La pandemia está demostrando que la quimera que muchos persiguen y que se traduce en "todos juntos" es sólo eso, una ilusión. Cómo alguna vez escribió Jorge Luis Borges "No nos une el amor sino el espanto".
Cuando comenzó la pandemia y nos llegaban las noticias de Europa sobre una impresionante y aterradora catástrofe sanitaria casi todo el arco político, esto es gobierno y la oposición con responsabilidad de gestión, con el acompañamiento de los medios de comunicación incluidas las publicidades se unió a favor de una estricta cuarentena. Todos estaban de acuerdo que la prioridad era salvar vidas. "Quedate en casa" era la consigna en aquellos días.
La cuarentena resultó muy eficaz al lograr una menor cantidad de contagios y muertes comparados a lo ocurrido en la casi totalidad de los demás países y dio el tiempo necesario para mejorar el sistema de salud pública y de esta manera poder enfrentar en mejores condiciones las consecuencias de la irrupción del covid-19.
El problema adicional que trajo la pandemia es una fenomenal debacle económica que afecta en mucha mayor medida a los sectores más desprotegidos de la sociedad que no tienen espaldas para sobrellevar un largo tiempo sin tener ingresos que les garantice su supervivencia por lo cual se hace imprescindible la ayuda del estado para paliar en alguna medida los problemas de supervivencia de amplios sectores de la sociedad que no pueden ganar menos.
Siempre y en todo el mundo ante situaciones como las actuales se debe decidir de qué forma se financia esta ayuda que implica una enorme cantidad de dinero y la emisión monetaria tiene un límite. Esta necesidad de fondos por parte del gobierno que prácticamente recién ha asumido y que el período macrista desfinanció, sin posibilidades de tomar préstamos y con la mayoría de la población en pésimas condiciones para sobrellevar semejante crisis.
Como nos tienen acostumbrados los más ricos se resisten a hacer los aportes que deberían ya que son a quienes le sobran espaldas para hacerlo y es entonces que comienza la campaña anticuarentena, fundamentalmente a través de los medios hegemónicos que les son propios y sus fieles lenguaraces.
Esta campaña no nos debe extrañar si recordamos que desde siempre se han empeñado en reducir al máximo el gasto social y el achicamiento del estado para poder aportar menos y de esta manera acrecentar sus ganancias.
Es llamativo el intento de hacer creer que levantar la cuarentena significa salvar la economía cuando el mundo ha demostrado que la crisis es fruto de la pandemia y no de la cuarentena tal cómo muestran los recientes informes del FMI que dan cuenta que esta fenomenal crisis que está empobreciendo a todos los países es independiente de las medidas adoptadas para enfrentar al coronavirus. La única diferencia es la cantidad de muertes.
Debemos tener en cuenta que la experiencia muestra que cuando las restricciones se flexibilizan a destiempo el gran aumento de contagios y muertes obliga a dar marcha atrás.
Para comprender la despiadada campaña del diario La Nación en contra del gobierno nacional basta ver lo que escribió hace pocos días su editor de información general Javier Navia en su cuenta de twitter apenas se conoció que el hisopado realizado al Ministro de Desarrollo Social de la Nación había dado negativo: "Daniel Arroyo se perdió la única oportunidad de tener algo positivo en su vida". Es difícil de creer tanto odio y mal gusto.
En igual sentido la periodista Silvia Mercado también escribió en twitter que si hubiera 20.000 muertos encontraríamos más sentido a las restricciones. Como vemos no les importan en absoluto las muertes de seres humanos. Da asco tanta perversión. ¿Alguna vez se harán cargo de las muertes que implican sus prédicas?
Como siempre está en nuestras manos que la nueva normalidad sea más humanitaria.



