Mi madre fue visionaria y fue quien tuvo las ideas más claras para salir de una condición estructural y evitar así la reproducción del modelo familiar de mi padre y el de ella misma. En cada familia se necesita de alguien que tenga sueños, proyectos de vida y empuje.
Mis padres no tenían terminada ni la primaria, provenían de familias muy humildes y numerosas, "los condicionantes existen pero no siempre son determinantes". A mi padre le llevó años aprender oficios, primero albañilería y luego soldadura, antes de esto anduvo en carro cirujeando e hizo numerosos trabajos. Mi madre trabajó toda su vida y aún más en su rol de ama de casa siendo ella la más influyente en nuestra educación, motivadora y exigente en los buenos hábitos (higiene, estudios, vida sana, trabajo, Fé) La construcción de la casa demandó prácticamente de una vida, dejar el Barrió San Felipe, edificar en aquel terreno que era una laguna, la hiperinflación de 1989, 6 hijos, la crisis del 2001 y mi madre que aun estando embarazada también ayudaba en la construcción de la casa, con unas ganas y un anhelo de progresar que le generó en consecuencia destruírse la columna. Mi padre muy trabajador, el recuerdo de verlo armándose las bicicletas, poniéndose la capa amarilla cuando llovía a cántaros, dos horas antes del horario preparándose para ir a la fábrica, metiendo horas extras y destacándose para conservar el puesto de trabajo. A diferencia de mis padres nosotros tuvimos acceso a la educación y no lo desperdiciamos (no fue magia ni fácil) y pudimos recibirnos, otros no siguieron carreras pero tienen sus trabajos. En la vida todo implica sacrificio, prohibiciones, prioridades, apoyo familiar, constancia y perseverancia cuando se es pobre.
Es llamativo como los seres humanos manifestamos conductas, actitudes y posturas que (lejos de sumar) dejan en evidencia nuestras carencias.
Siempre me alegro de enterarme de logros de gente que la remó de abajo, que pudieron alcanzar movilidad social, incrementar el capital cultural y superar adversidades para brindarles a sus familias mejor calidad de vida.
Lo cierto es que hay una ecuación en la actualidad que predomina cada vez más "A mayor cultura, mayor soberbia", y esto no debería de ser así.
Mucha gente se avergüenza de sus orígenes, de sus familias por el simple hecho de ser pobres. Existe un flagelo más degradante y es "La pobreza mental", estar vacíos e infectados por la codicia, la avaricia, el individualismo, la envidia y la competencia.
Es muy notorio ver a personas que pudieron recibirse (o cursan) en alguna carrera terciaria, universitaria o tecnicatura o terminaron un breve curso y "se la creen". Otros se atribuyen títulos que no tienen, yo valoro el esfuerzo de chicos y chicas que trabajan, ayudan a sus familias y costean sus estudios. Gente de barrio que tuvo la suerte de entrar en una multinacional, están bien económicamente pero se olvidan de su procedencia, de su familia y se vuelven "caretas pedantes". A otros el cargo jerárquico, (ser jefes o encargados) los vuelve autoritarios y alcahuetes, maltratan al prójimo para aumentar su autoestima. Es tan superficial el ser humano que tener un auto los puede cambiar, ir de vacaciones o ir seguido a un shopping. No asumir la clase social para algunos es traumático llegando a niveles avanzados de mitomanía. Otros tienen mucho dinero pero se encarnan en la vida de un pobre trabajador por temor a robos, una doble vida ligada a la supervivencia y a la acumulación obsesiva, viven mal y no pueden disfrutar nada, no tiene paz. Algunos amigos y conocidos se han ensamblado en "nuevos grupos" y ya no se los ve en la cancha del barrio porque no juegan en el potrero, se comportan como jugadores de primera división. La noche también refleja algunas particularidades, los sábados podemos ver: exhibicionismo, celulares, conversaciones huecas, separados y separadas volviendo a la adolescencia, vicios, giros circulares y los chicos de la barra aferrados al oficio de barman. Hay que desterrar "La cultura del vivir de arriba, de venderse y la ley del mínimo esfuerzo"
Entonces yo celebro a quien te ama y te elige todos los días por lo que sos y no por lo que tenés. Felicito a quienes vivieron la pobreza y tienen un corazón solidario.
Me gratifica conocer gente que tiene títulos y dinero y es sencilla.
Me inspiran los profesionales que trabajan desde la vocación y están al servicio de quienes más lo necesitan. Me ofende y me repugna la solidaridad que se practica con el fin de la vanagloria y la demagogia. El mundo va a seguir empeorando si seguimos reproduciendo "El modelo de las apariencias", de buscar relaciones afectivas especulando con la ventaja y el beneficio, en muchos casos obrar así ha sido motivo de la destrucción de matrimonios y de familias. (de eso no se vuelve más y todo se paga)
Es necesario replantearse y reflexionar, ¿qué le estamos enseñando a nuestros hijos? Es tiempo de reivindicar la "cultura del trabajo", "el ganarse la vida en forma decente" y "el respeto". Si comprenderíamos que sin nada hemos venido y así nos iremos. Hay que tener conciencia de clase, no "ser pobres con ideología derecha", o comunistas que despotrican contra el sistema capitalista y nunca hicieron nada por nadie, son solo intelectuales de escritorio, repitiendo el marxismo de oído pero se dan la gran vida en el neoliberalismo. No basta con señalar a políticos que son el ejemplo de lo que no se debe hacer. En la posmodernidad la belleza estética tiene más oportunidades que el intelecto. Corrupción, acomodos, infidelidades y la traición es moneda corriente, completamente naturalizado, esta es la sociedad que tenemos. El futuro son nuestros hijos que nos están observando todo el tiempo, tendríamos que ser "referentes", figuras fuertes para ellos en límites y en amor. El camino fácil busca el propio afán, de esa forma de vida no se puede aprender nada productivo y es muy difícil que con "esos modelos de crianza" los hijos puedan revertir los malos ejemplos, sigo creyendo en las excepciones, no son utopías, la base de todo radica en la educación, se siembra lo que se cosecha y entre todos podemos aportar nuestro granito de arena. En una sociedad donde "es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio", mucha gente juzga por el aspecto y discrimina a las personas subestimándolas de inferiores sin pensar que cada persona tiene su historia, su mochila y que todos tenemos distintos dones y talentos. "El éxito se conquista con la ayuda de los que te ayudan, a veces premia el talento y otras veces llega por el esfuerzo que hacemos para disimular lo que no tenemos".



