Alguien me las recomendó pero lo que más me sorprendió fue quien me las vendió, seguramente es un buen cocinero, yo creo que además es un excelente y carismático vendedor. En otra vida hubieras sido un payador o quizás un cantor.
Cada vez que voy a su local con su sonrisa espontánea y con su optimismo me recibe, nadie se imagina el negocio sin vos, uno de esos soy yo. Es raro y extraño no verte por tanto tiempo querido amigo Hereñú. Con orgullo de paisano sabes disimular tus dolencias, entre mates y charla siempre es bueno reencontrarte.
Gracias por el legado y por la marca registrada, gracias por la vianda generosa, por la excelente atención que sigue tu descendencia, por la cultura de trabajo y por la permanencia. Te defino como a un junco que se dobla pero siempre sigue en pie, resistiendo al pesimismo, a las crisis y al mal humor que predominaron siempre. No te quiero como a un padre porque me hubiera aprovechado de tu bondad, prefiero ser un cliente amigo (oyente) y escuchar tus consejos, chistes e infinitas anécdotas.
Estos versos de gratitud y de respeto los inspiraste vos, yo solo soy un educador que escribe con el corazón a la buena gente y al amor revalorizando siempre el homenaje en vida.
Gracias campesino, obrero y comerciante por decirme siempre que tengo abiertas las puertas de tu casa, cuando pase todo esto de la cuarentena por tus pagos andaremos.
Salud, trabajo, y amor te deseo para tu familia y para vos querido amigo Hereñú…



