El signo de nuestra época es la urbanización creciente. Las ciudades crecen, de formas variadas, por desarrollo interno o por desarrollo extraurbano, pero el denominador común de la época es que cada vez más gente se nuclea en centros urbanos.
Esto deriva de las comodidades, los servicios y la oportunidad de más opciones, además de generar más consumo de recursos y producir más residuos, subproductos de la decisión gregaria de la sociedad. Así la tarea del urbanismo se empieza a revelar como central para el manejo de las crisis que se ciernen sobre este fenómeno de crecimiento de las ciudades.
El crecimiento de la población es exponencial. Basta con analizar los números gruesos, entre el primer cuarto del siglo pasado y la actualidad la población mundial se triplicó, de 2.500 millones pasó a 7.500 millones de habitantes. En 1925 sólo el 13% de la población vivía en ciudades mientras que hoy lo hace más del 50%.
Cito las palabras del Arquitecto Augusto Penedo, presidente del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo de Buenos Aires, quien observa que el crecimiento de las ciudades es inevitable. "Se debe perseguir que la ciudad crezca de la manera más igualitaria posible, que sea democrática y sustentable. Es decir, que no comprometa recursos naturales, físicos y medioambientales que compliquen la vida a las generaciones futuras".
Hay mucho por hacer. La última Cumbre de París, que tuvo como premisa "salvar al planeta", dejó más dudas que certezas. De las recomendaciones de su texto final, 134 de ellas están encabezadas por una manifestación de deseo condicional, "se debería".
Penedo dice: "Todo se relativiza, no hay unidad en las posturas y, lo que es peor, no hay un compromiso mayoritario. En definitiva, quedará librado a la manera en que lo asuma cada país". Pero lo interesante es que, en esa Cumbre de Paris, se adjudica una responsabilidad directa a los Intendentes, y responsables municipales. La cuestión de los recursos renovables, la planificación urbanística como rector central, la profesionalización de los cuerpos técnicos y el control de la gestión urbana son los aspectos centrales de esta cumbre.
En América se destacan los esfuerzos de ciertas capitales como el caso de Vancouver que recogió el guante y desarrollo una política integral de control de gestión, de recursos y residuos, además de una política energética activa. Es obvio que la primera observación es que estos criterios no son extrapo-lables a ciudades de países con escaso desarrollo o en crisis cíclicas como el nuestro. Sin embargo, siempre surgen los ejemplos emblemáticos de Brasil. En América Latina, la ciudad de Curitiba, al sur de Brasil, marca un rumbo en esta línea. Las acciones se enfocan en el transporte y planeamiento urbano. También en el estado de Pernambuco, se levanta la primera ciudad inteligente del país, Arena Pernambuco, en un área de 240 hectáreas que se adapta a la tendencia verde con el ahorro de energía mediante fuentes alternativas.
Según Gabriela Koolen, "maximizar la cantidad de espacios verdes para producir oxígeno, eficiencia energética en el transporte, aprovechamiento de los recursos de la zona para abastecerse y la reutilización y reciclado de residuos son algunas de las pistas para pensar las ciudades del futuro".
Varias veces he referido a ejemplos de urbanización integral, pero me gustaría citar a Heriberto Allende, Arquitecto y urbanista, estudioso de la realidad de la planificación urbana actual, que nos recuerda que durante mucho tiempo las tendencias en urbanismo tenían que ver con obras grandilocuentes y de macro escala. Champs Elysées en París, la avenida 9 de Julio en Buenos Aires, o la Alameda en Santiago, por ejemplo. Dice Allende, "Hoy los parámetros de intervención son otros. Los problemas de las ciudades tienen que ver con la marginalidad, la debilidad económica, la generación de empleo y la fragilidad ambiental. En este contexto, el criterio que domina las intervenciones es el de la sustentabilidad: económica, social y ambiental.
Finalmente, la arquitectura y el diseño urbano deben aportar al desarrollo social, y al mejoramiento de la calidad de vida, trabajando sobre las áreas de menores recursos, generando mejoras en la movilidad, en la Educación, en la recuperación de los espacios públicos, en la creación de espacios verdes recreativos utilizables, en la provisión de servicios de calidad, y en la gestión de planes urbanos participativos, donde la cuestión resulta en la apropiación social de la ciudad como un patrimonio personal.
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



