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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 04/abr/2019 de La Auténtica Defensa.

Te hago el cuento:
La guerra de Malvinas por sus desertores
Por Marisa Mansilla






Marisa Mansilla

"El Argentinazo" fue el altisonante nombre con que el aparato de propaganda del gobierno dictatorial de Leopoldo Galtieri calificó a las operaciones militares que desde el 2 de abril de 1982 las Fuerzas Armadas Argentinas llevaban a cabo en las islas del Atlántico Sur, desembarcando en las islas Georgias del Sur e invadiendo luego el archipiélago de Malvinas con intención de recuperar los territorios que habían sido ocupados desde el siglo XIX por los ingleses.

En ese contexto político y mediático Rodolfo Enrique Fogwill escribió "Los Pichiciegos", haciendo referencia en el Prólogo a la séptima edición al entusiasmo de su familia ante las falsas noticias dadas acerca del conflicto bélico: "Ni la imagen de decenas de ingleses violetas flotando congelados, que de alguna manera me alegraba, pudo atenuar el espanto que me provocaba el veneno mediático inoculado a mi familia. Entonces subí a mi pocilga, escribí la frase "mamá hoy hundió un barco", […] cargué una nueva hoja en la máquina de escribir y doce horas después empezó a amanecer, y había completado la mitad del relato "Los Pichiciegos". Es decir que la temporalidad del relato de la novela prácticamente coincide con la temporalidad de la guerra de Malvinas y ésta es una decisión narrativa extrema porque anula la perspectiva histórica posterior que generalmente sirve para hacer evaluaciones e interpretaciones habiendo ya tomado distancia del conflicto. No obstante esas observaciones aparecen a veces incautamente en las voces de los pichis de la novela.

La peculiar comunidad de "pichis" es en realidad un grupo de soldados desertores que construyen una cueva y nido subterráneo (la pichicera) adonde albergarse y desde allí, apuntando exclusivamente a su supervivencia y acudiendo a sus saberes más básicos y pragmáticos, se dedican a comerciar con los ingleses, con los habitantes de las islas, con todos los bandos pertrechándose de cualquier objeto material que les sirva para intercambiar por bienes de diferente índole incluso cigarrillos, alcohol, fósforos, carne, carbón, etc. y así esperar a que pase la guerra. Su único objetivo es sobrevivir al conflicto, no hay en ellos sentimientos de heroísmo, ni fervor patriota, ni valores morales porque tampoco los han visto en quienes hacen un ejercicio biopolítico del poder y los han utilizado y han dispuesto de sus vidas enviándolos a esa guerra irracional a morir. El único sobreviviente, Quiquito (debiéramos observar aquí que el segundo nombre de Fogwill es Enrique), le cuenta a un escritor que ordenará y renarrará su testimonio : "La guerra es otra cosa. ¡Es método! Y ellos tenían método.[…] Los pilotos británicos traen raciones, bote inflable, pistola, largavista, billetes de diez y cien dólares, billetes argentinos, libras de ellos, libras de las islas, cortaplumas, birome, lápiz, pañuelos, chocolate, una radio chiquitita que emite una señal de auxilio… […] los soldados argentinos no tienen nada, ya no tenían nada antes de ser soldados."

Los soldados argentinos no eran tampoco un grupo homogéneo : "Brecelli había hecho una lista mental de las palabras y de las maneras de hablar y se las sabía de memoria: la recitaba y siempre le iba agregando cosas ; y cuando aparecía uno nuevo, mientras los otros le enseñaban cómo tenía que portarse, él les cantaba la lista: "al turco ‘Turco’ porque no es turco, es árabe; a Acevedo que es rosarino, porque es judío, se le dice ‘ruso’ o ‘rachan’ en inglés; a los judíos ‘hijos de puta’ porque escupieron a Cristo y ‘gracias’ porque le mandan cohetes a Galtieri, a Galtieri de acá, ‘Galtieri’ porque es muy boludo y se creía que íbamos a ganar; y a los forros ‘forros’ porque son forros y lo único que saben hacer es forrear…".

_ ¡Calláte forro…! – decía el santiagueño.

-Y qué querés, si no fuera forro, no estaría aquí entre tantos negros roñosos como vos – decía Brecelli, que era porteño.

Y haciendo cuentas, se veía raro que siendo en el país la mayoría de la gente porteña, allí la mayoría era de provincias. Entre los pichis, casi todos eran de provincia, y lo mismo entre los soldados, todos provincianos. El tucumano jodía a los forros diciendo que los del comando habían elegido mayoría de "cabezas negras" porque el porteño no sabía pelear… Pero pelear, pelear, en realidad nadie sabía."

El profesor, novelista y crítico literario Aníbal Jarkowski plantea que después de "Los Pichiciegos" proliferaron las novelas que hablaron de Malvinas, sin embargo esta novela fundacional de este tópico no se pregunta cómo se llegó a esta guerra, ni qué sucedió después, sino que se pregunta "¿qué fue – qué estaba siendo – esa guerra si se la desempañaba de valores trascendentales, es decir si se la desnudaba de las brumas de la solidaridad, el heroísmo, el patriotismo o la piedad? Y la respuesta es que queda sólo esto, la guerra; personas sin libertad y reducidas a dos comportamientos que al fin se corresponden: matar o intentar sobrevivir hasta que la guerra termine".

Otro escritor, el novelista mejicano Carlos Fuentes habla de las novelas que hacen referencia a hechos ocurridos verdaderamente en la historia de un país, y dice que más allá de ser o no "realistas" por corresponder o no a esa estética de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, iluminan desde otra perspectiva los hechos sucedidos, los iluminan otorgándole nuevos sentidos, les agregan cosas no despreciables a la hora de construir su interpretación. Y así sucede con "Los Pichiciegos", durante el relato de la guerra aparece el despliegue tecnológico inglés y como si fuera un show de "Gran Atracción" frente a la explosión y desintegración, borramiento o derretido en el aire de los Pucará argentinos, lo que abona la idea de la precariedad e imprevisibilidad de las fuerzas argentinas; la aparición de las monjas en el escenario bélico es a la vez una clara referencia a la desaparición de las monjas francesas Alice Domond y Leonie Duquet ; la incredulidad de los pichis acerca de cuántos muertos se le adjudican a Videla en la que dieron en llamar "guerra sucia", o si Santucho celebraba los 17 de octubre en Tucumán con trescientos Peugeots negros y Firmenich a los quince años "había amasijado a un presidente, se rajó y ahora tiene la guita loca", así como la mención a un médico argentino que hacía mucho tiempo había aconsejado a los jóvenes "dejar las ciudades y marchar a la sierras" en clara alusión al Che Guevara, hablan de todo un pasado y presente nacional evocado con aparente sencillez y hasta elaborada ingenuidad en el momento de la enunciación de la novela (1982 y publicada por primera vez en Argentina en 1983), en el que la tragedia de la guerra de Malvinas y la muerte de miles de soldados, entre ellos los de la ficcional pichicera, era posible por el contexto que la había precedido y sin que la novela mereciera la clasificación de histórica ni de "realista" en el sentido tradicional del término.

"Los Pichiciegos" mostró la cara de la guerra que en su momento no mostraron los medios, no sé si es una novela lo suficientemente leída, sí es una novela suficientemente recomendable.


Fogwill fue precursor en el tópico "Malvinas" como temática narrativa.


Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar


 
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