125 ANIVERSARIO CREACIÓN PARROQUIA SANTA FLORENTINA - 13 de octubre de 2019 - Año I - Edición Nº 48
ASI SE CONSTRUYÓ LA CAPILLA DEL CARMEN
Puede decirse, sin llegar a equivocarse, que la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Campana, comparte su origen con una parte de la historia de la Iglesia Santa Florentina. Veamos por qué.
La llegada de la empresa Dalmine a Campana, en el año 1954, hizo que la población creciera trayendo consigo numerosos problemas pastorales. En ese entonces había un solo sacerdote en la ciudad, el padre Luis Vicente Roza, párroco de la parroquia Santa Florentina. Viéndose obligado a buscar soluciones a esas cuestiones, organizó una gran misión, contando con la valiosa ayuda de muchos laicos
Ésta se lleva a cabo en el año 1955 y como recordatorio quedó emplazada en el cruce de la entonces ruta doce y la avenida Ugarte (hoy Balbín) una cruz con el mensaje "Salva tu alma".
Las semillas sembradas durante la misión cayeron en tierra fértil, dieron frutos y nacieron "centros misionales". Uno de ellos se formó en la zona que por entonces era conocida como "Quinta de Viboud". Aquí eran muchas las familias que deseaban conocer y practicar la Palabra de Dios.
Llegado el año 1962, el reverendo padre Roza decide construir una capilla en el lugar y encomienda para ello a la Asociación de Mujeres de la Acción Católica (A.M.A.C.) de la parroquia Santa Florentina, la tarea de conseguir un terreno para comenzar a concretar este anhelo. Las Sras. Blanca de Márquez ( presidente de A.M.A.C.), María Crosio de Gaviglio, Elsa de Oderda y Catalina de Rinaldi, entre otras, ponen manos a la obra. Trabajo y generosidad hicieron que el proyecto se llevara a cabo. Prudencia S. de Meliá y su esposo, Francisco Meliá donan los terrenos ubicados en la calle Pueyrredón (a pasos de la esquina Ugarte), con la condición de que la capilla fuera puesta bajo la advocación de Nuestra Sra. del Carmen, de la cual la Sra. era muy devota. Es así como la quinta de Meliá pasa a conocerse como Villa del Carmen.
Había que recaudar fondos para comenzar a construir la capilla. Todos incansablemente ofrecían su tiempo y su trabajo. Doña María y doña Catalina tuvieron a su cargo la organización de la colecta, anotando en la libretita hasta los centavitos que cada uno iba dando. Organizaron además kermeses y rifas. El Sr. Vázquez, vecino del lugar, colaboró infatigablemente donando lechones, pollos y cajones de fruta, para que fueran sorteados.
Surgen nombres de otros valiosos colaboradores, tales como los de Luis Cerato y Ángel Gaviglio. Éstos recogían en automóviles todo lo que la comunidad podía donar: diarios, botellas y otros elementos varios y con el producto de estas ventas compraban materiales de construcción. La capilla comienza a hacerse realidad y cuentan los hijos de José Bruno, que éste (su padre), junto con Miguel Novak y Ernesto Bonora, después de terminar su jornada de trabajo, tomaban un café y salían con el balde y la cuchara de albañil hacia el lugar donde se estaba levantando la capilla.
Ellos colocaron el piso de mosaicos que actualmente se encuentra en la capilla diaria y que fuera donado por el Sr. Gasparini, dueño de una fábrica de mosaicos y vecino de Miguel Novak. No sólo se trabajaba en la parte material, lo espiritual no fue descuidado en ningún momento y relataba la Sra. Raquel Pretto que Doña Catalina enseñaba catecismo en su casa e iba ella misma "de casa en casa" a buscar a los niños. Además se recolectaba ropa, alimentos y golosinas para ofrecerlos a las criaturas de escasos recursos.
El sueño del padre Roza se iba haciendo realidad. No pudo este sacerdote ver concluida su obra ya que falleció el once de junio de 1964, pero su espíritu inquieto y emprendedor movió voluntades y ella se materializó tiempo después.
Allá, por el año 1973, llegan a la Parroquia Santa Florentina, los padres salesianos quienes realizaron una tarea fructífera y dejaron una huella imborrable en toda la feligresía.
Para el trabajo pastoral en nuestra capilla, hoy parroquia Nuestra Señora del Carmen, es designado el padre Plácido Aviles que era un sacerdote bonachón con un carisma muy especial que supo conquistar a la comunidad y sobre todo a los niños. Junto a él, trabajaron muchos laicos sin descanso y con gran amor.
De esa época se rescatan anécdotas y recuerdos que son narrados por la señora Raquel Rubén de Gariglio, "Pochi" como todos la conocen (así la llamaba incluso el padre Ernesto Butano) Recuerda ella que venía con sus suegros don Ángel y doña María Gariglio en la época en que Doña María enseñaba manualidades y doña Catalina catequesis. Con la llegada del Padre Avilés y a su pedido, Pochi, comienza a dictar clases de catecismo, preparando a niños y adultos para comunión y confirmación. Su suegro los traía en una camioneta de reparto de fiambres hasta la ruta doce y Ugarte (hoy Balbín); las calles eran de tierra y los días de lluvia se hacían casi intransitables.
Como en aquella época no había libros de catecismo tan completos como en la actualidad, las catequistas adquirían libros en la editorial San Pablo y con la información que recibían preparaban material para sus clases. Grandes y chicos anotaban es sus cuadernos los conceptos que se les impartían. Asistían más de cuarenta niños quienes vivían en zonas aledañas a la capilla y en el barrio Banco Provincia, San Felipe y en de la zona baja del cementerio. Por falta de mesas y sillas se utilizaban los bancos de la capilla.
Recopilación del libro "30 años de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen"
Don Luis Cerato instalando la campana en el nuevo templo
SINODO DE AMAZONIA - MODELO DE DEFENSA DE LA VIDA, LA TIERRA Y LAS CULTURAS
El Papa Francisco convocó al Sínodo Amazónico para que en este mes de octubre trabaje bajo el lema "Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral". Sínodo significa: Caminar juntos en Asamblea, escuchando, aprendiendo, dialogando entre todos.
La Amazonia abarca nueve países de América Latina y concentra más de un tercio de las reservas forestales del mundo y es una de las mayores reservas de biodiversidad del planeta, donde viven casi 38 millones de personas de los cuales 2,8 millones son indígenas, muchos de ellos viviendo en pequeños grupos aislados y carentes de elementales medios para una vida digna.
Esperamos que la sabiduría y conocimiento de esos pueblos acerca de la armonía que el hombre guardar con Dios y la naturaleza, se exprese en el Sínodo y también la riqueza del proceso de inculturación del Evangelio en las civilizaciones y culturas originarias de América
El Papa Francisco, en la Misa inaugural del Sínodo nos decía: "La Iglesia no puede limitarse en modo alguno a una pastoral de ´mantenimiento´ para los que ya conocen el Evangelio de Cristo. El impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial. Sin embargo, cuántas veces el don de Dios no ha sido ofrecido sino impuesto; cuántas veces ha habido colonización en vez de evangelización. Dios nos guarde de la avidez de los nuevos colonialismos. El anuncio del Evangelio es el primer criterio para la vida de la Iglesia: es su misión, su identidad". Por eso nos pide: orar, rezar mucho, reflexionar, dialogar y escuchar con humildad.
Desde nuestros lugares acompañemos este esperanzador acontecimiento de nuestra Iglesia, informándonos, tomando conciencia, involucrándonos, movilizándonos, cambiando conductas y unidos en oración pidamos cotidianamente al Señor por los frutos del Sínodo en su propósito de convertirlo en un modelo de defensa y desarrollo de la vida, la tierra y las culturas.
Papa Francisco y representantes de pueblos originarios en el inicio del Sínodo de Amazonía.



