Las vicisitudes de la vida en sociedad, los acontecimientos que día a día están modelando la vida humana, todo lo que en definitiva no solo marca nuestra existencia, sino que es el fertilizante de nuestra vida, nos lleva a dejar de lado los principios naturales de lo importante.
La gota de agua en el océano, el grano de arena en la playa, la semilla en el bosque, el átomo en la formación de todo lo que conforma el entorno de la vida lo hemos dejado de lado por la falta de capacidad del ser humano para comprender la fragilidad de su existencia.
El hombre, genéricamente hablando, se considera asimismo el centro de la naturaleza, mientras cada uno de los seres vivos que lo acompañan en su paso por el mundo, reconocen su mortalidad y viven de acuerdo a ella.
¿No habrá llegado el momento de cambiar nuestra filosofía de vida? Algo pequeño e insignificante para nuestro precario pensamiento nos golpea y sacude para sacarnos de ese adormecimiento que se produce por desconocer la grandeza de lo que nos rodea.
Somos perecederos. Hasta ahora la fórmula de la inmortalidad no existe. No obstante desde el momento que el hombre se creyó inteligente, dejó de vivir su presente pensando solo en su futuro, acumulando poder y riquezas que nunca podría llegar a disfrutar, mientras a su alrededor una parte de sus semejantes, compañeros del viaje de la vida, iban quedando en el camino, pensando también en su futuro.
El poder y la riqueza enceguecen, pero delante de ellos hay dos sendas a seguir, una sabiendo que solo somos una gota de agua en el océano o un grano de arena en la playa, la otra nos lleva a hacer de nuestra vida una máquina inanimada que solo nos deja vernos a nosotros mismos, sin visualizar nada de lo que nos rodea, pensando todo como si fuéramos inmortales, sin ver la realidad de nuestro presente.
La naturaleza es el consejero del universo, o si quieren algo más específico nuestro mentor.
La actual pandemia ha venido a demostrarnos que todos somos iguales ante la vida. No importa cuántos ceros tengan en sus cuentas, ni cuantos ladrillos edificados o bienes materiales que puedan poseer. La igualdad ante la vida y la muerte es una conclusión indubitable.
¿Entenderá la humanidad el camino que debe seguir? ¿Ganará la inteligencia y el sentido común a la ambición y la soberbia?
"Solo un tiempo tenemos para vivir: el presente, porque el pasado se ha ido, y el futuro nunca sabremos si existirá".



