Estamos atravesando un momento muy difícil. Creo que la política no está a la altura de las circunstancias. La pandemia había abierto un canal de diálogo y una nueva esperanza en la sociedad argentina, que se notaba en las encuestas de opinión respecto a la imagen positiva de los protagonistas de las noticias pandémicas; algo que se fue diluyendo un poco por su utilización política sino también por la falta de imaginación para evitar la caída económica de nuestro país en general y de la situación más vulnerable en particular.
El sostenimiento eterno del aislamiento resucitó las viejas grietas que parecían reducirse entre los referentes nacionales que suplantaron transitoriamente a MM y CFK, como lo fueron el Presidente y el Jefe de Gobierno porteño. A partir de allí, la política más rancia volvió al centro de la escena, donde los dirigentes volvieron a agrietar la política con discursos encendidos que ya no prenden en una población que no espera un cambio de gobierno sino que desea soluciones a su vida, porque gran parte de la población hoy en día no puede sostenerse económicamente.
Este es un momento que requiere dejar de lado los personalismos, y donde los partidos políticos se concentren en mirar su interior, para definir claramente qué ideas y valores pretenden defender, y como quieren llevarlos adelante; pero fundamentalmente me gustaría que discutan si los líderes que siguen verdaderamente representan los valores e ideas que cada uno defiende individualmente. Debemos volver a discutir ideas y valores y no personas. Es un trabajo urgente que no puede esperar, porque en caso de que la economía no repunte, este país deberá ser refundado entre todos; ya no quedarán ni migajas por las que las partes de la grieta, sino que existirá sólo tierra arrasada e infértil. En nuestra ciudad, es alarmante como el oficialismo municipal se encarga de llenar hojas en los medios de comunicación hablando de los demás partidos políticos, en lugar de intentar avanzar entre todos por una ciudad mejor. Aún en los peores escenarios la conducción local sólo continúa un trabajo de marketing político destinado sólo a diferenciarse de los demás; creo que ahora está potenciado por la inacción total de sus funcionarios y la falta de ideas propias para nuestra ciudad. Se acabó la plata de provincia y de nación y se acabó la gestión; ya no hay plata para repartir; entonces nos sentamos a esperar.
Realmente deseo que Campana vuelva a tener dirigentes políticos con vocación local, donde sean capaces de dejar las diferencias nacionales para las campañas electorales, pero que en los períodos intermedios se ocupen de trabajar para lograr mejores condiciones para nuestra ciudad y nuestros ciudadanos.
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