El año pasado, estudiantes de la Escuela Técnica Roberto Rocca colaboraron con la Biblioteca Popular de Los Cardales montando un entrepiso de 35 metros cuadrados y más de 2 metros de altura. Una experiencia solidaria que les permitió poner en práctica lo que habían aprendido en el aula y taller.
Las charlas entre amigos, mate de por medio, son una de las costumbres que la pandemia nos ha arrebatado. Encuentros en los que suele compartirse mucho más que un amargo. Basta con preguntarle al profesor Juan Cruz Lusardi, que así fue como se enteró que la Biblioteca Popular de Los Cardales necesitaba ampliar su nueva locación, poniendo detrás del proyecto solidario a decenas de estudiantes de la Escuela Técnica Roberto Rocca.
"Laburaron con un compromiso extraordinario y admirable", destaca Lusardi en diálogo telefónico con La Auténtica Defensa, a casi un año de haber concluido con el montaje de un entrepiso de 10,5 metros de alto por 3,5 de ancho y a 2,20 de altura, que le permitió a la Biblioteca Popular mudar todos sus ejemplares a un viejo galpón ferroviario cedido por el Municipio de Exaltación de la Cruz.
El proyecto se enmarcó en el módulo soldadura de la materia Procedimientos Técnicos 2 e involucró a 15 estudiantes de ese nivel más voluntarios de años superiores para contribuir en las tareas de mayor complejidad. Eso facilitó no solo el avance de los trabajos y que se garanticen las condiciones de seguridad, sino también un intercambio de conocimientos entre los estudiantes.
"Fue un proyecto a contrarreloj porque a la biblioteca el contrato se le vencía en noviembre y nosotros arrancamos los trabajos en agosto. Y una gran oportunidad para que los chicos pusieran sus aprendizajes en el aula y talleres al servicio de una necesidad real y en beneficio de un tercero. Fue realmente una experiencia de campo y te diría casi que de obra, porque tuvieron que coordinarse con electricistas y durlistas que trabajaban a la par", comenta Lusardi.
El trato fue sencillo: la biblioteca pondría los materiales y la ETRR la mano de obra y el equipamiento. Fue un reto logístico transportar todas las mañanas de viernes a los alumnos y las herramientas desde la escuela hasta el centro de Los Cardales. Morena García, una de esos estudiantes por entonces en 2º año, conserva frescos los recuerdos y destaca el grado de organización alcanzado. "Fue igual que en los talleres de la escuela", asegura. "Había una predisposición muy grande tanto de los docentes como de la gente de la biblioteca. Y entre los distintos grupos nos fuimos repartiendo las tareas. Nosotros hicimos el lijado de las columnas de hierro, las amolamos y les colocamos las bases para que queden firmes. Era la primera vez que salíamos a aplicar nuestros conocimientos fuera de la escuela y nos encantó, quedamos con gana de más", confiesa la joven.
El proyecto tuvo su antesala en las computadoras de la ETRR. Cuando los chicos se encontraron con los planos y visitaron el lugar de la obra, se dieron cuenta que era necesario un replanteo. Con la ayuda del profesor de soldadura Mauricio Villanova y haciendo uso de softwares de diseño 3D, modificaron la estructura de acuerdo a los desniveles detectados. En la exactitud de la perfilería se jugaba gran parte del éxito.
"Unos años antes habíamos reparado la calesita de la plaza del barrio San Jacinto en la previa a un Voluntariado de Tenaris, pero jamás hasta ahora había sacado a mis alumnos fuera de los talleres de la escuela. En ese galpón ferroviario no había nada y de pronto estábamos todos los viernes -incluso algunos fines de semana también- haciendo cortes, soldaduras, perforaciones de hormigón, tomas de niveles. Fue montar una estructura importante, a la que se sumaron las divisiones en medio del entrepriso y el techo. Una buena manera de aplicar la teoría en la práctica y a una escala bastante grande", sostiene Villanova.
Otro aspecto que nunca se descuidó fue la seguridad. Trabajar en un proyecto de esta magnitud implicaba tareas diversas, de diferentes complejidad y a menudo llevadas a cabo al mismo tiempo. Repartirse los espacios y enfocar la atención fueron competencias esenciales. Durante el inicio de cada jornada, los profesores lideraban el repaso de cada trabajo y un análisis preliminar de riesgos para mitigarlos. Y las tareas de mayor complejidad se destinaban a los estudiantes más avanzados en la cursada. La prevención fue tal que hasta se trajo un andamio con barandas desde la escuela para poder trabajar sin exposición a la altura.
La ETRR ofrece voluntariados en los que se implementa el aprendizaje-servicio, una pedagogía que combina el currículo académico con el servicio comunitario. Pero a diferencia de las iniciativas solidarias tradicionales, implica un saber técnico para estar a la altura de las tareas que hay que realizar y la oportunidad para sus participantes tanto de incorporar aprendizajes emergentes como de aplicar los que están transitando.
Más allá del fin altruista, el proyecto no dejó de enmarcarse en la currícula de la escuela y los profesores evaluaron la aplicación de los conocimientos adquiridos, la organización en el campo y los criterios manejados a la hora de tomar decisiones. Esos aspectos constituyeron la base de la calificación.
Para los estudiante, la experiencia representó salir de su zona de confort y ponerse a prueba a sí mismos. Tomás Koch, hoy en 3º año, recuerda cómo en etapas de trabajo previas montaron una verdadera "línea de producción en los talleres para poder fabricar 45 placas de acero con cuatro agujeros cada una" que servirían de base a las columnas de hierro. Para eso, agrega, fue necesario adaptar una fresadora para complementar la labor con el taladro.
"Lo que más rescato de todo el proceso fue haber podido aprender de los errores. Nos dimos cuenta que llevar a cabo un proyecto no es fácil. Ya cuando llegás al lugar te das cuenta que va a ser diferente a cómo lo habías imaginado. Y después van apareciendo los primeros contratiempos: que a una medida se le erró por poco, que no se puede agujerear el hormigón. Pero todo eso en definitiva te enseña", asegura el estudiante que, con solo 14 años, fue protagonista de una obra a escala real.
Antes de cada jornada, había una charla de seguridad.
"CONCRETAMOS UN PROYECTO QUE DE OTRA MANERA NO HUBIÉSEMOS LOGRADO"
Juan Pablo Morello, integrante de la comisión directiva de la Biblioteca Popular Los Cardales, se refirió al trabajo mancomunado con los estudiantes de la ETRR. "La terminación del entrepiso nos encontró justo sobre la cuarentena, pero llegamos a colocarle el piso a esta estructura que ellos soldaron, armaron y montaron, así como a tender la instalación eléctrica. Contar con este nuevo espacio nos vino de diez", aseguró.
"Fue una experiencia buenísima porque a nivel educativo creo que les sirvió un montón y, a nivel social, a la biblioteca y comunidad de Los Cardales nos permitió concretar un proyecto que hoy, con los costos de los materiales, no hubiésemos podido lograr. Y menos con una calidad de mano de obra como la que demostraron los chicos", resaltó Morello, que a su vez ponderó "los equipos que la escuela puso a disposición de los trabajos, que no creo que los tengan ni siquiera los profesionales de la construcción".
Tal como trabajan en los talleres de la escuela, los estudiantes se dividieron las tareas y coordinaron su avance.



