No es ninguna novedad que el entreno deportivo basado en la parte física y táctica dejó de ser suficiente hace ya mucho tiempo.
Los aspectos psicológicos de los deportistas llevan tiempo recibiendo el foco de atención de preparadores y clubes. Ya sea en cuestiones de liderazgo, gestión de las emociones (especialmente en lo que se refiere a la presión), team building o trabajar la motivación, entre otros, la parte mental del desempeño ha dejado de ser algo secundario o anecdótico.
Recientemente leíamos como una coach lleva tiempo trabajando con el equipo de Villa San Carlos, sobre todo en cuestiones referidas a debilidades y fortalezas de los participantes, para descubrir su potencial y mejorar sus resultados y metas. Y no es el único caso, el Banfield también se ha hecho con los servicios de diversos coaches ontológicos (más enfocados a la persona en su conjunto) para mejorar aspectos emocionales de sus componentes.
Pero, ¿qué es el coaching exactamente? En palabras de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina (APDA), "el coaching consiste en entrenar a una persona o grupo de ellas a través de conversaciones eficaces e intencionadas para movilizarla de manera exitosa hacia sus metas u objetivos". Así, la persona (o equipo) puede trabajar sobre sus valores, limitaciones o posibilidades, preparándose para evolucionar y/o aprender.
La fuente de sus conocimientos proviene, principalmente, de la psicología, lo que no significa que todos los coaches deban ser psicólogos, pero bebe de esta disciplina (y de sus diferentes vertientes), así como también de otras, como la filosofía o la meditación trascendental.
La aplicación del coaching tiene un gran número de ramificaciones. Un buen ejemplo son aquellas actividades o deportes que implican componentes intelectuales o de personalidad. Es evidente que no existe un solo deporte que no tenga estas características, pero existen algunos, que por sus requisitos de habilidad mental o de templanza, son casos evidentes. Podemos pensar en el póker o el ajedrez, entre otros, en los que la estrategia resulta decisiones. Y no solo la estrategia, también el control de los impulsos, el saber interpretar a nuestros rivales, la gestión de las emociones, etc. Aspectos que se trabajan con el coaching y con la práctica de la inteligencia emocional.
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Source: FC Cincinnati coaching staff, Photo by Hayden Schiff, License: CC BY 2.0
Este no es un fenómeno nuevo, aunque ahora tenga un nombre que empieza a popularizarse. El término de coach proviene del modo en el que se conoce a los entrenadores en Estados Unidos, y del papel pedagógico y de desarrollo personal que ejercen sobre sus pupilos. No siempre hemos conocido a estas figuras con este nombre, otros entrenadores han ejercido este rol; pensemos por ejemplo en los senseis de artes marciales. Sin ir más lejos, hace pocos días publicábamos un artículo sobre Renato Graziosi, un experto karateca, para el que la competición no es su máxima prioridad, sino el crecimiento personal de aquellos a los que entrena.
Una aplicación muy en boga en los últimos años de esta figura la encontramos en el sector empresarial. De este modo, son diversos los profesionales que han recibido formación de estos expertos para crecer en sus competencias y mejorar sus resultados para alcanzar metas de mayor rango en su vida laboral, ya sea trabajando para una empresa o como emprendedores. Al fin y al cabo, el terreno profesional implica una gran competencia, presión y un mayor conocimiento de uno mismo, así como la necesidad de perfeccionar nuestras habilidades y pulir aquello que es mejorable. Estas cuestiones pueden significar la diferencia entre evolucionar profesionalmente o continuar sumido en un mar de bajos resultados y presión psicológica.
De una manera u otra, diversos clubes han entendido que trabajar estos aspectos con la ayuda de profesionales puede suponer una ventaja competitiva respecto a sus rivales y un incremento en la satisfacción y el sentimiento de cohesión en sus equipos. Teniendo en cuenta la base científica de esta disciplina y la experiencia que se está consiguiendo en su implantación en diferentes deportes y múltiples países, no podemos obviar que aquellos gestores con la mentalidad más abierta van a hacerse con un punto extra respecto a sus competidores al desplegar los beneficios de esta intervención.




