A pesar de lo extensa que pueda parecer la lista de los exceptuados a la cuarentena, son casi nadie. No te enojes por los que se fueron a la costa. No sirve ahora. La realidad es que hoy casi todos los argentinos están en su casa.
Algunos se deben haber puesto a ordenar placares, otros a desempolvar juegos de mesa o a cambiar de lugar el pozo de la letrina.
Es difícil entender el rol activo e importante que tiene la persona aislada. Parece que los héroes son las médicas y los enfermeros, pero no sería justo volver a repetir ese razonamiento nuestro en donde ALGUNOS HEROES harán el trabajo por el resto.
Claro que hay intervenciones que exponen y arriesgan más a unos que a otros. No es lo mismo grabar el video de una clase virtual para alumnos de jardín de infantes, con tu hija colgada del cuello, que ver 35 pacientes con fiebre, detrás de un camisolín descartable, un barbijo especial, gafas y cofia. Pero no dejes que el arriesgado se lleve todas las miradas, ni todos los aplausos. Si lo arriesgado fuera lo único esencial, todo el resto se estaría ocupando de ordenar su placar.
La aislación debe transformarse en un fenómeno activo porque hoy miles de personas necesitan ayuda que hasta ayer no necesitaban. Si sos empleado estatal y no cumplías funciones esenciales, te dieron la licencia.
Llama a tu jefe y ofrecete para hacer algo desde casa que resulte esencial para tus compañeros. Tal vez puedas coordinar actividades por teléfono, pero no me refiero únicamente a eso; sugerile que te pida cualquier cosa. Ofrecete para hacerle un trámite online, hacerle una videollamada al hijo para que se distraiga mientras habla un rato con tu hija, hacerle la comida… Hay gente cosiendo barbijos, arreglando camas, y dando soporte extra desde su casa al sistema de salud.
Si no sos empleado estatal y te dieron la licencia porque hacías algo que ahora puede esperar, encargate de que tu núcleo más cercano entienda la importancia de una cuarentena conciente. Y expresá tu voluntad de contribuir. Dentro de las chapas que te cubren o los ladrillos que te amparan, encontrá tu función esencial.
Jugá con los chicos, pero no dejes solos a los viejos. Ayudalos a cargar crédito en el celular, explicales cómo bajarse la app del truco, de la canasta, del burako, del UNO y jugales a la distancia. Alejalos un rato de los noticieros, los especialistas y los periodistas. La gente mayor vive todo esto con mucha angustia, primero por la soledad y segundo porque nadie se encargó de suavizarles la noticia. No hubo tiempo.
Llamalos y asegúrate de que no salgan. Si vive al lado, hablale por el alambrado o por el balcón. Y mantene conversaciones positivas, optimistas. Si conoces a alguien que pueda necesitar ayuda adicional, hacete el héroe y decile: che, necesitas algo? Y si te pide algo que no puedas, usa la cabeza, internet y los contactos de tus contactos y buscale la vuelta, hacete cargo de eso.
Y cuando llegue el famoso pico y los números asciendan como locos y la paranoia crezca y todos duden, tu función esencial es que sigas haciendo lo que venías haciendo. Y si dudas, pregúntate esto: de qué sirve que salgas de esta solo y con el placar ordenado?
Juan E. Mirey. Odontólogo, Sanitarista; Director de Políticas Socio Sanitarias. Secretaría de Salud



