Buenos Aires, (NA)- La protesta social, que el presidente busca por todos los medios evitar que se salga de cauce, detonó el primer cambio de gabinete del gobierno de Néstor Kirchner, un año y dos meses después de su asunción en la Casa Rosada.
El jefe de Estado se convenció de que un cambio a medias era poco aconsejable, y optó por aplicar el bisturí a fondo y de una sola vez, en la estratégica cartera de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos.
Disconforme con la forma en que Norberto Quantín había manejado el operativo de seguridad ante la protesta piquetera del jueves, Kirchner ya había pedido la renuncia del secretario de Seguridad antes de partir hacia Venezuela.
Antes ya había echado sin miramientos al jefe de la Policía Federal, comisario Eduardo Prados, por negarse a incluir efectivos sin armas de fuego en el operativo de «saturación» puesto en marcha el jueves pasado. Pero en su estadía de dos días fuera del país, el presidente pareció convencerse de que había que ir más arriba.
El presidente tal vez terminó de persuadirse cuando desde Buenos Aires le llegaron declaraciones de Beliz que evidenciaban un punto de no retorno. «Si me pregunta si hay sectores mafiosos de la policía, de los servicios de inteligencia, que tienen ramificaciones con el Poder Judicial que pueden buscar mi desplazamiento, yo creo que evidentemente eso no es novedad», leyó perplejo Kirchner cuando rápidamente le enviaron a Isla Margarita las declaraciones textuales de lo que había dicho de Beliz en una entrevista.
No es la primera vez que Beliz se va de un gobierno casi dando un portazo: durante la primera administración de Menem y siendo ministro del Interior, Beliz se fue denunciando estar en medio de un «nido de víboras».
Ahora, con sus declaraciones atacando a la SIDE que maneja un hombre de estrecha confianza de Kirchner como el santacruceño Héctor Icazuriada, pareció sellarse la suerte del ministro de Justicia, que igualmente se mostraba decidido a irse si le sacaban a su secretario y colaborador más estrecho, el propio Quantín.
En lugar de Beliz, Kirchner nombró a un prestigioso académico como Horacio Rosatti, quien lo viene acompañando desde la estratégica Procuración General del Tesoro.
Kirchner se garantiza así al frente de la cartera de Justicia a un hombre totalmente alineado con la política oficial de contención de la violencia social. En el caso de Iribarne, es un político experimentado de estrechísima confianza del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y también como él, dirigente porteño.
El jefe de Gabinete es por estos días el hombre clave del gobierno para Kirchner, y probablemente quien haya recomendado especialmente a Iribarne para ese delicado cargo, teniendo en cuenta que ya lo ocupó en dos oportunidades, durante los gobiernos de Menem y Duhalde.
Con estos cambios, Kirchner busca iniciar así una nueva etapa en el área que aparece como el punto más flaco de su gobierno, la contención de la protesta social y la lucha contra la inseguridad.



