ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DE CAMPANA
Mucho antes de convertirse en lo que es hoy, la ciudad de Campana fue una estancia donde extensiones infinitas de tierras eran contorneadas por el inmenso Río Paraná, muchos dueños las poseerían pero ninguno trascendería como lo hizo el mercader andaluz Francisco Álvarez Campana que la adquirió en el año 1759 y le dio el nombre con el que la conocemos. Conocida como el "rincón de Campana", en el año 1860, los hermanos Eduardo y Luis Costa se la compran Don Ladislao Martínez Ximenez. Al principio la utilizan para la cría de ganado ovino y el cultivo de trigo, luego su privilegiada ubicación junto al ferrocarril atraen a varias empresas e inmigrantes. Una prueba de ello fue el frigorífico que instala Alfredo Dabble en el año 1855, el primero en el país, que hasta el año 1924 fue una gran fuente de empleo.
En el año 1874 comienza la construcción de la línea ferroviaria que conecta a Campana con Buenos Aires; un año después, los hermanos Costa le encargan al ingeniero Chapeaurouge realizar el trazado y el loteo de los terrenos lo que, consecuentemente, significó la creación de la ciudad; finalmente en el año 1876 se culmina la obra del ferrocarril que será utilizado por primera vez en un viaje inaugural que parte de la Estación de Retiro con funcionarios nacionales y los presidentes de los directorios de ferrocarriles a bordo. El 6 de julio del año 1885, la Ley Nº 1755 establece la separación de Campana de Exaltación de la Cruz, creando el partido de Campana.
JUAN MANUEL FANGIO ANUNCIA SU RETIRO
Corría el año 1958, en Reims se disputaba el Gran Premio de Francia de Fórmula 1, el experimentado piloto argentino se subió a su Maserati 250F abrumado por los miles de pensamientos que se agolpaban en su cabeza. Súbitamente un hecho haría que se esfumarán: los amortiguadores del auto no eran los mismos. Rápidamente fue con su mecánico para preguntarle el por qué de tal cambio, la respuesta fue simple: era un sponsor que había que usar sí o sí. Apenado Fangio retornó a su vehículo que se presentaba ante él como un desconocido.
La carrera comenzó con un Fangio encendido que, a medida que daba las vueltas, era apagado progresivamente por el voraz viento que impactaba como látigo en el Maserati: "a las 15 vuelta se me cayó y se me rompió el pedal del embrague; estuve corriendo, tal vez, como un principiante, porque no es fácil meter los cambios con un pedal deshecho". Sin embargo, no era un problema técnico, mucho antes de esto la chispa del corredor se había comenzado a extinguir; en una vuelta todos sus pensamientos borrosos se harían claros: "en una larga recta de Reims (1,5 kilómetros) se me vinieron de golpe a la cabeza un montón de pensamientos: los viejos, los compromisos, los organizadores, los apoderados. Llega un momento en que la gente lo endiosa y uno se siente, realmente, un dios. A lo largo de esas 45 vueltas, en que creía enloquecerme con el embrague roto, tuve tiempo de aferrarme a una idea principal: qué felices, me dije mil veces, podría hacer a mis viejos si dejara. Siempre pensaba cuándo llegaría el día en que podría juntarme, por fin, con mis amigos". El ganador de la carrera fue Mike Hawthorn con Ferrari, por su parte, Fangio terminó cuarto; el triunfo del inglés fue opacado por la trágica muerte del piloto italiano Luigi Musso y las palabras del piloto argentino pronunciadas en boxes: "no corro más; abandono definitivamente el automovilismo".
LOUIS PASTEUR PRUEBA LA VACUNA CONTRA LA RABIA
Un día como hoy en el año 1885, Louis Pasteur probaba por primera vez en un humano la vacuna contra la rabia. Josef Meister era un niño de 9 años que fue mordido por un perro con rabia luego de molestarlo con un palo; desesperada, su madre lo llevó al laboratorio de Pasteur ubicado en la calle Ulm de París, donde le suplicó que salvara a su hijo. A pesar de correr el riesgo de que el infante perdiera la vida y no tener una licencia médica que justificará la aplicación del líquido, Pasteur decidió vacunar a Meister y tratarlo durante 10 días con la vacuna. El tratamiento fue un éxito, el niño se salvó y el científico fue considerado un héroe. Un dato curioso es que Josef Meister trabajó en el Instituto Pasteur y hasta trató de impedir que los nazis irrumpieran en la cripta del científico.



