La caída del Muro de Berlín como correlato del colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas es una manifestación simbólica del fin del mundo bipolar confrontativo que signó al siglo XX dando paso a la Globalización estructurada sobre la articulación. La rápida difusión global del virus Covid 19, popularmente más conocido como Coronavirus, generó la actual pandemia declarada por la Organización Mundial de la Salud, organismo del sistema de Naciones Unidas, y es interpretada como un producto de esa globalización, y para los globalifóbicos la excusa perfecta para demonizarla. Existe una razonable presunción de que si la globalización implica a futuro la multiplicación de las pandemias el balance de beneficios y perjuicios se vuelva en su contra e impulse a las naciones hacia un riesgoso aislacionismo provinciano.
Sin duda que la pandemia es consecuencia de la globalización porque la globalización implica de por sí una notable multiplicación de los flujos transnacionales, flujos de todo tipo, de mercaderías, de información, financieros, y también flujos humanos, gente que se traslada de un punto a otro, y si hay flujos humanos y esos humanos son alojamiento de virus, pues habrá también flujo de virus.
Este incremento de los flujos tiene un facilitador en la tecnología que relativiza las distancias. La correspondencia vía aérea en su momento revolucionó los sistemas de correo, y en setenta y dos horas logró que llegaran a destino las piezas postales que antes demoraban una semana o un mes para su entrega. Pero hoy el sistema postal se encuentra muy superado por la inmediatez de un Email, lanzado no desde un buzón ni desde una oficina de correos sino desde nuestro teléfono, que ya no es aquel que solíamos tener en los hogares y oficinas "atado a la pared", sino en un bolsillo del pantalón.
Hice referencia a la correspondencia enviada por vía aérea porque el desarrollo de la industria aeronáutica ha sido ampliamente superado como vehículo de transporte de correspondencia, pero sin embargo ha tomado un rol descollante en el transporte de mercaderías y personas, sobre todo relativizándolas en las largas distancias interurbanas, transnacionales o intercontinentales.
Pero no todos los flujos humanos se desplazan por vía aérea, ni los transnacionales ni siquiera los intercontinentales. A partir de la Revolución Industrial y otros varios procesos ulteriores la tecnología -articulando adecuadamente con otros sistemas- ha inducido y facilitado la industrialización de algunas regiones, localidades, o países, con efectos diversos; a nivel urbano demandando mano de obra tanto industrial como de servicios pero en paralelo, la tecnología aplicada a la producción de alimentos, la mecanización y sistematización de la producción agropecuaria, ha provocado el desplazamiento de masas humanas "excedentes" expulsando población desde el mundo aldeano a los ámbitos urbanos y grandes migraciones transnacionales desde los países pobres hacia los países industrializados, de África hacia Europa, de México hacia los Estados Unidos de América, con un destino final generalmente urbano, más exactamente las periferias urbanas peor dotadas de infraestructura. En la Argentina el proceso de urbanización ya es de vieja data pero a nivel mundial fue a partir de las primeras décadas del siglo XXI que la población urbana superó a la rural por vez primera en la Historia de la humanidad. Si antes de la Revolución Industrial de mediados del siglo XVIII la población mundial nunca superó un apenas cinco a diez por ciento de población urbana, a principios del siglo XXI las ciudades ya alojan a más de un 50%. Y el proceso de incremento de la población urbana está aún en curso. Urbanización creciente implica incremento de la densidad poblacional y hacinamiento en algunos sectores sociales, y aglomeraciones. Un escenario ideal para el tránsito de un virus patógeno porque donde las interacciones potenciales abundan los flujos se multiplican. Es el caso de cualquier mega ciudad de más de diez millones de habitantes y entre ellas, por supuesto, el de nuestra Región Metropolitana, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los partidos del Gran Buenos Aires.
El desequilibrio demográfico argentino está incentivado por la macrocefalia porteña que es reflejo de un sistema económico- productivo obsoleto. La megalópolis porteña se convierte en razón y causa de múltiples asimetrías, y una de ellas es la de concentrar la mayor cantidad de subsistemas urbanos que en su interacción maximiza los flujos que si bien constituyen un hándicap también devienen en una autopista para el contagio del coronavirus. Aquí es donde descubrimos que una crisis se convierte en una oportunidad: Una manera de preservar la multiplicidad de interacciones a nivel territorial pero en detrimento de los desbalances demográficos es el fomento a la generación de un sistema de un grado mayor de complejidad al del organismo urbano, o sea las redes interurbanas, replicando el esquema articulado de la globalización a escala micro y creando sobre el territorio una red de ciudades de escala regulada. En este escenario las ciudades fronterizas a la megalópolis deberán definir si se integrarán en ella o por el contrario se articularán en una red diferenciada. Es el caso de Campana-Zárate y otras ciudades que se encuentran en situación similar.
Atentos a esta alternativa abogamos entonces porque no se deje de lado la globalización. El Homo sapiens es uno solo todo a lo largo y ancho del Globo, y por ende la globalización será beneficiosa para todos si es articulada y colaborativa. El virus puede ser global pero globales son también los esfuerzos colaborativos, articulados y convergentes en pos de hallar la vacuna con la cual poner fin a la pandemia. Los provincianismos postulados por los movimientos xenófobos, globalifóbicos, o rupturistas al estilo del Brexit o algunos partidos neonazis europeos van a contramano de una tendencia natural ontológica en el Mundo Natural que propicia la generación de entidades crecientemente complejas, proceso que finalmente se impondrá inexorablemente por resultar una forma de economía energética. Pero además un escenario en el cual los estados y bloques supra-nacionales, sin deponer sus intereses, podrán articular concertadamente soluciones a los diferentes problemas que se presentan a lo largo de la Historia en un clima en el que las diferentes sociedades puedan convivir cordialmente.
Marcelo Pazos, Arquitecto



