El ser humano fue, es y será siempre un ser social, es a través de los vínculos que nos llegan las distintas experiencias que tendremos que experimentar a lo largo de la vida.
Necesitamos de un otro para sentirnos amados, mirados, protegidos, para que se genere la sensación de pertenencia y seguridad.
Cada familia se relaciona con sus hijos que siguen en casa y con los que ya han formado sus familias, con los nietos, con los amigos, con los vecinos, estamos acostumbrados a vernos con cierta frecuencia según las necesidades y los tiempos de cada uno.
Estamos habituados a este intercambio de visitas, de encuentros familiares, de charlas y también de festejos.
Pero no estamos para nada preparados ni psíquicamente, ni emocionalmente a que esta realidad se interrumpa abruptamente como acaba de ocurrir.
Entonces todos pasamos por diferentes estados, sensaciones, emociones, que han ido fluctuando con el devenir de los días y se fueron transformando en miedo, paranoia, bronca, impotencia, incertidumbre.
Podemos seguir viendo a nuestros afectos pero a la distancia, a través de pantallas que en muchos casos no entendemos y dependemos de alguien para que nos explique, o sea como todos lo sentimos, nuestra realidad y nuestra vida se ha convertido en una situación totalmente desconocida, desestructurante y amenazante.
Energéticamente hablando el miedo es la energía de más baja frecuencia y, que más daño puede generarnos en todos los niveles, físico, mental, emocional y energético, para contrarrestar este daño tratemos de evitar las noticias, las estadísticas, el bombardeo de los medios que nos van generando cada vez más desasosiego.
Entonces podemos aprovechar este momento para despertar de nuestras viejas creencias, para realizar cambios en nuestras convicciones, para replantearnos nuestras elecciones, nuestros actuales trabajos, nuestros vínculos, nuestra forma de vida.
Es momento de conectar con quienes realmente somos, con nuestro interior, con ese espacio privado donde se encuentran todas las respuestas, momento de enfrentarnos con nuestras sombras y poder transmutar, sanar, modificar.
Que este aislamiento obligatorio que por supuesto nadie buscó nos deje un aprendizaje positivo, que sirva para que se produzca un despertar de conciencia, un verdadero cambio para nosotros mismos y por ende para toda la humanidad.
Analía del Mármol, Puericultora Universitaria - Terapeuta maternal - Centro Médico Rawson



