esa forma le dio sentido a esta cultura mediática donde todo debe publicitarse permanentemente hasta el hartazgo sin temor a saturar porque la reiteración de la imagen y el mensaje construye la verdad aceptada por la sociedad y replicada por la gente.
Más allá del repetido folclore imprescindible para instalarse en el imaginario social pretendiendo aunar voluntades detrás de las personas, sería interesante llenar esa imagen de propuestas que nos esclarezcan el criterio que cada oferente político tiene sobre la ciudad, y su destino futuro, considerando que sus decisiones habrán de pautar el desarrollo y abrir el camino de las inversiones.
Tenemos un código de Planeamiento lleno de incoherencias y plagado de vacíos, limitante del desarrollo edilicio y freno de las inversiones urbanas, tenemos un desequilibrio ambiental derivado de la segregación social con barrios carentes de infraestructuras básicas, tenemos una dispersión urbana que se debe revisar y que exige alternativas de acción correctivas, tenemos una ciudad que necesita un fortalecimiento de sus ejes de desarrollo y una revisión de su destino productivo. Tenemos que reformular nuestras circulaciones intra y extraurbanas, y finalmente tenemos que trabajar sobre el desequilibrio social derivado de la dispersión urbana y sus fenómenos de degradación ambiental de barrios menos atendidos. Podemos tener toda la cosmética urbana que se nos ocurra o que hadas madrinas, mediante, nos permita financiar, pero no podemos seguir dejando en cajas, el debate urbano más hondo. Ese que como el río caudaloso de Rufo, es el más profundo y silencioso, es un debate que no necesita de campañas políticas ni de las acciones mediáticas de McLuhan. Solo necesita la decisión política y la capacidad de gestión para convocar, escuchar y analizar propuestas.
Nadie exige a los políticos de turno que sepan todo, pero si se les pide que tengan el oído abierto para escuchar todas las voces, no solo las de las melosas cortes de los Luises. La posición filosófica de la gestión participativa, frente a la planificación del territorio da origen al debate público y la concertación física territorial, a través de distintos foros como el caso de los Observatorios Urbanos que en nuestro Código actual se identifica como Concejo Urbano Ambiental, declamado, maltratado y finalmente ausente.
Desearía escuchar en las campañas las múltiples visiones territoriales de los aspirantes a conquistar las voluntades de los electores, y poder evaluar propuestas en cuya calidad se rememoren esos ríos caudalosos, que discurriendo en silencio manifiestan su verdadera profundidad.
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



