No debe extrañarnos que la oposición intensifique sus furibundos ataques dirigidos a erosionar el innegable apoyo que el gobierno tiene en gran parte de la población y como es su costumbre no tiene límite alguno con tal de lograr su cometido. En este sentido vemos como la derecha en todo el mundo, además de acrecentar sus patrimonios, se dedica a demonizar a todos aquellos que se supone pueden limitar sus ganancias en beneficio del resto de la población. Lo cierto es que maximizar sus ganancias no es su principal objetivo sino el único.
Es notable observar como en todo el planeta estas derechas siguen el mismo "protocolo" de promover movimientos anticuarentena con infaltables manifestaciones callejeras en medio de rebrotes pandémicos sin importarles las muertes que ocasionan y que para ellos son sólo un número en sus planillas de excel.
Lo que no se ve en el resto de los países es la desmesura a la que se ha llegado en nuestro país donde parece que los más rancios representantes del neoliberalismo depredador han decidido como Alejandro Magno primero y Hernán Cortes en nuestra América "quemar las naves" desdeñando las más elementales reglas de la discusión en democracia y evidenciando que profundizar la "grieta" les parece conducente a la hora de cosechar votos.
En ningún otro país se les ocurrió defender a capa y espada a los dueños de una empresa como Vicentin que es en realidad una de las mayores estafas con manifiesta complicidad del anterior gobierno. Una de las tantas que los argentinos hemos sufrido. Es como declaró Pedro Salas, presidente de la Sociedad Rural de Córdoba: "¿Cómo nos vamos a pronunciar en favor de la dirección de una empresa que está haciendo tanto daño a los productores? Es como que en 2001 hubiéramos salido a manifestar en favor de los bancos".
Ante el asesinato del ex secretario de los Kirchner Fabián Gutiérrez, perpetrado por jóvenes de familias acomodadas que buscaban sacarle plata, la oposición vio la posibilidad de reproducir el caso Nisman cuando lograron instalar en un sector de la ciudadanía la creencia que un suicidio era un asesinato del poder.
A medida que se fueron conociendo los datos que dejaron en claro el verdadero móvil del asesinato un sector de Juntos por el Cambio manifestó su disidencia con el delirante documento que tenía la firma de los representantes de los partidos que lo componen y que en realidad demostró el casi nulo debate que existe en esa fuerza política donde Mauricio Macri y Patricia Bullrich actúan como verdaderos dictadores que imponen su voluntad, caiga quien caiga. Cómo será que hasta Miguel Ángel Pichetto mostró su disconformidad con el documento.
Merece un párrafo aparte la puesta en escena de la corporación de los popes de la prensa canalla. Ante la posibilidad de que el poder judicial cite al autodenominado periodista Luis Majul alias "agente Pirincho" por su participación en el espionaje ilegal retomaron su papel de víctimas con el viejo cuento de que estaba en riesgo la libertad de prensa pretendiendo que hablaban por todos los periodistas. Cómo era de esperar la gran mayoría de los trabajadores de prensa dijeron que no hablaban por ellos y que la libertad de expresión está garantizada, incluso para aquellos que se quejan. Es notable que al mismo tiempo los supuestos perjudicados estén diciendo por todos los medios hegemónicos las más grandes barbaridades con total libertad. Son unos caraduras.
En verdad algunos pretenden que las leyes no sean aplicables al periodismo. Hay muchos periodistas que se creen intocables pero están muy lejos de ser la versión argenta de Eliot Ness, en realidad están en las antípodas.



