Hoy vemos con mayor claridad que la verdadera pulseada en nuestro país es por la pospandemia, esto es cuál será el modelo socioeconómico que adoptaremos los argentinos cuando podamos superar esta catástrofe que ha provocado el civid-19.
Los grupos económicos concentrados saben que lo primero a conseguir para poder seguir gozando de sus intolerables privilegios es demoler el apoyo popular con que cuenta el gobierno. Para esta tarea están dispuestos a pagar lo que haga falta tal como lo han hecho repetidas veces en el pasado con tan buenos resultados. Al respecto debemos tener en cuenta que cuatro años de gobierno neoliberal les permitió acrecentar esa concentración de la que gozaban desde hace muchos años y como lo demuestran día a día no están dispuestos a "recular ni siquiera un tranco e´ pulga".
Fogoneados por una pertinaz campaña anticuarentena por parte de la prensa canalla, muchos ciudadanos incumplen con las normas implementadas por el gobierno provocando un gran incremento en el número de contagiados obligando en aquellos lugares donde esto ocurre a endurecer la cuarentena y a un control más riguroso.
Seguramente no han previsto que la mayor parte de la ciudadanía sabe de las consecuencias de estas conductas irresponsables y como siguen privilegiando la vida continúan aprobando las medidas gubernamentales tendientes a reducir la cantidad de muertes.
Paralelamente y sin solución de continuidad vemos que está saliendo a la luz la comprobación de que el período neoliberal no solamente significó una descomunal transferencia de riqueza a favor de los sectores más ricos en detrimento de los que menos tienen con el consecuente aumento inadmisible de la desigualdad sino también la destrucción sistemática de las instituciones de la república.
Este accionar predatorio del anterior gobierno demuestra no sólo su impericia sino fundamentalmente el grado de impunidad con que gobernaron creyendo, una vez más, que eran intocables. Esta creencia también alcanza a figurones que en varios medios de comunicación se autodenominan periodistas.
Este es el caso paradigmático de Luis Majul también conocido en el ambiente del espionaje como el "agente Pirincho". Es interesante ver como actuaba Pirincho porque no es el único. Lo cierto es que Luisito utilizaba escuchas y videos ilegales para producir "revelaciones" de alto impacto en sus seguidores. A su vez a los servicios de inteligencia les convenía tener un portavoz para que los espiados sepan del daño de que eran capaces de ocasionarles. También de esta manera Pirincho que dice estar en contra del estado se servía de él para abaratar costos de producción. Un negocio redondo.
Cómo siempre cuando el estado interviene a favor de los sectores privilegiados es beneficioso pero cuando actúa favoreciendo a la mayoría es tan pernicioso que nos lleva a Venezuela o quiere imponer el comunismo o condenarnos a una infectadura.
Por las cosas que ya sabíamos, lo que vamos conociendo y lo que seguramente conoceremos no alcanza con tibias reformas sino que debemos encarar una verdadera reconstrucción para cambiarlas de raíz y sean realmente útiles a la sociedad que pretendemos y no vuelvan a reciclarse retornando a estas prácticas abominables.
Pese a la repugnancia que este desquicio provoca no debemos perder de vista que lo verdaderamente importante sigue siendo cambiar la matriz distributiva de nuestra economía para disminuir lo máximo posible las profundas desigualdades que existen en nuestro país que es la más cruel de las pandemias que entre otras cosas hace que millones de argentinos se encuentren en las peores condiciones en su lucha contra las consecuencias del covid-19.
En esta pelea por cómo será el país a reconstruir en la llamada nueva normalidad pospandemia no podemos ser indiferentes. Recordemos que en su Divina Comedia, Dante Alighieri condena a los tibios, a los pusilánimes, a los negligentes y a los cobardes a la antesala del infierno.



