"Cazando vicuñas anduve en los cerros, Heridas de bala se escaparon dos. No caces vicuñas con armas de fuego, Coquena se enoja, me dijo un pastor.
De todo ganado que pace en los cerros, Coquena es oculto, celoso pastor. Si ve a lo lejos moverse las tropas, es porque invisible las arrea el dios" .
--Juan Carlos Dávalos.
El Noroeste Argentino, ostenta una amplia gama de fiestas tradicionales y leyendas que nos permiten conocer a través de creencias ancestrales la visión del mundo que tenían los pueblos originarios, mitos y supersticiones que todavía perduran en determinados pueblos.
Las leyendas son relatos tradicionales, narraciones de historias muy antiguas que se transmitieron oralmente de generación en generación, y forman parte de la tradición e identidad de los pueblos.
Suelen contar hechos extraordinarios o sobrenaturales y al ser productos de la creación colectiva son anónimos.
Existen diversas versiones de un mismo relato, debido a que son contadas por distintos narradores, los cuáles pueden introducir modificaciones, quitando, agregando o cambiando alguna parte, aunque siempre se mantiene lo fundamental de la historia.
El protagonista suele tener muchas vicisitudes, valor, bondad, generosidad, pero sobre todo, astucia, pues debe enfrentar sucesivos obstáculos y enemigos a los que finalmente vence. Es posible que cuente con el apoyo de ayudantes, ya sean animales o seres sobrenaturales.
Generalmente, los oponentes son malvados, crueles, envidiosos y egoístas.
Estos relatos tradicionales suelen tener un final feliz, los protagonistas reciben algo como recompensa y los malvados son castigados.
A menudo, las narraciones orales pretendieron dejar una enseñanza o moraleja. Ante situaciones difíciles era necesario emplear la astucia y la inteligencia antes que la fuerza. Las leyendas están ligadas a un pueblo determinado y, por lo tanto a un lugar y a una época.
En los cerros más altos de la Puna vive Coquena, un antiguo dios diaguita, amante y protector de la naturaleza y celoso pastor que cuida y defiende a las llamas, guanacos y vicuñas de los pastores que las maltratan y de los cazadores que utilizan armas de fuego para cazarlas indiscriminadamente. Coquena sólo permite la caza por necesidad y a la usanza antigua, es decir, rodeándolas con hilos y trapos colorados para luego bolearlas.
Cuál celoso progenitor vigila sus tropas y se dice que cuando se mueven como guiadas por un pastor invisible, es él quien las conduce hacia mejores pasturas.
Coquena es muy poderoso, suele ser benévolo con aquéllos que no maltratan su ganado y tornarse en un espíritu malo con los depredadores de los mismos. Algunas veces adopta la forma de un guanaco para guiar a sus tropas hacia los cerros y esconderlas de los cazadores.
Este pequeño dios diaguita es un enano barbudo, de rasgos indígenas, que anda por los cerros masticando coca y llamando a su ganado con su silbido mágico. Viste casaca tejida con lana, calzón, camiseta de lienzo, escarpines y diminutas ojotas con clavos de plata, lleva un sombrero de vicuña y un collar de piel de víbora, completa su atuendo un poncho que cambia todos los años en la época de carnaval, enterrando al viejo.
Según la leyenda Coquena es poseedor de un gran tesoro, pues también es señor de las minas que se encuentran escondidas en los cerros.
Los habitantes de la Puna para no despertar la ira de Coquena, sólo cazan las vicuñas que necesitan para su sustento no sin antes pedirle permiso con ofrendas.



