La Campana de los 70’s supo tener a una de las bandas más grandes de Chile tocando en sus clubes, un suceso que marcó la vida de Darío Cardade. Exilios forzosos, dictaduras con anhelos de eternidad y amistades deudoras de construcciones faraónicas.
Suele ser difícil abstraerse de la vida cotidiana, la cual pareciese que tiene un orden rígido e inmutable. La rutina mal llevada puede convertirse en eso: una serie de actos repetitivos, un mundo que tiene una sola forma. Pero si uno observa en detalle, la imagen cambia. Las cosas pasan a tener vetas, historias, interpretaciones.
La historia de Darío Cardade (60) y la música se puede leer en ese sentido. Es corpulento, fornido. Tiene la voz gruesa tapizada por el cigarrillo, y ojos claros, celestes. Cuando habla de música se iluminan. No son sólo recuerdos, mantiene el fuego de quien sigue proyectando futuros trabajos y nuevas creaciones. En la casa hay instrumentos de todo tipo, desde un cabaquinho hasta quenas y elementos de percusión, pero lo suyo es ante todo la guitarra y el charango.
Fue la secundaria la etapa clave que lo moldeó como músico. Comenzaba 1970 y la denominada "Revolución Argentina" que había derrocado al radical Arturo Illia gobernaba el país desde 1966. El mandato del general Lanusse iniciaba una obra monumental para la época: el puente "Zárate -Brazo Largo", que llevaría cinco años de construcción y significaría una conexión directa entre Buenos Aires y Entre Ríos.
La gran demanda de obreros trajo una importante camada de trabajadores bolivianos a la zona, de los cuales muchos se asentaron en las afueras del casco céntrico campanense. Fue así como en el secundario Darío conoció a Rubén Bracamonte y a su hermano Ebelio, hijos de uno de los obreros de la obra.
Darío era uno de los pocos que conversaban con los recién llegados. Muchos elegían la discriminación o simplemente el reparo. Rubén traía consigo un vasto conocimiento de la guitarra y el charango, y con Darío empezaron a pasar tardes enteras entre cigarrillos y cuerdas.
Rubén dictaba, Darío seguía. No tardaron en desarrollar un escueta pero preparada tanda de canciones que paseaban por las peñas de la zona. Darío absorbía rápidamente un caudal de información que sería sólo un cuenta gotas de lo que vendría después. No sólo lo se desarrolló en la guitarra si no que se aventuró al charango, un instrumento que para el momento era muy propio de la comunidad andina. Rubén no era partidario de la idea de enseñarle: "Después de las guitarreadas se dejaba el charango en casa y tocando las cuerdas al aire fui aprendiendo de oído. Él no quería que lo haga, cuando él tocaba lo hacía de costado para que no lo pueda ver. Sentía que invadía algo de su cultura. Cuando le encontré la vuelta me di cuenta que era mucho más fácil que la guitarra".
A su vez, el virus de la dictadura se expandía de forma rápida por el continente tomando tintes cada vez más sangrientos y totalitarios. Corría 1973 y en Chile el primer gobierno socialista elegido por vías democráticas en el mundo caía en manos de un golpe de Estado efectuado por las Fuerzas Armadas en colaboración con la CIA. El presidente de facto, Augusto Pinochet, ponía en marcha una persecución sistemática a cualquier tipo de disidencia de izquierdas.
El exilio fue masivo. Entre 1973 y 1990 se contabilizarían 200 mil chilenos que dejaron su país por razones políticas. Entre ellos se encontraban "Los Jaivas" banda chilena pionera de rock folk que combinaba instrumentos folklóricos chilenos con el rock psicodélico y progresivo. El grupo terminaría eligiendo como destino la Argentina, más precisamente la vecina ciudad de Zárate, para poder continuar con sus actividades.
Darío desconoce la razón de la elección del destino. Recuerda que era un colectivo de unos 36 artistas entre músicos, dibujantes y poetas que conformaban y alimentaban la banda y que paraban en una quinta de un importante productor artístico de la zona que a cambio de tocar en sus locales, les permitía quedarse.
Fue al poco tiempo de instalare que sumaron a su amigo Rubén Bracamonte en el charango, lo que significó también la entrada de Darío, que seguía a su amigo a donde fuera que vaya: "Nos quedábamos con la boca abierta de todo lo que sabían. Tenían otra educación, otra cultura. Nosotros éramos más básicos. Ellos estaban formadísimos".
Los chilenos no eran muy abiertos a socializar con extraños y Darío se conformaba con mirar desde un lugar privilegiado un mundo diferente que no dejaba de fascinarlo. El choque con ese fenómeno significó un antes y un después para él. "Los Jaivas" rescataban el folklore de las viejas tradiciones para deformarlo y traerlo a nuevas generaciones. Comenzó a visualizar otra profundidad en la música y a contagiarse del fuego creativo que esa comunidad de artistas emanaba.
La banda era un suceso totalmente diferente a lo que se acostumbraba a ver en la zona. No sólo era la música: traían consigo equipos de sonido y juegos de luces propios de otro mundo. Darío asegura que la huella de su paso se podía constatar hasta hace no muchos años en el edificio 6 de Julio, donde los tachos de iluminación todavía tenían el papel celofán que ellos habían preparado en un recital para generar un juego de colores en el escenario.
Comenzaron a ganarse un nombre en la zona y a encargarse del sonido y las luces de los eventos importantes que venían de la Capital. Fue así como los conocieron "Sui Generis" y el sello EMI. La banda de "Charly" García y "Nito" Mestre se presentó en el club Independiente donde además de hacer sonido y luces, "Los Jaivas" telonearon. Todos quedaron impresionados. Tanto fue así que EMI comenzó tratativas para negociar la grabación de un disco con el grupo y "Sui Generis" los volvió a contratar para hacer luces y sonido en la mítica despedida de la banda en el "Luna Park": "Los shows en Argentina cambiaron gracias a ellos", afirma Darío.
Los chilenos terminarían instalándose en el barrio de Belgrano, en la Capital Federal, para estar más cerca del sello con el que finalmente habían firmado. Mientras tanto, una tormenta se desataba en la Argentina. Perón había muerto dejando la presidencia en manos de su esposa, María Estela Martínez. La tensión crecía de forma exponencial segundo a segundo entre facciones de la izquierda y la derecha política, tensión que desembocaría en la etapa más oscura de la historia del país, con una nueva dictadura encabezada por Jorge Rafael Videla. Los planes de la banda en la Argentina debieron pasar a segundo plano: el exilio era inminente.
Sería la discográfica la que les terminaría consiguiendo una tanda de shows en cruceros por Europa, la excusa perfecta para partir. Irían todos, incluido Rubén. Pero antes de emprender el viaje decidió hacer una escapada a su tierra natal, escapada que terminó prolongándose una vida. Cuando se encontró con su gente, no se fue más.
Para Darío fue un golpe en seco. Los dos fenómenos que se habían cruzado en su camino para contagiarlo de música, ahora seguían su rumbo. Rubén se asentaba en Bolivia para formar familia y "Los Jaivas" se iniciaban por Europa. Paulatinamente la música empezó a tomar un rol secundario en su vida, tendencia que se acentuaría con la llega de su primer hijo a los 22 años: "Tuve que aprender que la noche no se lleva con el trabajo y la familia", cuenta.
Sin embargo, continuó tocando la guitarra y el charango con sus amigos y más allegados y cultivando la pasión por el género. La impresión que dejaron los chilenos en él sigue tan viva como en ese momento: "Hacían folk rock enserio. Pasaron 40 años y todavía no hay nadie que haga lo que hicieron ellos".
Actualmente está equipando un cuarto en su casa con todo lo necesario para hacer música. Vive con el charango a mano y se sigue hablando con Ricardo y Ebelio Bracamonte. El primero tuvo familia en Bolivia y conformó una banda de folklore con sus hijos. Ebelio se pasea por Latinoamérica con su mujer haciendo música callejera.
A veces logran coincidir con Darío y vuelven a zapar entre charango y guitarras. Entonces el paso del tiempo se olvida y la música vuelve a unir lo que en realidad nunca se separó.
"Los Jaivas" circa 1970. Los chilenos supieron combinar el folklore con el rock progresivo como nadie.



