"Desde la adopción del marketing urbano a las primeras ciudades en Estados Unidos y posteriormente en Gran Bretaña, se ha propagado su aplicación a un número mayor de ciudades. Durante este período se han generalizado las acciones de renovación urbana, la organización de grandes acontecimientos, la promoción urbana, la creación de agencias para su publicidad, etc. Todas ellas, medidas activadas con la finalidad de invertir las situaciones de crisis o estancamiento de muchas ciudades, las cuales evidencian que las administraciones asumen un papel emprendedor y comercializan la ciudad tratando de transmitir una nueva imagen y atrayendo nuevas actividades. Su evidente extensión a nivel mundial, así como los controvertidos debates y consecuencias de los procesos de venta de la ciudad, merecen realizar una aproximación y evaluación, en este caso desde la geografía, en la medida que la venta de la ciudad está asociada a la transformación espacial y la imagen urbana".
Empecé la reflexión de hoy con esta cita de Alejandro Armas Díaz, un doctorado en geografía que replantea la visión de la oferta de las ciudades. Kotler el pope del marketing, ya hace muchos años establecía la hipótesis de la ciudad como un producto a vender. La atracción de inversiones y nuevas actividades productivas era para él un ejercicio de puesta en el mercado de las expectativas inversoras, un espacio físico, territorial y social con sus activos más importantes. No solo la oferta de suelo sino la oferta de mano de obra calificada, servicios de operatividad, servicios técnicos, exenciones, ventajas comparativas y oportunidades de comunicación y conectividad.
Era otro momento de la historia, donde la localización hacia a la actividad por un sinnúmero de oportunidades.
En la actualidad la localización, y el espacio físico son una de las condicionantes menos valiosas dentro de las múltiples cuestiones a considerar, y eso pone a las ciudades frente a la circunstancia de repensarse y reordenarse en esa propuesta de marketing. Se trata de un desafío muy complejo que obliga a una estrategia de planificación física, social y productiva convergente.
En el libro "El fin del trabajo" de Jeremy Rifkin se plantea que las innovaciones tecnológicas y las fuerzas del mercado nos están llevando al borde de un mundo carente de trabajo para todos. Las ciudades cambian, y nuestra ciudad también como consecuencia natural de un proceso de nuevas expectativas y oportunidades.
Cuando nació Campana, el modelo de apropiación del espacio industrial era mano de obra intensivo. Esto significaba que las actividades productivas ocupaban mucho territorio, y generaban un fuerte impacto económico y social. La captación de mano de obra y su capacitación implicaba una necesidad de radicación por cercanía y eso derivaba necesariamente en un crecimiento de la población y el desarrollo de la ciudad, sea este extensivo o intensivo según la disponibilidad de suelo y servicios.
Lo cierto es que nuestra ciudad creció al concierto de este modelo de crecimiento y radicación industrial. Pero ese modelo cambió, y la visión romántica y nostálgica de ese pasado es para nosotros un ancla muy fuerte en el imaginario social. Las industrias se tecnificaron, el personal ocupado disminuyó, la situación productiva mutó de industrial a portuaria y logística y la cuestión del espacio también cambió con la preservación de los humedales y la incorporación de la variable ambiental y así estamos en un escenario diferente donde esperar una industria que ocupa 5000 operarios, sobre un suelo inundable a rellenar, destruyendo un humedal o una cuenca de inundación, es una utopía y donde la mutación de los criterios productivos se ve jaqueada además por políticas nacionales que complican el empleo y la producción industrial. Esto nos pone al menos en una encrucijada de reformular nuestra planificación urbana y revisar nuestro marketing urbano.
En un momento tan difícil como el actual, coexisten al menos tres estrategias necesarias para recuperar el trabajo, sin que eso elimine o anule otras opciones. Una, es al menos recuperar la actividad caída, otra es alentar el crecimiento de las industrias ya instaladas y otra es repensar la ciudad desde nuevas perspectivas, con propuestas posibles de nuevas actividades, por ejemplo, industrias del conocimiento o el turismo.
Observemos que en las dos primeras alternativas la componente más importante es el factor externo, las políticas productivas nacionales o provinciales, pero en el último punto la cuestión es fuertemente local, y es allí donde debemos hacer un gran esfuerzo de pensamiento y acción.
Nuestro plan urbano debe partir de ese debate sobre el verdadero destino productivo actualizado de nuestro territorio, como base para el crecimiento y una nueva organización social.
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



