Regina estaba en la cocina preparando un pastel para la merienda de los hijos. Sin percibir, derramó un poco de azúcar en la mesa. Solo se dio cuenta de eso al ver una pequeña hormiga que se iba aproximando para comer el azúcar derramado. Luego, la hormiga se fue y, en pocos minutos, algunas otras hormigas se aproximaron para comer también del azúcar.
En menos de media hora, un gran hormiguero estaba sobre la mesa disfrutando del azúcar. Regina, que a todo observaba, pensó: "Si yo comunicase a mis amigos sobre la Fe en Dios según y cómo las hormigas hacen sobre el azúcar encontrado, sería una cristiana mejor y mucho más feliz".
Como es bueno caminar con Dios, disfrutar su presencia, Su enseñanzas, Su protección, las bendiciones que Él tiene para darnos. Como es bueno saber que Él dirige nuestros pasos, contesta a nuestras oraciones, suple nuestras necesidades. Sí, todo eso es muy bueno. Pero, ¿hemos sido egoístas y guardado todas las bendiciones para nosotros mismos o salimos a compartir con los amigos las maravillas que experimentamos al recibir a Dios en el corazón?
La samaritana, como la hormiga sobre la mesa de Regina, descubriendo la bendición que había encontrado, salió y llamó a todos de la ciudad para conocer el tesoro que había adquirido. Si era bueno para ella, ciertamente lo sería para todos los que encontrase por el camino. Ésa es nuestra misión.
Cuanto más proclamamos al Dios todopoderoso a nuestros amigos, más recibiremos y más felicidad experimentamos. ¿Eres como la hormiga o prefieres guardar las maravillas de Dios solo para ti?
Claudio Valerio / © Valerius / valerius@fibertel.com.ar



