Dan seguridad, tranquilidad, indican al niño que la situación está bajo control, estabilidad emocional, Atenúan los temores reales, Son una valiosa herramienta para gestionar las emociones, Aportan perseverancia, constancia, regularidad, sentido del orden, del que nace la libertad.
Uno de los puntos esenciales para conservar y ayudar a mantener una aceptable estabilidad emocional en los niños es precisamente el de las rutinas, definiéndose como aquellas actividades que se hacen siempre bajo las mismas circunstancias de modo, tiempo y lugar.
Las mismas van desde la alimentación, el sueño, el aseo personal, el orden en la casa, hasta las Normas básicas de convivencia: saludar, despedirse, respetar un turno, dar disculpas, acatar normas…
Cuando por alguna razón se alteran dichas rutinas, esto le produce al niño la sensación de desorden, de desconcierto, de que "algo anda mal", lo que a su vez le ocasiona inseguridad, incertidumbre, temor. Pero además el dejar de hacer una rutina tiene un efecto dominó sobre las demás rutinas.
Así, el muchacho que no se levanta a una hora razonable, se le atrasa la hora de desayunar lo que a su vez le impedirá el rato que tenía para jugar o estudiar, etcétera.
Por supuesto que en tiempos de crisis como los actuales, muchas rutinas se alteran o no se pueden ejecutar pero quedan muchas otras que sí se pueden y se deben continuar si se tiene en cuenta su importancia en el crecimiento y en el desarrollo de los niños.
Las rutinas dan seguridad, tranquilidad, indican al niño que la situación está bajo control, estabilidad emocional, Atenúan los temores reales, Son una valiosa herramienta para gestionar las emociones, Aportan perseverancia, constancia, regularidad, sentido del orden, del que nace la libertad.
Algunas rutinas que se pueden continuar y que ayudan a la tranquilidad del niño son:
- Horario de levantarse y de acostarse tiempo del baño, horarios de comidas (las mismas horas y en el comedor), cambio diario de ropa.
- Cuidados en la casa: llevar la ropa sucia a su sitio, llevar los platos a la cocina después de comer, poner los juguetes en su sitio, disponer adecuadamente de basuras y residuos.
- Tiempo claramente definido para estudiar y hacer tareas
- Tiempo igualmente importante de jugar.
- Tiempo de ¡no hacer nada! Toda persona tiene derecho de esos momentos mágicos de aparentemente no estar haciendo nada, pero que muchas veces son de reflexión, de encontrarse consigo mismo.
- Tiempos y espacios para compartir: ver JUNTOS una película, lectura en voz alta, armar un rompecabezas, jugar a los trabalenguas, a las adivinanzas.
- Espacios para "visitar" a familiares y amigos a través de las redes sociales
Claro está que como pasa siempre en todos los casos de la crianza, el ejemplo es fundamental. Si el niño ve que su papá se levanta tarde, no se afeita, ni se baña; que la mamá y otros miembros de la familia se pasan todo el día en pijama, comen a deshoras y en sitios diferentes al comedor, de poco sirve tratar de mantener las rutinas con los niños. Si ellos ven que todos siguen su vida normal hasta donde las condiciones lo permitan, es decir, que todos mantenemos las rutinas, el mensaje que les llega es muy claro: hay una luz al final del túnel, habrá otro amanecer...
Fuente: Luis Carlos Ochoa Vázquez - Pediátra Puericultor
Ce.A.T. 1-CAMPANA



