A muchas personas les preocupa tener mala memoria porque suponen que es la primera señal de enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, debemos tener en cuenta que algunos tipos de problemas de memoria son serios, y otros no.
Envejecer conlleva una serie de cambios en todas las partes del cuerpo y el cerebro no está exento de ello. Por tanto, algunas personas pueden notar que les toma más tiempo aprender cosas nuevas, que no recuerdan información tan bien como lo hacían antes o que pierden objetos como sus anteojos o llaves. Generalmente, esas son señales de problemas leves de la memoria.
Los adultos mayores saludables tienden a necesitar más tiempo para aprender cosas nuevas o evocar recuerdos. Pero si disponen del tiempo necesario, pueden desempeñarse tan bien como las personas jóvenes.
Otros problemas de memoria están relacionados con asuntos de salud que posiblemente pueden ser tratados, como la ingesta de algunos medicamentos, el consumo crónico de alcohol, el déficit de vitamina B12, tumores, infecciones, problemas de la glándula tiroides, etcétera.
Los problemas emocionales como el estrés, la ansiedad o la depresión, pueden volver a una persona más olvidadiza y pueden ser confundidos con demencia. Frecuentemente, el atravesar un duelo, los primeros tiempos tras la jubilación, la pérdida de un trabajo o los conflictos en el seno familiar pueden generar problemas pasajeros, que pueden requerir la atención profesional en el ámbito de la psicología o la psiquiatría.
Sin embargo, existen problemas de memoria más severos: el deterioro cognitivo leve, la enfermedad de Alzheimer y demencias relacionadas, donde es imprescindible la consulta con un médico neurólogo.
La demencia implica la pérdida de autonomía de la persona y de su independencia de las actividades de la vida diaria como vestirse, asearse, manejar dinero, conducir un vehículo, entre otras cosas, con la consiguiente necesidad de contar con familiares, cuidadores o instituciones que se ocupen de atender en todas esas necesidades a la persona enferma.
La demencia, con su deterioro cognitivo y conductual asociado, no solo afecta al paciente sino también a su entorno familiar, laboral y social, al tiempo que representa un gran impacto para los sistemas de salud pública y privada.
Ocuparse de los trastornos de la memoria permite diferenciar los casos de posible tratamiento y eventual reversión, de aquellos que obedecen a trastornos neurodegenerativos progresivos que pueden conducir a alguna forma de demencia.
Si bien a la fecha no se cuenta con tratamientos curativos para las enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer, sí es posible desarrollar estrategias e instaurar tratamientos interdisciplinarios capaces de retrasar la aparición de demencia.
Dra Luciana Denegri, Médica Neuróloga - Neurofisiología (MN 114.036 MP 227.641)



