A partir del VIII Congreso Internacional de la Lengua, que mostró una actitud de considerar a la lengua española como objeto único y homogeneizado, se volvió a plantear con intensidad la problemática lingüística que vivimos los latinoamericanos. Este año la Organización de Naciones Unidas, ONU, declaró que era Año Internacional de las Lenguas Indígenas.
Respecto a la lengua buscan eliminar la consideración del "castellano americano" que incluye naciones y regiones con características propias. En España tampoco hay un idioma único sino el que impusieron los monarcas originarios de la zona de Castilla pero aún se habla el vasco, el gallego, el catalán. Sin duda hay políticas nacionales que buscan eliminar la identidad de distintos sectores sociales y especialmente defensores de esa identidad y esa libertad.
En Argentina tenemos idiomas originarios y otros introducidos por la intensa inmigración, esto no tiene una consideración importante en los proyectos educativos actuales. Las políticas educativas implican la participación de empresas e instituciones transnacionales que también aspiran a la disminución de los salarios docentes. El sector desvaloriza con críticas alevosas las organizaciones sindicales docentes y recorta becas y ayudas, desvaloriza la educación técnica desmantelándola como medida sin duda ligada al debilitamiento de la industria nacional que aplica el proyecto económico del gobierno.
La Facultad de Filosofía de Córdoba originó actividades llamadas "contra congreso" donde recordaron que Andrés Bello escribió el siglo pasado su valiosa "Gramática de la Lengua Castellana destinada al uso de los americanos". La mirada con identidad de las poblaciones incluye sin duda la profunda crítica a los monarcas explotadores y los explotadores actuales con enfoques desde sus intereses. El actual gobierno mejicano envió una carta a España sugiriendo al gobierno que la representa que pida perdón por los crímenes y atropellos realizados durante la conquista.
Un valioso autor latinoamericano del siglo XX, José María Arguedas, nacido en Perú defendió la cultura propia que buscaba sustituir la del colonizador "yo no soy un aculturado; yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz, habla en cristiano y en indio, en español y en quechua".



