Como es sabido toda política económica significa, entre otras cosas, establecer cómo se distribuye la riqueza generada en un país. Durante el período del gobierno anterior claramente se vio cómo una minoría de los grupos económicos concentrados se apropió de la mayor parte de esa riqueza y que a la gran mayoría de la población le tocó muy poco y a muchos prácticamente nada.
El actual gobierno intenta en alguna medida revertir esta situación encontrándose con la férrea postura de quienes fueron los grandes ganadores de la era macrista quienes no están dispuestos a resignar ni una mínima porción de sus ganancias para que una gran cantidad de ciudadanos de esta nación comiencen a mejorar un poco su situación desesperada.
Mucho se habla de la presión impositiva midiéndola de acuerdo al monto que se paga cuando lo que verdaderamente importa es relacionar esos montos con la capacidad contributiva de quien lo abona, es decir qué porcentaje de sus ingresos insume su pago.
En este sentido la ley impositiva para este año propuesta por el gobierno de la Provincia de Buenos Aires establece incrementos segmentados para que los que más tienen sufran aumentos mayores y por consiguiente sean menores para quienes tienen menos.Esto ha provocado una feroz reacción de los derrotados en octubre. Así vemos que desde los medios hegemónicos los autodenominados periodistas independientes han puesto el grito en el cielo revelándose, una vez más, como verdaderos voceros de las elites económicas. Es un error creer que sus patrones los obligan a decir lo que dicen sino que en realidad son contratados precisamente por decir lo que dicen.
Es llamativa esta virulenta reacción ante medidas que si bien apuntan a lograr una mejora en la distribución de la riqueza, son de incuestionable tibieza y presagian mayores dificultades cuando el gobierno decida seguir avanzando por el camino iniciado.
Lo que no debe extrañar es la decidida actitud obstruccionista de la hoy opositora alianza Juntos por el Cambio que en realidad no cambia ni cambiará. De este proceder, la designación de Patricia Bullrichcomo presidenta del PRO ha sido una clara señal.Tengamos en cuenta que es declarada gran admiradora del presidente brasilero Jair Bolsonaro a quien trata de imitar como lo ha demostrado desde hace un tiempo en su gestión como ministra de seguridad.
Fiel a su modo de hacer política Juntos por el Cambio niega hoy la gobernabilidad que hace cuatro años le reclamaba a la oposición de aquella época subrayando que habían ganado una elección, negando el hecho incontrastable de ser ellos mismos quienes provocaron la profunda crisis en que se encuentra el país. No es que no vean la realidad, el problema es que no les importa un pito.
La oposición es consiente que gracias a la excusa de la gobernabilidad consiguieron en su momento que parte de la anterior oposición y que hoy integra el frente gobernante les aprobaran leyes que les permitieron iniciar el camino que irremediablemente condujo a la desesperante situación en que se encuentra la mayor parte de la ciudadanía
Estas actitudes ratifican que quienes fueron beneficiados durante cuatro años y como algunos dicen la juntaron con pala, no están dispuestos a que les sean recortados esos privilegios, ni siquiera en lo más mínimo.
Como dijo alguna vez el poeta, novelista y cantautor canadiense Leonard Norman Cohen, "A veces uno elige de qué lado estar simplemente viendo quiénes están del otro lado."



