Tanto el equipo de Hernán Lacunza -forzado por la crisis actual- como en las evaluaciones del Frente de Todos, analizan cómo nutrir un lánguido equilibrio entre la oferta y demanda de dólares. A la par es preciso moderar la tendencia inflacionaria.
Los agrodólares no desembarcan en la city porteña y el FMI demora el último desembolso del préstamo prometido. Mientras tanto, llamativamente, el Banco Central no pudo evitar que un grupo de personas compraran más de los USD 10.000 permitidos en septiembre, entonces publicó sus nombres en un comunicado público.
Todos anhelan la calma financiera a la que nadie contribuye por motus propia. Las negociaciones -o los acuerdos que intentará poner en marcha el próximo gobierno- implican torcer el rumbo de una decisión tomada, cuidando el interés particular. No son gestiones sencillas. En ese aspecto Cambiemos sólo supo ceder; incluso ahora que se ve forzado a tomar medidas "transitorias" en contra de algunos intereses, no puede disuadir a los actores más grandes y persigue a los chicos. Un error de gestión ya visto.
El sector agropecuario no contribuye a la calma financiera, pese a que Cambiemos tampoco en la transición reunió fuerzas para imputarles retenciones. El gobierno macrista acortó el plazo -originariamente extendido- para la liquidación de las divisas provenientes de la exportación agraria con el anuncio del cepo light, pero los dólares nunca llegaron, entonces el pasado viernes 20 emitió un DNU donde exige la liquidación de los dólares a tiempo para que las grandes agrícolas puedan cobrar los reintegros (subsidios que otorga el Estado para facilitarles el pago de impuestos).
Los grandes conglomerados exportadores a los que el próximo gobierno buscará acercarse, a la vez que monitorear, son el de Vaca Muerta (exportaciones estimadas por USD 35.000 millones), la agroindustria (más USD 15.000 millones), la minería (USD 10.000 millones) y algunos sectores industriales y de servicios (con ventas estimadas en USD 10.000 millones). Los datos surgen de una exposición realizada por Matías Kulfas en el Coloquio Industrial de la UIA en San Juan.
El INDEC publicó los datos de comercio exterior la pasada semana. Las exportaciones argentinas crecen someramente (4% acumulado entre enero y agosto versus el año anterior) y las importaciones caen bruscamente (-27% acumulado), lo cual explica un saldo comercial superavitario de USD 7.700 millones en lo que va del año.
Las reservas internacionales del Banco Central, en tanto, cayeron en USD -5.200 millones en lo que va de septiembre. Un monto similar es el que el gobierno busca negociar con el Fondo: USD 5.400 millones del último tramo del préstamo.
Cómo lograr que el sector financiero contribuya a la estabilidad cambiaria es el gran interrogante de toda gestión económica de gobierno. La plena liberalización de la compra y venta de dólares no ha sido el camino, limitarse a un acuerdo con el Fondo tampoco. La estabilidad cambiaria es condición necesaria para la estabilidad de los precios domésticos en economías pequeñas y abiertas como la nuestra. La inflación en el rubro de alimentos, especialmente sensible a la cotización del dólar, dato que subestimó Cambiemos, alcanza al 60%. Debe desarmarse esa tendencia.
El equipo económico del Frente de Todos se muestra cercano a los representantes de las grandes, medianas y pequeñas industrias y a los actores del sector sindical; con ellos buscarán negociar aumentos escalonados de precios y salarios que apacigüen la inflación, mientras se regula al mercado cambiario. En las últimas horas se supo de la disposición de Alberto Fernández para aceptar la propuesta de los tenedores privados extranjeros de la deuda argentina, y también un posible acuerdo con el FMI, que acercó cierta calma al mundillo de las finanzas. Discutieron exponentes de la ortodoxia nacional en la Conferencia Anual de FIEL si finalmente habrá quita de deuda o sólo extensión en los plazos de pagos.



