La pandemia de coronavirus puso de manifiesto más que nunca las limitaciones del sistema de enseñanza público y sus precarias condiciones de trabajo, pero también lanzó a los docentes en la misión de buscar la manera de seguir en contacto con sus alumnos.
"Hola profe, ¿los trabajos tienen que entregarse por Word?" dice el mensaje que le llega por WhatsApp. La docente estuvo en contacto con sus alumnos de secundaria todo el día, pero cae la noche y todavía sigue respondiendo. Encerrada, es la única manera de enseñar: a través de una pantalla.
Limitada en recursos, los que suelen además escasear también en los hogares de sus alumnos, la escuela pública hace lo que puede para continuar formando a las nuevas generaciones de campanenses. Y si bien la pérdida del aula como ámbito de transmisión de saberes por excelencia se perdió y los maestros aseguran que "no es igual" interactuar por email o chat, se animan a explorar las nuevas posibilidades que la tecnología ofrece para su práctica pedagógica.
"El domingo que anunciaron la suspensión de clases empezamos a crear innumerables grupos de WhatsApp entre profesores, preceptoras y directivos", comenta Ludmila Mosteiro, una joven docente de Práctica de Lenguaje y Literatura de escuelas como la técnica "Luciano Reyes" y la Media 2. El servicio de mensajería instantánea es la opción más rápida para que la clase siga funcionando, aunque los docentes que charlaron con La Auténtica Defensa muestran predilección por Classroom, una aplicación de Google donde se pueden compartir documentos y material audiovisual, o las videollamadas a través de Zoom.
Todo depende de las facilidades de acceso con que se cuente, claro. En las escuelas privadas, las clases virtuales se han transformado en la rutina de cientos de estudiantes. Pero la pelea de la escuela pública, laica y gratuita es desigual, y la falta de computadora o una mala conexión de internet se suple con la flexibilidad del docente, dispuesto a tener mayor consideración en el contenido o fechas de presentación. Eso sí, hay excepciones. "Trabajamos mucho por email y a veces te mandan fotos de la hoja de la carpeta y no se lee nada. Se la tenés que pedir de vuelta", ilustra Mosteiro.
Débora Solís enseña Historia en un puñado de establecimientos de la ciudad, entre ellos la Media 3 del barrio Siderca y el CENS 452 para adultos, y coincide que el docente debe saber adaptarse al salón que lidera, incluso si no lo tiene estrictamente frente suyo. "Yo por ejemplo no estoy usando Zoom porque depende de los recursos que tengan los alumnos y el tema es que vimos una sola vez a los chicos, por lo que ni siquiera pudimos entablar una relación para saber quién tiene una computadora, quién tiene teléfono y quién posee instalado WiFi en la casa", explica.
"Estamos haciendo lo imposible para continuar dictando clases. Claramente no es lo mismo estar frente al profesor, pero seguir trabajando y pidiendo entrega cada 15 días es mejor que nada", remarca.
Las escuelas tratan de asistir al docente en este inexplorado escenario. La Técnica organizó un grupo de Facebook donde propone a su equipo plataformas virtuales y asiste a los docentes con menos experiencia en su manejo. Los maestros reconocen que hay docentes que ni siquiera poseen un email. Otras, como la Media 3, consultó qué competencias se necesitaban y difundió tutoriales en YouTube sobre aplicaciones para gestionar la clase. Y hay establecimientos que centralizan la distribución de materiales y trabajos prácticos en sus preceptoras o jefes de departamentos.
"El problema no es tanto que llegue el trabajo, sino la devolución. Yo ahora abrí el Classroom y veo que no tengo a todos los chicos conectados. Si no lo hacen, cuando volvamos a las aulas va a haber acumulación de entregas", dice Solís. Su colega Mosteiro advierte sobre otro frente de conflicto: la sobrecarga laboral. "La mayoría consideramos que estamos trabajando el doble, corrigiendo incluso trabajos que no son de nuestros cursos, contestando emails a cualquier hora. Estamos todo el día pendientes", afirma.
Pedro Espinosa, secretario general de Udocba, señala que el escueto período de clases que tuvieron los docentes -sobre todo en el secundario- les impide "dosificar" el trabajo a la medida de su clase. "Algunos padres se quejan que les están pasando mucho, otros que no han recibido actividades. Es un proceso que se va adaptando a la situación. Los cuadernillos que se repartieron en el marco del Plan de Continuidad Pedagógica aparentemente son buenos, pero está faltando el conocimiento de los grupos para que el docente sepa dosificar hasta dónde darles", sostiene.
Y agrega: "Después están las particularidades de cada servicio educativo. No es lo mismo un alumno de escuela que tiene todas las posibilidades, céntrica, y otro de un barrio vulnerable".
En contacto con este medio, una integrante de la comunidad educativa de la escuela de Las Praderas admitió que el objetivo pedagógico hoy es secundario, en un barrio donde muchos padres se han quedado sin su fuente de trabajo.
"Va a pasar también en la escuela Normal, en la 16, en las más tradicionales: familias se han quedado sin trabajo y por ahí necesitan el servicio de comedor y desayuno que antes no", expresó la fuente. En La Praderas, como en tantos otros establecimientos de la ciudad, se aprovechó la entrega de bolsas de alimentos correspondientes al paralizado Servicio Alimentario Escolar para distribuir los cuadernillos del Plan Continuidad. "Queremos estar en contacto, no tanto por la tarea en sí, veremos como se recupera, sino para saber de alguna manera cómo están nuestros alumnos. Esa es la prioridad".
Pedro Espinosa se prepara para una salida escalonada de la cuarentena, proceso que si no resulta tiempo perdido, será en gran medida gracias a los docentes. "La verdad que no me genera incertidumbre la continuidad del ciclo lectivo porque entiendo que de poquito este sistema a distancia se está mejorando, se está puliendo. Nos sirve también para ir a aggiornándonos a lo que son las nuevas tecnologías, que son una parte de la enseñanza. De esto vamos a sacar buenas cosas en limpio para mejorar la práctica docente", afirma. Durante un recreo de su trabajo con la aplicación Classroom, Debora Solís destaca la "predisposición" de los maestros y celebra el entrenamiento acelerado que representa el desafío de dar clases en tiempos de cuarentena. "Aprender el uso de estas tecnologías, aunque sea en un contexto obligado, está muy bueno". Pero antes de terminar la llamada, deja una aclaración: "Por más que utilicemos cada vez más tecnología, nunca podremos reemplazar al docente en el aula. El alumnos podrá sacar info en Wikipedia, pero no es lo mismo que el docente esté ahí presente para preguntarle que aprendió, ver qué le hace falta o darse cuenta cómo está. Ningún dispositivo podrá reemplazar ese vínculo".



