Sergio Herreros viajó el 3 de marzo a Europa junto a su hija. Una semana después debió adelantar su regreso desde Florencia y solo lo consiguió vía Etiopía. La historia de un campanense que vivió cómo "explotó" el problema en Italia.
"Todavía debería estar allá", se lamenta Sergio Herreros (54), vecino de nuestra ciudad que se encuentra aislado junto a su hija Lucía (20). "Allá" es Europa, hacia donde voló el pasado 3 de marzo para cumplir con un viaje de vacaciones que tenía programado desde octubre. Sin embargo, la exponen-cial propagación del coronavirus terminó atentando contra lo planeado.
"El Puma" ingresó por Amsterdam, donde ya observó "muy poca gente", aunque la vida transcurría con cierta normalidad: "Se podía hacer de todo todavía". Luego se trasladó hacia Italia, el país europeo más afectado: "Al principio también tuvimos días normales, aunque con poca gente, porque casi no había turistas, algo que era una ventaja porque podíamos visitar distintos lugares con mucha facilidad", recordó. "Además, la gente no estaba tan paranoica como se dijo. Al menos eso se percibía en la calle", agregó.
Sin embargo, tras recorrer Roma y Pompeya, entre otros sitios, llegó finalmente a Florencia, la "cuna del Renacimiento", donde se encontró un escenario totalmente diferente: "En esos dos días explotó el problema. Estaba todo cerrado, la ciudad estaba desierta, como si hubiesen tirado una bomba", graficó.
Sergio evaluó buscar una salida de Italia para poder aprovechar el viaje y pensó en España, pero allí también empezó a crecer el contagio de coronavirus por esos días y el destino quedó descartado rápidamente. "Ahí me convencí que no había forma de seguir, que no daba para más", recordó.
Así, el regreso a Campana se transformó en la única alternativa: "En el momento en que me di cuenta que teníamos que cancelar todo, puteaba y me lamentaba. Mi hija estaba desilusionada. Pero enseguida me calmé y entendí que no había nada que hacer. Tenía cuatro días de estadía en Florencia y la corté dos días antes, cuando conseguí un vuelo para retornar".
Esa posibilidad se concretó el 11 de marzo, con un itinerario increíble: "Viajamos hasta Roma en tren y ahí tomamos un avión de Etiopía Airlines, así que hicimos escala en Etiopía y luego en San Pablo (Brasil) antes de arribar a Buenos Aires".
Fueron 24 horas de vuelo en total, sabiendo que una vez en territorio argentino debía entrar en "cuarentena" junto a su hija: "Ya estaba al tanto, porque desde el trabajo (es ingeniero mecánico y trabaja en una planta industrial de la zona) me lo habían avisado, incluso antes de que saliera el decreto presidencial".
Desde entonces, la tecnología es su aliada: son días de muchas películas y redes sociales. Y el lunes, como buen simpatizante Violeta, también aprovechó para seguir las vicisitudes de Villa Dálmine frente a Deportivo Riestra e indignarse con los dos penales que le cobraron en contra al equipo de nuestra ciudad (empató 1-1 finalmente).
Además, también utilizó este tiempo para hacer trámites relacionados a la devolución del dinero que tenía comprometido en reservas de hoteles y pasajes que finalmente no utilizó. "Solo me falta recuperar el vuelo de regreso. Si me lo dejan abierto, seguramente trataré de volver de acá a un año", señala.
Ya más tranquilo, cumpliendo con los protocolos de aislamiento en su casa, Sergio reflexiona sobre la situación que se vive en nuestro país: "Creo que se actuó bien. Acá tenemos la ventaja de poder aprovechar la experiencia que tuvieron otros países, como Italia. Ojalá no tengamos esa curva de crecimiento de propagación que sí tuvieron ellos".
SERGIO JUNTO A SU HIJA EN ITALIA. EL CORONAVIRUS FRUSTRÓ EL PASEO QUE TENÍAN PLANEADO Y DEBIERON REGRESAR ANTES DE TIEMPO.



