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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 12/jul/2020 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
La gran avenida del medio
Por Sergio Roses







Sergio Roses

Un espacio plural para un nuevo humanismo

Cuando crecemos en un lugar lo hacemos sabiendo que es probable que la vida nos aleje de él. El lugar es ese entorno donde jugamos siendo chicos, donde fuimos a la escuela, donde transcurrió la vida familiar. Tuve la suerte de crecer en Campana en un tiempo donde en la calle uno se podía divertir, encontrarse con los amigos, hacer deportes. La calle (generalmente la vereda de la casa de algún amigo) era el punto de encuentro. No había agenda ni acuerdo previo. Sin hablarlo, estaba implícito que alrededor de tal hora nos encontraríamos en ese mismo lugar para ver qué hacer ese día o no hacer nada (lo que significaba conversar interminables horas de todo lo que pueden hablar chicos y adolescentes). Y en la calle nos conocíamos todos. Alguna vez jugamos a la pelota, alguna vez nos encontramos en una fiesta, en la escuela, o simplemente nos veíamos a diario sin haber cruzado una palabra nunca.

Cuando crecimos aquella sensación de que irremediablemente me alejaría de mi ciudad fue aumentando, en la medida que una intensa vida laboral me llevo paulatinamente por otros rumbos. Sin embargo, tuve la oportunidad, de volver a estar más tiempo aquí, y con ello la posibilidad de canalizar mi compromiso social con cosas concretas. Así comencé a participar de distintas ONGs y de afiliarme a un partido político. En ese recorrido lo conocí al actual intendente, Sebastián Abella. Ya hacía tiempo había entrado en la adultez y para muchos estaba rompiendo ciertas reglas no escritas en cuanto a la política. Corría el año 2002 y había mucho descontento hacia la dirigencia. Los que no participaban, como yo hasta ese entonces, me enumeraban todos los "contras" de la política, los que participaban, planteaban sus otros "contras". El tiempo pasó y desde 2016 y con 45 años entonces, mi dedicación se volvió más plena.

Recuerdo que un periodista amigo me preguntó en aquel año: ¿Ya le tomaste bronca a la gente? Pregunta que apuntaba a las expectativas, siempre cambiantes, a veces contradictorias que los seres humanos tenemos respecto a la vida que vivimos. Creo que lo entendí y no lo entendí a la vez. Pero hoy, cuatro años después, puedo decir que a cualquiera que, como yo, vivió la mayor parte de su vida en otro ámbito, disfrutar la política requiere poner en práctica habilidades que son habilidades para la vida y el trabajo en general:

- La paciencia, para saber cuando son los tiempos para hablar y para callar.

- La resiliencia, para seguir a pesar de las dificultades.

- La determinación, para construir día tras día, no importen los obstáculos.

- El manejo de la ambigüedad, para comprender que no todo el mundo tiene razón o se equivoca todo el tiempo.

Al final del día, en mi testimonio personal, de la política se aprende y mucho como se aprende de la escuela y el trabajo. Puedo decir, sin embargo, que hay mucho que cambiar. En particular, he visto a mucha gente perder su humanidad para defender una idea o un interés. Porque hay que decirlo, en política hay ideas y hay intereses, y siempre ha sido y será así. El tema es no perder nuestra humanidad al hacerlo.

¿Qué entiendo por humanidad? Es simple, es la capacidad para sentir afecto, comprensión o solidaridad hacia las demás personas. Incluso, hacia aquellos con quiénes podemos en ocasiones competir políticamente. Pero fundamentalmente, humanidad hacia la "persona", independientemente de quién sea.

Sigo creyendo, cuatro años después, que podemos cambiar al país desde Campana. La política necesita ser más humana. Se trata de un nuevo humanismo que ponga por delante a la persona y, al hacerlo, ponga la razón al servicio de ella. Dejando de lado los fanatismos y la agresión sin fundamentos (que esconde, a menudo, la defensa de algún interés).

Si la "persona" está por delante de la "ideología" o el "interés", el nivel de coincidencias va a ser mayor. Esto, a su vez, habilita el trabajo en equipo y la colaboración en pos del bien común, aunque estemos en distintos sectores. Poner por delante a la persona significa construir una amplia avenida de centro, un punto donde nos encontremos todos, de vez cuando, antes de cada despedida. Un amplio espacio plural que nos haga más humanos.


 
P U B L I C I D A D






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