"Medité en ese laberinto perdido: lo imaginé inviolado y perfecto en la cumbre secreta de una montaña, lo imaginé borrado por arrozales o debajo del agua, lo imaginé infinito, no ya de quiosco ochavados y de sendas que vuelven, sino de ríos y provincias y reinos..., pensé en un laberinto de laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros". --Jorge Luis Borges.
Desde el principio de los tiempos, los seres humanos han diseñado laberintos, ya fuera en las paredes de las cuevas, en los palacios cretenses, en los mosaicos de las villas romanas o en los jardines renacentistas.
Eran símbolos del cambio, de la eterna transformación, pero su significado real se perdió en la noche de los tiempos y acabaron convirtiéndose en meros divertimentos.
Los laberintos por todos conocidos como ejercicios visuales y mentales para enfrentar al ocio, son en realidad diagramas que se remontan a una historia inmemorable de la humanidad.
Desde hace milenios, este motivo se graba en la roca, se pinta sobre cerámica, se dispone con piedras en el suelo, se representa en mosaicos y se dibuja en manuscritos, entre otras manifestaciones.
Se pueden encontrar laberintos en antiguas monedas cretenses, en jarrones etruscos, en tumbas sicilianas, en anillos de oro indonesios, así como también en las joyas de los indios de Norteamérica.
Se tallaron laberintos sobre rocas españolas, inglesas y rusas, se dispusieron como mosaicos en el pavimento de las catedrales francesas y se utilizaron en la decoración de templos indios y de las mezquitas paquistaníes. También se recortaron en el césped de jardines ingleses y alemanes y se revistieron de piedra en Escandinavia, Rusia, India y Norteamérica.
El laberinto como símbolo mitológico ha variado en cada cultura como así también el uso que se le ha dado.
Su origen continúa siendo un misterio, ya que la ausencia de registros escritos hace que cualquier intento de explicar el significado de los primeros laberintos siga siendo motivo de debate, a pesar de encontrarse un patrón en particular en la mayoría de las culturas en diferentes momentos de la historia y en lugares sumamente diversos.
Luego de la conversión del emperador Constantino, el símbolo del laberinto fue traspasado del Imperio Romano al Cristianismo, adoptándolo como motivo del suelo de iglesias y catedrales. En algunas iglesias católicas es posible encontrarlos trazados en el piso, cerca del baptisterio, lugar dónde se bautiza a los nuevos fieles.
Estos lugares tan singulares fueron creados a medio camino entre el desafío intelectual más bizarro, y la curiosidad artística. Reverenciados y temidos desde la antigüedad, los laberintos han supuesto una auténtica trampa para incautos en muchas leyendas, ya que estaban repletos de pruebas de habilidad, además del reto que suponía lograr salir de uno de ellos. A veces incluso solían contener en su interior criaturas míticas, como minotauros antropófagos. Por si fuera poco perderse en ellos y no volver a salir.
Aunque todo esto forma parte de leyendas, desde hace siglos la admiración que muchas personas han mostrado por estos rompecabezas a tamaño natural, ha propiciado la construcción de laberintos en muchos jardines y lugares del mundo.
Caminos que no llevan a ningún sitio, paredes hechas con plantas, esculturas y bellas fuentes en su interior... Todo un desafío para las mentes más dispuestas, un buen lugar para pasar un rato agradable y unas verdaderas joyas arquitectónicas.
Algunos de estos laberintos son:
- Longleat, en el Reino Unido: Un laberinto de setos altos y verdes, de más de dos kilómetros de caminos y vericuetos.
- Reignac - sur - Indre, en Francia: Es el laberinto vegetal más grande del mundo. Sus paredes están hechas con plantas de girasoles.
- Mega Laberinto Davis, en EE.UU: La familia Davis, propietaria del lugar cada año construye un laberinto distinto, lo que lo hace una experiencia singular.
- Ashcombe, en Australia: Sus paredes miden más de tres metros de altura.
- Villa Pisani, en Italia: Es considerado como uno de los más difíciles y bellos del mundo. Se cuenta que Napoleón se perdió entre sus paredes de setos de boj.



