En esta breve síntesis me gustaría reflexionar sobre un conjunto de herramientas conceptuales que permitan analizar los modos en los cuales se configura la acción pública en el espacio urbano. No quiero profundizar en las herramientas políticas sino en las cuestiones técnicas más simples.
Históricamente en cada concepción del Estado existe una forma de interpretar a la sociedad y al poder político que tiene sus efectos sobre la realidad que se pretende describir. En nuestra forma organizativa, se ha concebido el paradigma que el Estado administra el espacio público pero la gestión del mismo es responsabilidad privada. Y el punto crítico siempre es la competencia territorial.
La gestión privada pretende más libertades y el Estado en su rol de administrador de los beneficios colectivos impone las limitaciones. La función del Estado como garante de esta relación incluye sujetos antagónicos, de allí que por definición el Estado tiene un carácter ambivalente y contradictorio. El Estado debe unificar los intereses entre la inversión en el territorio, y la preservación de los beneficios territoriales colectivos.
Durante una gran parte de la formación urbanística se ha discutido en las Universidades la confluencia de la planificación propositiva concertada. De hecho, en la formación tradicional se propone al Estado como garante del interés general, cuyas intervenciones estarían orientadas a subsanar los efectos indeseados generados por la acción de los intereses privados, velando de esa manera por un orden social más justo. Y esto se basó en el manejo de experiencias colectivas donde actores, desarrolladores y Estado se unificaban en el debate del cómo y el por qué. Finalmente, la resultante de estas gestiones es una reglamentación que permita dentro de los límites de lo posible, pero quizás no plenamente acorde a lo deseable por alguna de las partes.
Planes, espacios de concertación de gestión y códigos ordenados, son los instrumentos posibles para administrar el espacio urbano. Estamos frente a un nuevo paradigma donde se hace imprescindible repensar la ciudad. A los problemas urbanos tradicionales se le ha agregado la ineficiencia demostrada para hacer frente a las pandemias globales diferentes a las históricas cuestiones sanitarias que ya se han ido superando. Por esto los congresos urbanísticos están debatiendo nuevas formas de relación entre los actores, y otras formas de abordar los debates públicos. Los administradores estatales han interpretado que la lógica de la contraposición de intereses en este caso de las pandemias globales no resulta efectiva. Y están proponiendo nuevos espacios de concertación a partir de un nuevo concepto. La lucha contra los desafíos comunes, donde tanto efectores privados como administradores públicos tienen una comunión de criterios e intereses convergentes.
Cambiar los paradigmas de los proyectos privados, encontrar modos alternativos de compartir cesiones al beneficio del espacio urbano y reformular los espacios circulatorios y los puntos de encuentro públicos son aspectos de una nueva agenda donde la divergencia se transforma en una convergencia de intereses. Históricamente los congresos de planificación urbana partían del análisis de los problemas históricos de las ciudades, en la intención de lograr eficiencia en el diseño, economía en la infraestructura, dinámica para los movimientos, seguridad habitacional, racionalidad productiva y calidad en los espacios públicos, entre otras cuestiones.
En tiempos actuales, hubo muchos planteos que llegaron a conocerse como la "Planificación de la utopía urbana" basados en hipótesis variadas de ciudades subterráneas, como el caso de la propuesta japonesa de "Atomlandia" posterior a la guerra, o las ciudades suspendidas, o sobre elevadas, y con microclimas artificiales, como el caso de Seward en Alaska, pensada a partir del hallazgo de petróleo en la bahía de Prudhoe, donde el clima ártico, agreste y frío hacían prácticamente inviable instalarse.
No se trata acá de hacer un manifiesto en favor de las utopías, que no dejan de ser solo eso y en la mayoría de los casos nunca salen más allá, de un tablero de dibujo, sino de analizar que en la planificación no todo es pensamiento lineal, sino que también es viable el pensamiento lateral basado en la imaginación creativa.
Lo cierto acá es que lejos de revisar las utopías urbanas la cuestión doméstica hoy, está en establecer un nuevo marco de referencia donde tienen un peso mayor, los proyectos urbanos abiertos, como la costanera, los parques extraurbanos posibles como el recorrido que pudiera permitir el ex Tajiber hacia el parque nacional del Ciervo de los Pantanos, la accesibilidad urbana en base a nuevas formas de movilidad, y las cesiones de espacio privado materializadas en retiros de frente en beneficio del ensanche de los espacios públicos. Datos todos para la construcción de una nueva agenda de concertación público-privada.
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



