Vive en barrio Lubo, a 100 metros del destacamento de la policía. En menos de un año le entraron seis veces. La última fue este miércoles a la medianoche.
"Ya no sabemos qué más poner. Mi esposo dice que nuestra casa parece la Unidad Penal 21", dice Gabriela Barreto, vecina del barrio Lubo sobre la calle Fernández. Una de las cámaras de seguridad que tiene instalada en su casa da cuenta de un joven de entre 16 y 18 años que ingresó a su propiedad a minutos de iniciada la madrugada de este miércoles.
"Fue hasta el lavadero, se asomó por la ventana que todavía tiene un plástico, y se ve que alumbra para adentro con el celular. Para mí que vió que la puerta tiene alarma y desistió del intento. En el medio, tuvo tiempo para hacer sus necesidades en mi patio, las que tapó con trapo de piso y se fue".
Según explica Gabriela, si bien el joven intruso no se llevó nada, el disgusto le provocará al menos una semana de insomnio. "Ya me conozco y es inevitable. Me la paso toda la noche de una ventana a la otra y con el teléfono en la mano por si tengo que llamar a la policía. Después se me pasa, pero la sensación es horrible y no puedo dormir tranquila".
La del miércoles fue la sexta oportunidad en que le entraron a su propiedad en menos de un año. La primera, en agosto del 2019, le desvalijaron la casa por completo. Ahí fue cuando con su esposo, Adrián, decidieron tomar medidas de seguridad: levantaron el tapial del fondo (un sector es medianera y otro da a la calle Córdoba), y le pusieron alambre con púas tipo "navaja" altamente cortantes y punzantes; iluminaron el patio; agregaron un sistema de alarma en las aberturas; cámaras de seguridad… incluso forraron con una lona la reja del frente para que no se vea fácilmente hacia el interior.
"Un vecino me sugirió que tengamos un perro, pero lamentablemente mi hija de 4 años les tiene alergia y no puedo tener uno. Tampoco voy a electrificar el perímetro, me parece como demasiado…" dice la vecina de la calle Fernández, a unos 100 metros del destacamento policial que se encuentra frente al Centro de Atención Primaria del barrio Lubo.
"Siempre hicimos las denuncias, pero tenés que ir al centro porque ahí, en el destacamento, no te las toman. La primera vez, en agosto, parecían que nos tomaban el pelo. El robo fue un jueves y mi esposo fue ese viernes a denunciar. Le dijeron que pase el sábado, pero él no podía porque trabajaba así que le dijeron que pasara el domingo. Cuando fue ese domingo, le dijeron que los domingos no tomaban denuncias… Finalmente, el lunes cuando se la tomaron, le dijeron que era mentira que el domingo no se tomaban denuncias. Como sea, todavía estamos esperando que de la fiscalía nos llamen para mostrarnos las cámaras del CIMOPU. Yo no quiero saber nada, pero si me vuelven a entrar estoy pensando en comprar un arma", concluyó.
Miércoles, a primera hora de la madrugada. Un joven de entre 16 y 18 años merodeando dentro de la propiedad de Gabriela Barreto.



