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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 29/mar/2020 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
Utopías urbanas
Por Arq. Jorge Bader




Jorge Bader

La literatura fue una de las crónicas más fieles de la cuestión sanitaria derivada de la Revolución Industrial. En el libro de Charles Dickens, "Oliver Twist", texto harto conocido para los lectores de mi generación, que cuenta las desventuras de un chico huérfano arrojado a sobrevivir en las calles, se reflejaba crudamente la crisis de la ciudad de Londres a mediados del 1800. De hecho, esta fue la imagen que todos construimos en nuestras mentes respecto de Londres durante años. Una ciudad sucia, con un río contaminado y cubierta de una neblina negra.

Transcribo acá un pequeño párrafo, "A orillas del Támesis, no lejos de la iglesia de Rothethite, allí donde se alzan sobre el río los edificios más sucios y ruinosos, y los barcos son más negros como consecuencia del polvo de la hulla y del humo que escapa de los caserones emplazados al borde mismo de las aguas, existía, y existe en la actualidad, la más inmunda, la más singular, la más extraordinaria de las localidades que encierra en su seno la ciudad de Londres, y que desconocen, hasta de nombre, la inmensa mayoría de sus habitantes. Para llegar a este sitio [...] preciso es atravesar una enmarañada red de callejas estrechas, tortuosas y cubiertas de lodo". Este texto desde lo anecdótico, también tenía su correlato en las múltiples visiones políticas.

Desde otro ángulo, los socialistas ingleses, defensores de las reivindicaciones obreras y preocupados por la cuestión sanitaria, produjeron innumerables documentos sobre la reforma urbana, productiva y social. Eran épocas donde Carlos Marx enunciaba sus teorías filosóficas dando origen a la visión socialista. Federico Engels, un filósofo, también de origen alemán, coautor de varios estudios con Marx, tuvo una visión más pragmática en particular sobre el desarrollo de las ciudades y la problemática de la calidad de vida en pleno auge del capitalismo industrial.

No es mi objetivo acá analizar las posiciones filosóficas, que enuncio no sólo para contextualizar, sino exponer, como un teórico de la filosofía política a través del análisis de las mayores y más importantes ciudades inglesas de la época industrial, cómo se sentó las bases de una visión urbanística diferente.

Lo más valioso a mi entender, es que en esa época no había ningún estudio científico sobre la ciudad y su desarrollo se daba en forma espontánea, por la necesidad de los habitantes o por la especulación inmobiliaria según lo que relaté en los anteriores artículos. La visión crítica de Engels, puso sobre la mesa de debate el tema de la calidad de vida, la sanidad y la defensa de los derechos sociales y humanos en cuanto a la equitativa distribución de un recurso de interés difuso como el aire y el agua. La visión de que estos elementos, son un patrimonio inalienable y un derecho universal, surgen de sus estudios. Tal fue el impacto que en Alemania casi en forma inmediata se formaron las comisiones mixtas de diseño urbano. En concurrencia interdisciplinaria, Arquitectos, Ingenieros, Médicos, Sociólogos, Políticos, iniciaron un análisis de las mejoras urbanas necesarias para garantizar la calidad de vida, y la simplificación circulatoria para mejorar la accesibilidad a los centros de salud.

El urbanismo como disciplina de investigación es una creación moderna. Sus mayores avances se producen en el siglo pasado llevándolo a la categoría de disciplina independiente derivada de la formación de Arquitectos, pero con una concurrencia interdisciplinaria en profesiones afines a la cuestión territorial.

En el 1800 frente a la crisis del industrialismo y las pandemias de cólera, y pestes varias, se abordaron soluciones pragmáticas, con el voluntarismo derivado de la necesidad y la urgencia frente al drama colectivo. Pero esta cuestión fue la base de múltiples intentos de diseñar la ciudad ideal. Muchas de esas ideas estaban basadas en la cuestión sanitaria, la defensa y la gestión económica y social.

En 1841, un teórico socialista de los identificados como utópicos, creó la idea de la comunidad rural auto sustentada, donde todo era diseñado meticulosamente. Charles Fourier, fue el creador de lo que se conoció como Falansterios, ciudades independientes, satélites alejados de comunidades saturadas e irrecuperables según su criterio, que podían desarrollarse desde cero, con un número limitado de habitantes, y donde la gestión económica obviamente según su ideología de base era de producción y reparto comunitario. Por supuesto que estas iniciativas no prosperaron en escala masiva, pero algunos reconocen en los Kibutz de Israel, una derivación de estas ideas urbanísticas.

En España, cerca de Alicante, hay un ejemplo de una urbanización que quedó trunca, la Colonia Santa Eulalia, donde se desarrollaron los primeros edificios según el plan urbano del falansterio. Hoy se encuentra abandonado, a pesar que en 2016 fue declarado Patrimonio Social y Cultural por la administración Valenciana.

Más allá de lo utópico del planteo lo que quiero destacar es que tanto este, como otros estudios pusieron el germen del urbanismo para entender que la ciudad no puede ser una creación espontánea según la confluencia de intereses individuales, sino la creación colectiva pautada con criterios de concertación que permitan un equilibrio de funcionamiento y calidad de vida, y hoy más que nunca, la defensa sanitaria de la población.


Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015


 
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