Buenos Aires, (Especial para NA por Luis Torres) - El presidente Néstor Kirchner resolvió ayer en forma electrizante la crisis de seguridad que vive la ciudadanía con amplias repercusiones en su Gobierno: despidió al ministro Gustavo Beliz y a todo su equipo.
Todos los pronósticos aseguraban que la estabilidad de Beliz estaba en peligro pero que el Presidente se tomaría algunos días para resolver su permanencia en el cargo.
En este mismo sentido, dos altos voceros del Gobierno coincidieron en señalarle a algunos periodistas que viajaron a Venezuela que el presidente estaba convencido de que debía sostener a Beliz algún tiempo y después desplazarlo.
Al parecer todo fue un juego de distracción porque Kirchner, tras arribar a la Argentina y mantener una intensa conversación con su esposa Cristina Fernández y con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, cambió el esquema habitual y decidió anoche sábado tomar el toro por las astas y cambiar el ministro y todo el equipo.
Desde el caso Blumberg, donde un cuarto de billón de personas llenaron la Plaza de los Dos Congresos de bote a bote, quedó en evidencia que la cuestión de la seguridad era un tema que alpresidente y su Gobierno no les gustaba ni lo sentían en profundidad.
Kirchner mantuvo en alto su popularidad -más del 64 por ciento de opiniones favorables- sobre la base de su lucha contra la corrupción y su defensa de los derechos humanos, pero en la política de seguridad no tuvo la consistencia ni la solidez que la ciudadanía reclamaba.
El volcán estalló el viernes 16, cuando una protesta de prostitutas, travestis y vendedores ambulantes se convirtió en un ataque de extrema violencia al Palacio Legislativo porteño.
El presidente no estaba en Buenos Aires. Le hablaba a unas dos mil personas en Chubut, mientras aquí la sangre estaba a punto de llegar al río.
Ese fue el punto de inflexión. A partir de allí todo sedesencadenó.
La suerte de Norberto Quantín, el secretario de Seguridad Interior estaba echada y remontando un poco hacia atrás el hilo conducctor aparecía la toma de la Comisaría 24 en donde el subsecretario Campagnoli había mentido abiertamente a una jueza y a la opinión pública.
El propio comisario de aquella unidad fue quien reveló la falsedad de los dichos de Campagnoli.
Nadie dudaba de que el cambio sobrevendría más temprano que tarde.
Beliz había acumulado enemigo tras enemigo, entre ellos al poderoso fuero federal de magistrados, al que intentó hacer desaparecer.
Y fueron los jueces los que le dieron respuesta, por ejemplo desprocesando a todos los implicados en el caso Pontaquarto y de los sobornos en el Senado.
También acumuló enemigos en la Policía Federal y finalmenteembistió contra algunos sectores de la SIDE conducida por dos funcionarios de la íntima amistad de Néstor Kirchner.
Este último ataque a los agentes de inteligencia se tornó insoportable para el presidente.
El ministro León Arslanian de la provincia de Buenos Aires estuvo a punto de ser convocado pero una charla entre Kirchner y el gobernador Solá, que viajó a Venezuela, desalentaron el deseo presidencial.
¨Tiene mucha tarea todavía por realizar¨, dijo el gobernador cuando los periodistas le preguntaron por su ministro de Seguridad.
El presidente echó mano entonces a un hombre también de su entera confianza, el abogado Rosetti, procurador del Tesoro, es decir, el hombre que comanda un regimiento de abogados que defienden al Estado argentino.
Pero el más significativo es Alberto Iribarne, que nació peronista, creció de la mano de Duhalde y ahora está muy cerca del jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
Este hombre seguramente llevará todo el peso de la seguridad que para nada ha dejado de estar en situación de crisis nacional.
Y sino veamos el arsenal que le fue capturado a la banda de secuestradores detenidos en Córdoba, cuyo cabecilla es un tal Peñaflor y que fue el responsable de los secuestros del padre de Pablo Echarri y de Cristian Ramaro.



